Atravesando el umbral

Prólogo

   ¿Por qué hablar de la muerte cuesta tanto? ¿Por qué causa malestar, dolor, rechazo? ¿De dónde nos viene ese temor atávico, casi insuperable que nos sobrecoge cuando pensamos en morir? ¿Por qué está tan extendida la idea de que después no hay nada, muy a pesar de las religiones mayoritarias, defensoras de lo contrario? ¿Por qué ese divorcio entre el ser humano y la muerte?

    Tal vez sea que la miramos como a la gran destructora, como se mira a una apisonadora capaz de aplastarlo todo. Quizá ocurra que dentro de nosotros sintamos a la muerte como un final, definitivo, tajante, inexorable. Luego están las teorías, cielos e infiernos a la carta, según quien los ofrezca. Confusión generalizada que genera indiferencia generalizada. Vivimos como si la muerte no tuviera que ver con nosotros. Vivimos sin plantearnos que un día desconocido, nos iremos. Vivimos pagando impuestos para saciar apetencias y preferimos dejar la muerte en el territorio del misterio, en el anaquel de los casos sin resolver, en el cajón del olvido, porque es mejor olvidarla que tenerla en cuenta.

   Sin embargo, la muerte existe, la vemos en los telediarios, en los periódicos, en las carreteras, en los hospitales, en nuestro barrio; hasta se atreve a visitar nuestra familia, para imponer su ingrata presencia. Lloramos, decimos adiós, y dejamos que gane el misterio, mientras conjuramos al tiempo y al olvido para superar la pérdida. Porque en lo más profundo de nuestro corazón sentimos que hemos perdido para siempre a alguien, al que nunca volveremos a ver y de quien ya nunca sabremos nada. Ha muerto. Es mejor olvidarlo, como a la dama de calígine esencia que nos arrebató al ser querido.

    Pero mostrar indiferencia ante la muerte u olvidar que existe, es vivir de espaldas a la vida, que no acaba en el fallecimiento, pues, más que fin, la muerte es tránsito. Se Es más allá, y no sólo se Es. Uno se lleva todo lo que era y todo lo que hizo. Nada acaba, ni se extingue ni se marchita.

    En este libro se habla de tal realidad con la calma que genera la experiencia. La sabiduría no es el fruto de un esfuerzo intelectual o científico, sólo es el fruto de la experiencia. Hay vida después de la muerte, y decirlo no es locura, exaltación o fanatismo religioso; decirlo, es una necesidad humana, porque tal realidad es la nuestra. O dicho de otro modo, estamos tocados por la eternidad, pues era cierto lo de que, a imagen y semejanza, fuimos creados. Y por más que muchos, en su humildad o empeñados en sus convicciones, no quieran otorgarse semejante importancia, así es, así fue, y seguirá siendo.

    La vida no acaba con la muerte. Ni siquiera acaba cuando cansados de ella o agobiados por las circunstancias que fueren, decidimos quitárnosla. Ni siquiera entonces acabamos con la vida. El verdadero problema no es la muerte, es más bien, que no llegamos a conocerla, si por ella entendemos un final definitivo. No lo avalamos con libros sagrados ni tesis religiosas de ningún tipo, para defender lo dicho, nos servirá la historia y el testimonio de una mujer que lleva años atendiendo a los que se van y tienen problemas en el tránsito. Una mujer que ve a los difuntos, habla con ellos y, en ocasiones, transmite sus mensajes a los desconsolados familiares. Curiosamente, muchos fallecidos tardaron en elevarse y en abandonar este plano a causa de los desconsolados familiares. A veces, los que más nos quieren, son los que más trabas nos ponen para asumir la ida, la marcha, el devenir de la evolución.

    Si los difuntos pueden comunicarse con una mujer, que a su vez entrega los mensajes recibidos a la familia de los fallecidos, es que nada se acaba tras la muerte. Como veremos en la segunda parte de este libro, no sólo seguimos viviendo, nos siguen importando las personas y los proyectos que dejamos al marcharnos. Nos siguen afectando los esquemas, los miedos, y los apegos que adquirimos en esta vida.

    Este libro no pretende demostrar que hay vida después de la muerte, eso, para nosotros, es tan obvio, que no merece discusión. Lo que pretende es mostrar algunos aspectos y dificultades que pueden encontrarse en el tránsito, durante el cambio de plano. Dificultades que pueden sobrevenir a causa de las actitudes del fallecido, o a causa de la actitud de la familia. Problemas que en algunos casos podrían eliminarse con sólo abrir los ojos y enfrentar con valentía una realidad cotidiana que nos aterroriza. El miedo nunca fue buen compañero de viaje, y si hablamos de algo cuando nos referimos a la muerte, es de realizar un viaje, de seguir transitando por la eternidad, a la que tenemos derecho.

Primera parte: De niña a maestra

1.- Desviando la mirada

    Matilde Bazalo García nació el seis de enero de 1963 en la ciudad de Málaga. Con el nacimiento los veteranos padres sumaron nueve hijos culminando la numerosa familia. La más pequeña de casa, pronto dio señales de poseer un peculiar don que la hacía diferente al resto de los suyos. Ella estaba capacitada para ver lo que la mayoría de la gente no logra.

    Cuando sólo tenía cinco años, sin saber qué ocurría exactamente, vio por vez primera a un difunto. Sucedió que una tía muy querida agonizaba en la casa familiar. Sucedió que los adultos trataron de alejarla del lecho de muerte, pero la niña se las arregló para llegar hasta la puerta y observar lo que ocurría en el interior de la habitación. Junto a la tía, que padecía los estragos del cáncer, estaban los padres, algunos hermanos, y otro señor, que ella nunca había visto antes, pero que ya no logró olvidar jamás, por más que la bruma de la infancia y el tiempo se empeñasen en usurpar aquel extraño recuerdo de la memoria.

    Años después, lo contó a su madre. Le habló del señor que estuvo junto a la tía moribunda. La madre de Mati, sorprendida, reconoció en la descripción, al cuñado. Pero el marido de su hermana había muerto hacia tiempo, Mati no podía recordarlo. Sin embargo, aseguraba haberle visto. Algo desconcertante y sorprendente.

    ¿Quién no ha oído contar que algunas personas poco antes de morir aseguran haber visto a familiares difuntos? Hay quien ve a sus padres, o a sus cónyuges, o a hermanos que se marcharon años atrás al otro lado. Siempre se ha dicho que vienen para hacer más llevadero el tránsito con su experimentada compañía. Pero hablar de la muerte incomoda. Mati no deseaba ser especial, ni distinta, ni que se le mirase como si lo que contaba fuese el disparate más increíble que pudiera inventarse. De algún modo, sabía que tenía algo dentro que no albergaban el común de los humanos, pero otro algo interior también rechazaba el desarrollo de la extraña percepción que conseguía confundirla cuando compartía lo acaecido.

    Sin embargo, y a pesar de su rechazo, lo que le hacía especial siguió creciendo. También visitaba el astral, involuntariamente, sin saber qué hacía ni cómo lo hacía ni dónde llegaba. En las salidas visitaba lugares distintos, desconocidos, para encontrar personas extrañas. Eran escenas que en nada le resultaban familiares, como si estuviese en otro mundo, en otro tiempo y época. Inexperta, sin guía, como el niño que comienza a dar sus primeros pasos, trastabillaba, y en sus regresos, sufría mareos.

    Un día le sucedió en casa de una amiga. De repente, sin ni siquiera estar dormida, se encontró en otra realidad. La amiga se alarmó. Pensó que Mati se había desmayado, pues quedó como desvanecida. Cuando ésta regresó en sí, se encontró mareada, incómoda, asustada. Llamaron a sus padres, y la llevaron al médico. Se le diagnosticó epilepsia y se le prescribió el pertinente tratamiento. No había tenido convulsiones, pero igualmente tuvo que tomar algunas píldoras durante un tiempo. Desde luego, la inútil medicación, no logró evitar que las salidas se repitieran.

    Salidas, el recuerdo del señor junto a la cama de su tía, y un vaticinio inquietante. Por aquella época, la madre de una amiga le echó las cartas. Le dijo que debía evitar los cementerios, pues ella atraía a los difuntos. Tal aseveración la intranquilizó, pero no quiso darle mayor importancia. Prefería seguir eludiendo tales episodios y previsiones.

    Luego conoció a Ernesto. Ya era una joven de casi quince años. Andando el tiempo, se casarían y tendrían dos hijos. Con él fue más fácil alcanzar la normalidad. Eludir lo inexplicable, los momentos en los que la realidad se transmutaba y enseñaba otras que sus semejantes no percibían. Con Ernesto fue más fácil porque dejó de mirarse a sí misma para aprender al joven del que se enamoró.

    Durante un tiempo las salidas remiten, se hacen infrecuentes hasta desaparecer por completo. Durante un tiempo, Mati se olvida de otras realidades, se aleja de lo que no sea el mundo tal cual lo aprecian la mayoría de las personas. Pero, aunque se empeña en desviar la mirada, sigue albergando lo que más tarde se manifestará con fuerza.

2.- Un horizonte más ancho

    La muerte de su padre, cuando Mati ya ha cumplido los diecinueve años, trae una serie de fenómenos difíciles de conceptuar. La misma noche que se le comunica el fallecimiento, sueña con agua turbia, sucia. Agua que se derrama. En cualquier libro que trate de interpretar los sueños con solvencia, veremos que es un presagio que anuncia dificultades, problemas y hasta desgracias venideras.

   El onírico vaticinio no tardó en cumplirse. Ernesto la despertó para contarle lo que le acababan de decir por teléfono. El padre de Mati había muerto, tenía cincuenta y nueve años. Padecía asma, era un fumador empedernido. Nunca dejó el tabaco, tras ser ingresado en el hospital, cuando todo indicaba que se recuperaría, sufrió un severo ataque, y falleció.

    Nada pasó en el entierro, ni antes en el hospital, donde fue reuniéndose la familia. Pero el padre, de algún modo, parecía querer recordar a la hija el potencial que su naturaleza disponía. Pocos días después, en casa, mientras Ernesto ve un partido de fútbol, con unos amigos, ella, que se encontraba planchando, se estremece oyendo con absoluta nitidez unos estertores. Alguien respira con dificultad y parece ir apagándose incapaz de ventilar y encontrar el aire necesario. No ve a nadie, pero siente, sabe, que lo que ha oído es la agonía de su padre. Entiende que éste quiere hacerle notar algo que, una vez más, sigue sin entender. Pero se pone en guardia, sufre, se inquieta comprendiendo que la extraña manifestación tiene relación con otros sucesos del pasado, igualmente inexplicables.

    Las semanas pasaron, la vida en su empuje, convoca el olvido de los episodios que nos sobrepasan, y el matrimonio, ilusionado con el proyecto de formar una familia, decide comprar una casa más grande que les permita criar hijos. Venden la antigua casa. Mientras le entregan la nueva, pasan una temporada en la vivienda de un familiar. Sin embargo, no son los lugares los que atraen lo inexplicable, son las personas. Mati tenía que aprenderlo. Debía hacerlo por más que se negase a ello o se empeñase en desviar la mirada.

    Su padre le reserva otra sorpresa. Una noche, despierta, la llaman. Es una voz distorsionada, llega envuelta en el aroma indefinible del misterio. La voz conoce su nombre. Lo repite. Está en su interior, pero parece provenir de fuera. Mati se levanta de la cama. Camina por la casa, algo le dice que debe asomarse al balcón. Es noche cerrada, hace frío. Pero sale al exterior, y abajo, en la calle, ve a su difunto padre. Viste un traje que reconoce. Lo ve tal y como él era. Él la mira. Pero no le dice nada, ni le dedica sonrisa, mueca o gesto de ningún tipo. Sólo está allí, abajo, en la calle. Él puede verla. Él la ha llamado. Ella puede oírlo, verlo igualmente. Siente aquella zozobra, como cuando vio al marido de su difunta tía; igual que cuando salía fuera de su cuerpo, o le dijeron que para ella sería mejor no visitar los cementerios. Es aquella sensación conocida que no desea aceptar, a la que se cierra de manera rotunda.

    También cerró el balcón, regresó a la cama. Buscó lógicos, razonables argumentos para explicarse lo que no podía. Mejor no darle más vueltas, convocar una vez más el olvido, esquivar las realidades que sólo se atrevía a compartir con su marido, dando gracias de que mostrase paciencia y mimo al oírla.

    Al fin les entregaron la nueva casa. Al fin podían embarcarse en la grata meta de tener hijos. Mati pone en ello toda su ilusión. Con veinte años llega el primer vástago, un varón; con veintitrés, su hija. Ya tienen la pareja, el sueño realizado de tantos matrimonios jóvenes. Mati siente que ahora podrá eludir los extravagantes e inquietantes fenómenos que no han dejado de producirse desde que era niña. Sus hijos la necesitan, y ella los necesita, para sentirse mujer, madre. Piensa que es una bendición tenerlos en casa, cuidarlos, verles crecer. Le invade la certeza de que con ellos se librará de la niebla incierta de los sucesos para los que no encuentra explicación alguna.

    Bien por su convencimiento, o por la atención e ilusión que dedica y le reportan sus hijos, los fenómenos dejan de producirse. Hay una tregua, un prolongado descanso, lo paranormal desaparece de su vida. Curiosamente, según pasan los años y van creciendo sus hijos, lejos de sentirse aliviada, va cayendo en una tristeza que se va haciendo más tupida con el tiempo. No hay motivos para tal languidez, al menos motivos aparentes. Tiene dos hijos magníficos. Un marido que la quiere y se esfuerza en hacerla feliz. Salud y juventud para disfrutarlos, e ingresos suficientes que les permiten estar desahogados. Pero, a pesar de ello, la tristeza, la apatía, una desgana difícil de comprender, se va apoderando de lo más neto de su persona.

    Mati lucha para encontrar motivaciones, trata de sobreponerse a la oscuridad interior que la inunda. Se rebela contra el malestar creciente. Empeñada en esa intransferible batalla, va pasando la década, cumple veintinueve años. Corre el año 1992. Pronto no podrá desviar la mirada. Lo paranormal no la ha abandonado. Ella se ha rebelado contra tales manifestaciones, no quiso prestarles atención, prefería no concederles importancia.

    Pero había llegado la hora y no podrá zafarse de lo que no entiende. 1992, ese año inolvidable en España, por ser el de la exposición universal en Sevilla, cuando se celebran los juegos olímpicos en Barcelona, y Madrid durante meses se convierte en la capital cultural de Europa, será igualmente decisivo en su vida. Es el año de su despertar. Aunque antes, tiene que tocar fondo en su desazón. La batalla interior que sostiene desde hace años, finalmente se proyecta en su entorno inmediato. La relación con Ernesto se deteriora. El fantasma de la separación ronda en un hogar que a Mati ya no le motiva. Las tareas como ama de casa le fatigan, agobian y oprimen especialmente. Si años antes sus hijos le llenaron la vida, ahora siente que falta algo perentorio. En el último trimestre del año ni siquiera las cosas quieren permanecer en su lugar. A veces, sin que nadie toque el interruptor, se encienden y apagan las luces de casa. En ocasiones, cuando va a utilizar el cenicero, el cristal se mueve caprichosamente, eludiendo la ceniza que no acaba donde debiera. Siente que algo va a ocurrir.

    Pero todavía no quiere tirar la toalla, ni prestar atención a semejantes fenómenos. Aunque, finalmente, tendrá que rendirse, claudicar, entender que ella, por más que lo deseó durante su niñez y juventud, no era una persona como las demás. Había algo dentro de sí que la hacía distinta.

    Un día de septiembre de 1992, peinándose, frente al espejo, ve a una mujer. Se gira asombrada y asustada, pero detrás no hay nadie. Cuando mira de nuevo al espejo, la ve. Sigue allí. Es una mujer, viste como lo hacen las religiosas en los conventos. Detrás de ella no hay nadie, pero en el espejo, ve a una monja que la mira con ojos bondadosos y comprensivos, como si no quisiera inquietarla, como si su presencia allí fuese lo más natural del mundo. Mati no oye nada, sólo ve a la mujer, está en el espejo, mirándola sin mostrar el menor atisbo de impaciencia. Durante minutos puede seguir viéndola. Después desaparece.

    Esta vez, entiende que ha sido más intenso, más fuerte, más señal. A los cinco años vio a un tío difunto que no conoció. Había viajado saliendo de su cuerpo de manera desordenada, inconsciente; había visto a su padre después de que éste muriera. Pero, esto nuevo, la perturbaba sobremanera, ¿quién era aquella mujer que parecía una religiosa? ¿Qué relación tenía con su vida? ¿Por qué tenía que verla en el espejo del baño cuando se peinaba? ¿Qué sucedía?

    Pero no quería darle vueltas, se empeñaba en alejarse de episodios que parecen distorsionar la realidad o tensarla hasta lo imposible. Quizá fue que murió su tía. Ella era una niña, pero la quería mucho. En su interior había un recuerdo de agudo dolor por la pérdida. Quizá se trataba de que su padre siempre fue un buen hombre, pero también murió. Nadie pudo evitar que se marchara. Mati, como tantas personas, tenía motivos para estar enojada con la muerte. Temor y enojo que le hacían rebelarse contra cualquier realidad paranormal que le recordarse al final. Y la mujer que vio en el espejo, no presentaba el aspecto común de los vivos. Se niega a pensar. Quiere que el devenir de la existencia traiga más cosas, que el recuerdo juegue a dirimir lo sucedido en la niebla del tiempo.

    Sin embargo, a veces buscamos, y otras nos encuentran. Un buen día, visita a su hermana Dolores, viven muy cerca, con ella se encuentra una vecina, ésta mujer domina la quiromancia. Dolores invita a su hermana, la mujer podría leerle las líneas de las manos. Mati es reacia. No le apetece oír vaticinios. Aunque también entiende que seria una descortesía no prestarse. Dolores y la mujer son amigas. Ella sólo tiene una hermana, son muchos hijos, pero sólo dos chicas. No desea que Dolores quede mal con la invitada. Finalmente, accede.

    Entonces oye sobre asuntos, preocupaciones y batallas que estaban en su interior, algunas de las cosas que la mujer le dice ni siquiera las había compartido con nadie. Escucha que no debe inquietarse, no está loca, ni desequilibrada, ni perderá la razón. Escucha que ha nacido con un don especial. La mujer asegura que Mati es médium y vidente en potencia, es decir, lo será en plenitud si recorre un camino.

   Esta vez decide atender, han sucedido demasiadas cosas, se da cuenta de que resultaría estúpido rechazar lo que está en su interior. La amiga de Dolores le recomienda la lectura de tres libros, Mati no es lectora asidua, le produce pereza sólo pensar que pasará horas con la nariz pegada a la letra impresa. Ajena al mundo en el que ha de iniciarse, piensa que si desarrolla y refina aquel don natural, podrá ganar dinero. Antes de comenzar la lectura, bromea con su marido, le dice que amasarán una pequeña fortuna. Quedaba mucho por descubrir.

3.- Alma gemela

   Leyendo Vivir en la Luz, de Shakti Gawain, se da de bruces con la evidencia de que no es lo material lo que ha de desvelarnos ni motivar nuestros mayores esfuerzos. Se trataba de buscar el guía interior. Se trataba de enfrentarse a la íntima conciencia personal. Al Yo intransferible que cada ser humano alberga. El YO SOY, en concluyentes decretos y afirmaciones, lo encuentra en El libro de oro, de Sant Germain. Cada ser humano es un Poder, principio gobernante de su vida y mundo. Pero hay que tener claro dos cosas, la herencia divina, y la absoluta libertad de elección. El tercer libro que le recomendaron leer, Vida después de la vida, de Raymond A. Moody, recopilaba datos sobre un alto número de personas que habían sufrido la muerte clínica. El autor, doctor en medicina, se había ocupado de lo que no le interesa a la medicina. Había llegado más allá. Entrevistó a personas que conocieron la muerte, cuyos cuerpos dejaron de presentar constantes vitales. Entrevistó a los que habían visitado el vestíbulo del otro lado. Llamaba la atención las constantes que en los distintos relatos podían encontrarse. A saber, la sensación de transitar por un túnel. Una gran luz. Una gran paz. El encuentro con un ser de luz, que invita a la revisión de los hechos acaecidos en la vida, pero sin actitud de enjuiciamiento, sólo de amor y comprensión. Una percepción de conciencia y sentimiento del Ser, mayor a la meramente física, y, una imposibilidad para encontrar el término adecuado, el lenguaje propicio capaz de describir la experiencia. Los que estuvieron clínicamente muertos, en algunos casos durante largos minutos, y regresaron a la vida, mostraban dificultad para contar lo que vivieron y sintieron durante el tiempo que abandonaron el cuerpo. Las palabras no alcanzaban a expresar tal experiencia.

    La lectura recomendada va reportando seguridad. Era posible que ella hubiese visto a personas difuntas, porque existía un más allá, lo que leía mostraba una dimensión al margen de la meramente física. Sencillamente, había vida después de la vida que disfrutamos, no se acababa con la muerte. Era simplemente eso, y nada más y nada menos que eso. Pero sabía que debía asimilarlo lo antes posible. Cuando ves a una mujer con aspecto de monja en tu espejo mientras te peinas, y alguien con visión, asegura dispones de dones que una vez educados te convertirán en médium y vidente, terminas por tomártelo en serio, prestas atención a la voz interior que antes te negabas a oír.

    Mati comprende que años atrás le faltó el ánimo porque, de algún modo, se las había arreglado para distraerse de sí misma. Comprende que no podrá desviar la mirada nunca más, y que está entrando en un mundo amplio, ancho, a todo punto ilimitado. Reflexionar es detenernos, aquietarnos, mirar dentro. Es buscar la guía, el sagrado barrunto que late en nuestro interior. Reflexionar, también es sacar conclusiones. Estuvo mal años atrás, porque se aferró a los esquemas, que en el fondo no le satisfacían, sabía que había mucho más después de los esquemas, pero hasta entonces no tuvo ni la fe ni el valor ni la motivación suficientes para oponerse a ellos.

    Gawain, esa magnífica autora, le confirmaba lo que en su interior siempre había sentido. Aferrarse a las normas, era olvidarse de una misma, por eso estuvo mal, porque se había negado a contemplar la grandeza que le pertenecía, la capacidad de percepción implícita en su naturaleza. Mati entendió que debía mantener una actitud abierta; entendió que en su intuición, había un tesoro llamado verdad. Lo que el sagrado barrunto le decía llegaba en clave de ayuda a los demás.  

  El libro de oro tenía muchos decretos, deslumbrantes su mayoría. Leerlo requiere una mínima madurez, y otro poco de compromiso con la búsqueda del Ser, de otro modo se caerá de las manos, o nunca llegará a las manos que lo dejarían caer. Sin embargo, y por más espectaculares que fueran algunos de los decretos que invitaban a la opulencia, a la belleza o a la juventud, a ella, le llamaban otros. Se detenía en los que enseñaban a sanar, se fijaba en los que hablaban de salud para sí y los demás. Esos le interesaban de manera particular. Su voz interior se lo decía, y ahora estaba dispuesta a oírla. Estaba dispuesta a buscar.

  Reflexionar genera coraje, las cosas se muestran más claras; y también genera ansias de conocimiento, porque asaltan las preguntas, el afán de saber y entender más. Existe una vida después de la vida que disfrutamos. Mati lo sabía, pues había visto. Estaba segura de que las últimas dudas caerían pronto. Lo sentía, la certeza estaba dentro, ahora la dejaba crecer alimentándola. Pero reflexionar sin experiencia genera la inevitable especulación y su amiga la consiguiente duda. ¿Quién era la mujer que vio en el espejo? ¿Por qué tuvo que verla?

  Mati ha hablado del asunto con Ernesto, lo ha compartido con su hermana Dolores. Ésta, con su marido, Jesús. Los cuatro deciden dar un paso más. Entienden que Mati tiene derecho a encontrar algunas respuestas. Intuyen que alguien quiere ofrecerlas. Nunca han hecho nada parecido. Pero han leído, hablado, Dolores conoce personas, como su amiga quiromántica, que no desaprobarían algo parecido. El ser humano tiene derecho a conocer. Se reúnen en casa de Mati y Ernesto. Los niños de ambos matrimonios están ausentes. Encienden unas velas blancas. No pronuncian oración concreta, ni realizan rito específico. Pero los cuatro quedan en silencio y se concentran pensando en la mujer que Mati había visto en el espejo.

   Están en el salón. Hay silencio, fluctúan las luminarias. Ninguno imaginó que sucedería. Por suerte son cuatro. El sobresalto es colosal. Al menos se tienen los unos a las otras. Frente a ellos, pueden ver una silueta, translúcida, carente de color, como en blanco y negro, pero la silueta queda envuelta por una tenue y extraña luz, un leve resplandor que no se extingue. Ahora no hay duda, es religiosa, viste hábitos, un hábito largo y oscuro. Es una mujer baja. Pero sobran centímetros para conseguir la completa atención y la mayor incertidumbre de los cuatro. Está frente a ellos. Ahora no sólo Mati la ha visto en el espejo. Esta vez se ha manifestado a cuatro personas. Esa mujer los mira desde sus ojos sin color, y esta viva, no es algo que imaginan. Al moverse parece que cojea de una pierna, si no fuese por lo vahído y vaporoso de la figura, por los pequeños destellos que titilan rodeando su silueta, todos dirían que ven a una monja, aunque todos saben, sin que nadie tenga que explicarlo, que la religiosa no pertenece al mundo de la carne y la sangre; sin embargo, la están viendo.

    Cuatro personas han sido testigos del prodigio, de lo insólito y difícil de explicar. Pero sólo la han visto, no hubo comunicación. Están seguros de que la religiosa se manifestó hasta dejarse ver con claridad, por y para algo. Pero no han oído nada, no han recibido ningún mensaje. Es difícil encajar lo que resulta poco razonable y menos entendible. El conocimiento, en ocasiones, irrumpe con duras pruebas, y el miedo, al que tenemos derecho, irrumpe igualmente.

    Al día siguiente, Mati pidió a Ernesto que, bajo cualquier pretexto que quisiera inventarse, se librase de ir a trabajar. No quería quedarse sola. No le importaba reconocer el miedo. ¿Qué buscaba la religiosa? Era incapaz de dejar de preguntárselo, pero hacerlo supone otros encuentros, profundizar, y eso, obligaba a encajarlo. Ernesto no fue a trabajar al día siguiente.

    A Dolores y a Jesús también les nace seguir indagando, hay que obtener respuestas. Dolores propone la escritura automática. Ella se presta como canal. Es la hermana mayor, conoce a personas, le inquietaron siempre ciertos temas, se siente capaz, y se presta voluntaria. Mati se siente orgullosa de su hermana. Los hombres quieren seguir adelante.

    Reunidos, repiten el llamado. La voluntad humana, el pensamiento colectivo que emite el reclamo. Ella oye, allá donde está, percibe. Aparece nuevamente. La religiosa utilizará el cuerpo de Dolores para ofrecer sus primeros mensajes.

    Quien se presta para canalizar mensajes a través del fenómeno denominado escritura automática, cae en un trance poco profundo, queda ausente, como dormida sobre una de sus manos en la mesa, con la otra moverá el lápiz o bolígrafo, escribirá con letra grande, desproporcionada, difícil de leer.

    El primer mensaje que consiguen es, “Antonia Ruz quiere volver a la tierra”. Ahora tienen un nombre. Un deseo. Ahora tienen más preguntas. Dolores, al regresar en sí, no siente molestia, no se queja ni podría decir donde estuvo ni qué paso, es algo como despertar, como salir de un sueño.

    Dedicarán horas de reuniones y largos ratos a la escritura automática. Antonia Ruz siempre acude cuando la convocan. Sigue dando información. El segundo mensaje que reciben es, “Soy tu alma gemela”. El tercero, “Estoy para cuidar a los niños de esta casa”. Mensajes. Humanas dudas.

    Los datos que se necesitan para que las cosas tengan sentido, para que tiremos del ovillo y podamos desmadejarlo. A trancas y barrancas, con el lógico esfuerzo que supone la barrera de los planos, se enteran que Antonia Ruz había muerto en el año 1990 y fue monja carmelita en un convento de Lérida. Es más que humano comprobar la información cuando llega de modo tan sutil y extraordinaria. Buscan el número del convento en la guía de teléfonos. Poco después, han comprobado lo que sabían. Concuerda la edad, el tiempo que vivió en el convento, la descripción física de la religiosa, la fecha del fallecimiento. Ni un solo dato es incorrecto.

    Mati aprende que el sagrado barrunto que crece en su interior, es la verdad. Pero constatar como fidedignos los datos de la vida de Antonia Ruz, resultó algo baladí comparado al motivo que le hizo asomarse al espejo irrumpiendo en la vida de Mati. Había llegado la hora de tomar apuntes. Conocimiento. Esa palabra tan rotunda hace acto de presencia junto a la religiosa carmelita. Siempre hay que aprender algo.

    Antonia Ruz insiste en que es el alma gemela de Mati. Explica que el átomo se parte en dos, masculino y femenino, para encarnar. Asegura que es la otra mitad de Mati, la parte femenina, porque aunque Mati es mujer, posee una energía masculina. Es tiempo de estrujarse las neuronas. Cuando intentan profundizar en el tema les cuesta. Antonia Ruz es parca en palabras. Les dice que ella ayuda porque así sucede entre las almas gemelas, que ambas se asisten en función de la evolución de cada una. Repite que Mati tendrá que ayudar a lo demás, son alusiones que parecen toques de atención, sin explicar nunca demasiado.

    El despertar. Antonia Ruz estaba allí para saludar a Mati en su despertar y apoyarla cuando más lo iba a necesitar. Antonia Ruz sabe que Mati ayudará a sus semejantes. Pero, además, le anticipa el contacto futuro con Maestros Ascendidos. Antonia Ruz, el alma gemela de Mati, la parte femenina de la unidad que ambas forman, parece curtida en los largos silencios y meditaciones de la anterior vida monacal. Siempre es parca en palabras. Pero le gusta sonreír. Los mira desde su humilde silencio. En ocasiones, cuando se emociona, ven una brillante lágrima brotarle de uno de sus ingrávidos ojos. Los momentos que viven con ella serán inolvidables. Tendrán el sabor de lo incipiente, del comienzo.

    Mati caminaba todavía con pasos inseguros iniciándose en un orbe que traería una y otra sorpresa. El tiempo se consume en charlas, razonamientos, deducciones. Hermanas y cuñados sienten la espuela y el aguijón de la inquietud. Quieren saber. Pero los cuatro entienden que es algo de Mati, pues ella es la señalada. Han visto a su alma gemela. Menuda maravilla. Ciertamente había que rechazar los esquemas por lo limitado, la vida mostraba una amplitud hasta entonces insospechada. Antonia Ruz ha llegado para despertarla. También dijo que cuidaría de los niños de la casa. En una ocasión Daniel, el hijo mayor, la ve, en el rellano de las escaleras que conducen a los dormitorios. Daniel bajó las escaleras más rápido que nunca, y sofocado, se quejó a su madre: “A tu gente, le dices, que a mí me dejen tranquilo”. El chico tenía diez años.

    Pero Antonia Ruz sonríe bondadosa, e insiste. Su alma gemela ayudará a personas. Ella se marchará pronto, para dejar paso a otros que podrán guiarla. No precisa más.

4.- Primer Maestro Ascendido

    Antonia Ruz consigue despertar el afán de conocer en Mati, que siente como si hubiese abierto una ventana, pero las brumas le impidieran ver el espléndido paisaje. La aparición de su alma gemela le ha regalado una fuerza antes inexistente. Desea seguir adelante, conocer. Mati intuye que las respuestas están en el pasado, en vidas anteriores, en el archivo de su alma. Por ello, decide intentar una regresión. El éxito que consiguieron convocando a Antonia Ruz ha generado la suficiente confianza como para intentarlo.

    En esta ocasión, no están ni Dolores ni Jesús. Mati se ha metido en la bañera, el agua está caliente y la relaja. Ernesto está cerca. Mati se concentra en lo que desea, quiere recordar más allá de la niñez, más allá del nacimiento. A los pocos minutos, siente un fuerte estremecimiento, se asusta, apenas comprende que, en vez de emprender la regresión, está saliendo de su cuerpo, en realidad, está siendo llamada, pues le esperan al otro lado. Con todo, mueve pies y manos alborotando el agua. Escucha la voz de Ernesto pidiéndole regresar.

   Pero ha salido, está al otro lado de la carne, asustadiza, pretendió un objetivo, ha alcanzado otro; es hora de aprender. Un ser de luz se le acerca, la silueta expande múltiples rayos de colores, su forma es la de un cuerpo humano, pero no logra distinguir detalles. Enseguida siente que la rodea. Aquel ser pareció extender dos tupidas alas para cubrirla. No son alas, pero Mati siente que está protegida, y que se elevan, están en movimiento, lo hacen con inusitada suavidad y a la vez con prodigiosa velocidad. La voz de Ernesto se va alejando.

   El ser de luz no sólo la rodea, también le regala calma, una paz que no conocía. Su presencia es bálsamo y baluarte. Jamás había sentido tanta seguridad como la que disfrutó en aquel momento. Envuelta en sosiego se atrevió a preguntar. Lo hizo pensando. No hay palabras más allá de la carne, la comunicación se consigue por el pensamiento. Mati quiso saber si aquel ser de luz era el Maestro Ascendido Sant Germain. Pensó en él. Pero no era él. Sorpresas. Podría decirse que desde ese momento inolvidable, su vida se convirtió en una continua sorpresa.

  Haciendo lo que a Mati le parece un alto en el camino, encuentran otros seres de luz, menos brillantes que su guía. Mati los percibe familiares. Días después, se le dirá que eran entidades conocidas de vidas anteriores. Pero eso lo sabrá días después. Ahora su guía le coge la mano, la conduce a una estancia de magnífica luz dorada, donde no hay paredes pero sí una ventana y una puerta. Allí encuentra a cuatro entidades. Su guía siempre está a su lado, es la presencia amiga insuflando la fuerza para continuar indagando. Las entidades le ofrecen una serie de vaticinios, tal como si dominasen los vericuetos del futuro.

  Mati escucha que una cuñada, recientemente embarazada, tendrá una niña; con los meses, su cuñada dio a luz una niña. Mati escucha que perderá pronto a uno de sus hermanos; no transcurrió mucho tiempo, antes que el anuncio hallara cabal cumplimiento. Mati escucha las dificultades futuras que tendrá uno de sus sobrinos, las que le conducirían a un final anticipado; poco después, también perdió a un sobrino con veinticuatro años.

  Pero con los vaticinios que aún no son realidad, que lo serán en el futuro, no terminan las sorpresas. Todavía tiene que ver a su padre, que aparece en un momento determinado, que llega donde antes no estaba. Dijimos al principio que los padres de Mati tuvieron nueve hijos, lo que no se dijo es que una de las hijas, Rafaela, murió siendo niña, antes incluso que Mati naciera. Ahora, con el padre, también aparece Rafaela, su hermana que nunca conoció. Otra enorme sorpresa. Otro enorme regalo. Rafaela, con su padre. Le hace saber que lo echa mucho de menos, y le pide que ayude desde donde está a sus hijos. Pero el padre le responderá que no son sus hijos, que sólo fueron almas que estuvieron bajo su tutela. Mati le pregunta dolida, si ya no los quiere, y él padre le hace notar, que los quiere más que antes. Mati disfruta en el lugar, mirando a la hermana que no conoció en compañía del padre.

  Pero Mati no dirige la salida. Hay que regresar. Su guía se encarga. Ha visto suficiente, ya no cabe la duda. La vida existe tras la vida. Quien la conduce arropándola de regreso ni siquiera le ha desvelado su nombre. Tampoco lo hará antes de devolverla a su cuerpo. Mati siente pena. Le hubiese gustado prolongar más tiempo la experiencia.

  Aturdida, abrió los ojos. Estuvo fuera algo más de quince minutos. Ernesto respiró tranquilo. Entonces, llegó la eclosión, la entrega, la certeza del camino. Lecturas, charlas, sesiones de escritura automática, mensajes. Saistin. Era el nombre de su guía, de su Maestro Ascendido. El pensamiento. Cuando Mati abandonó su cuerpo y vivió aquella lúcida experiencia se habían comunicado con el pensamiento. Las palabras no son siempre necesarias para que exista una comunicación fluida.

  Saistin no será el único Maestro que conocerá, pero sí se convertiría en el más entrañable. Fue el primero y, al contrario que su alma gemela Antonia Ruz, ni es parco en palabras ni las guarda para sí. Conocimiento. Otra vez esa palabra grande que hace coger papel y lápiz, que detiene el mundo obligándonos a reflexionar.

  Saistin. Descarnada lo vio diferente. Cuando lo percibe ve una especie de nube luminosa, sin forma determinada, como un vapor compacto que desprende luz. Los mensajes y enseñanzas ahora son un fluir. Saistin confirma lo que le dijera Antonia Ruz. Mati sanará a muchos, tendrá que prepararse. Saistin le dice que es cierto que Antonia Ruz es su alma gemela. Al fin, se le explica más sobre el misterioso asunto. Saistin comienza por donde lo hiciera Antonia Ruz, pero llega más lejos.

   Le dice que el alma podría compararse a un átomo de carga neutra, sin movimiento; le dice que cuando el alma quiere encarnar y experimentar en la materia, para lograrlo necesita el movimiento, y para ello separarse en dos, en una parte positiva, y en otra negativa, siendo de este modo atraída por la materia. Saistin desvela que el alma, una vez separada en dos, creará dos partes totalmente distintas, de tal manera que, lo que tiene la una no lo tiene la otra. Así, si una parte tiene la energía masculina, la otra la tendrá femenina. Cada una deberá desarrollar la energía contraria en sí. Desarrollar las cualidades que nuestra otra mitad tiene, hasta llegar a estar completos, sería, pues, la finalidad que perseguimos al encarnarnos aquí en la Tierra.

    Saistin le dirá que, precisamente por lo anterior, si las almas gemelas coinciden en una misma vida y tiempo, es muy posible que la relación entre ellas sea turbulenta y difícil, pues la diferencia de elevación espiritual entre ambas, generará desacuerdos y rivalidades. Su querido Maestro Ascendido, le dice que sólo cuando las almas gemelas están a la misma altura evolutiva, la relación entre ambas será constructiva ayudándose mutuamente, pues al atesorar ambas un nivel similar de sabiduría y experiencia, las diferencias entre las dos son menores y más fáciles de sobrellevar. Es muy frecuente que, mientras una de las partes está encarnada y experimentando en el plano de la materia, la otra no lo esté, y que ésta, desde, un plano más elevado de existencia, ayude empujando a la otra, como ocurrió en el caso de Mati con Antonia Ruz.

    Saistin le dice que una vez que las almas gemelas concluyen su evolución, y cada una ha desarrollado la parte de la otra en sí, ambas se vuelven a unir, convirtiéndose nuevamente en una unidad. Pero Saistin también le aclarará que no hablamos de lo mismo, cuando nos referimos a parejas de almas que a almas gemelas. La diferencia se encuentra en que, mientras las almas gemelas, tienen características diferentes, siendo como son dos mitades opuestas, en las parejas de almas, sucede todo lo contrario. Es decir, son entidades con energías similares, lo cual hace que se sientan atraídas y se complementen bien, debido a la similitud de preferencias, gustos, deseos y formas de pensar. Otra diferencia importante la encontramos en el hecho de que alma gemela sólo hay una. Mientras que pueden tenerse varias parejas de alma. Por todo lo dicho, y aunque pudiera parecer extraño, si buscamos a alguien para compartir nuestra vida, siempre será más conveniente hacerlo con una pareja de alma que con un alma gemela, dado que con ésta última tendríamos choques continuos y frecuentes desavenencias.

    Los mensajes y enseñanzas ahora son un fluir. Saistin anuncia que vendrán otros Maestros, especialistas. Él estará siempre, pero la profundidad en las distintas disciplinas, las dejará en manos de otros. Aun así no se irá de su lado. Es su Maestro. Significa que son amigos, pues el alumno elige al Maestro, y éste al alumno, las más de las veces, porque se han conocido en una vida anterior. Mati sonríe cuando piensa que intentó realizar una regresión. Su intuición no había fallado. Las respuestas estaban atrás, al otro lado, más allá del nacimiento.

    Ni se acababa con la muerte ni el nacimiento era un comienzo. Existe la reencarnación, porque existe el refinamiento y la evolución, pero no existe ningún karma que no sea el que nosotros creamos con nuestra voluntad soberana. Existe la Vida. Mati comprendió que el hombre y la mujer estaban invitados a la eternidad. Terminar entendiendo que se es eterno, es algo grandioso. Cuando sucede, en la existencia de cualquier persona, hay que hablar de un antes y un después. Mati crece. Se ha convertido en la alumna de una entidad evolucionada, que se muestra divertido, capaz, incansable, siempre presente, y se empeña en abrirle el corazón.

    El amor es la llave. El amor es constante compañero de viaje. Saistin trabajó con el orgullo de la alumna. Tenía que debilitarlo hasta doblegarlo. Ella estaba llamada a sanar, para hacerlo necesitaba una actitud bondadosa, vocacional. Un día, Saistin, le dijo: “Tu humildad, es mi orgullo”. A Mati, en ocasiones, le asaltaban dudas porque regresaban a su mente los viejos esquemas, el bien y el mal. Entonces oía: “Luz y tinieblas es una sola cosa, si miras lo que quieres ver, lo verás, si buscas sin fe, no hallarás”.

    El Maestro Ascendido. Lo veía al levantarse, lo encontraba en sus dudas, en las alegrías. Lo hallaba en el mayor equilibrio, en la seguridad que crecía, en la valentía con la que se enfrentaba ahora a pensamientos ilimitados. Conocimiento. Esa palabra grande. Tenía que preparase para recibirlo, y tenía que disponer su alma para sanar a otros. Sus manos lo harían, su visión lo lograría, con la dirección y ayuda necesaria, así sucedería.

    Cuando Mati habla de sus Maestros, Saistin, siempre acapara la mejor de sus sonrisas. Le gusta el modo como enseña. Saistin, afirma: “La luz aparta la oscuridad, el amor aleja el odio, la fe oscurece el miedo”. Saistin pertenece al sexto plano o nivel de conciencia. Hay siete. Saistin, la lleva al sexto nivel de conciencia donde gusta ejercer su magisterio. Allí las experiencias son más plenas, más satisfactorias, mayor el entendimiento.

    Llamar a las salidas, viajes astrales, es un modo limitado de valorarlo. Cuando se abandona el cuerpo, lo nuclear de nuestro Ser, lo que nos hace divinos e inmortales, transita por las distintas dimensiones o niveles de conciencia, esos planos, no son lo que nos empeñamos en llamar el astral, cada uno de ellos, alberga realidades dispares, y son más de uno. Quizá sea más acertado llamar a las salidas, viajes interdimensionales, pues cuando se viaja con la esencia sutil que Somos, se transita por realidades distintas de entendimiento.

   Saistin la lleva al sexto plano, donde Dios es percibido, sentido en toda la vida. Donde cualquier cosa que uno conozca como realidad, siempre llegará a serlo, completamente. Mati tiene que aprenderlo, aún no lo sabe. Saistin, en ese elevado nivel de conciencia, le hace situarse en la orilla de un río. Él está en la otra orilla. Le dice que vaya a su lado, le dice que cruce. Pero Mati contesta que no hay barca ni nada que se le parezca para cruzarlo. Luego, regresa a su cuerpo.

    Cuando vuelven a hablar, Saistin se divierte diciéndole que podría haber creado una barca lo mismo que podría haber andado sobre las aguas. La enseñanza era aprender a viajar entre las dimensiones o planos de conciencia donde no encontraría las limitaciones materiales. Fuera, más allá de la carne y la sangre, lo que nos empuja, nos dirige, nos comunica, nos hace tomar conciencia de lo que nos rodea, es nuestro pensamiento. Un pensamiento a todo punto creador. Si Mati hubiese pensando en la barca que debía estar en vez de la que no estaba, la barca habría surgido, su pensamiento creador la hubiese logrado.

    Descarnarse, desvestirse de la carne, requiere, como tantas otras cosas, conocimiento, y proyecto. Es decir, saber cómo podemos desenvolvernos, qué podemos encontrar, y tener claro qué buscamos. Saistin aconsejaba: “El camino hay que andarlo sin correr. Las caídas nos pueden hacer desistir”.

    Son numerosos los viajes interdimensionales que Mati ha realizado a lo largo de los años en compañía de Saistin atesorando experiencias. Uno de esos viajes fue particularmente bello. Mati sale y alcanza el sexto plano donde encuentra a su Maestro. Saistin le enseña un libro. Le dice que debe abrirlo. Ella lo hace y lee muchos nombres escritos. Hay uno que resplandece con una intensa luz blanca. Cuando Mati pregunta qué significa el libro, se le revela que allí están escritos los nombres de todas las personas a las que ayudará. Días después, la dueña del nombre que resplandecía con intensa luz blanca, vino a pedirle ayuda.

    Saistin, asegura: “La mayor virtud es la caridad. Si la sazonas, con humildad y bondad, sale algo exquisito”. Saistin. Su Maestro, pero también su mejor amigo. Tan peculiar. Le encantaba bromear, disfrutar con su labor. En ocasiones se definía como la pimienta, y decía de otros Maestros compañeros, que eran el azúcar o la mantequilla, por lo dulce y blando. Un día, una amiga necesitada de ayuda, acudió a Mati y se desahogó. Lloro tanto que Saistin, al llegar, comentó: “He tenido que coger una barca para venir”. Otro día, una señora que había oído de las ayudas tan peculiares que recibía Mati, acudió para pedir consejo, quejosa de la actitud y el comportamiento de la hija, Saistin, le ofreció el siguiente mensaje: “Señora, su hija, no es su esclava”.

    Saistin podía ser profundo, diplomático, tajante, también enojoso como la pimienta. En otra ocasión, Mati ayudó al hermano fallecido de la esposa de un médico. El médico, interesado por lo que contaba su mujer, quiso conocer a Mati. Pero apenas se vieron, Saistin dio un mensaje para él que Mati transmitió: “Lo primero que te digo, es que tus pacientes no son números, son personas”. Saistin, y su forma directa de proceder.

    Con el tiempo, se convirtió en la prolongación de su sombra. Siempre estaba. Contaba con él desde que abría los ojos y, en ocasiones, también contaba con él después de cerrarlos. Saistin. Mati ya no alcanza a imaginar lo que sería la vida sin tenerle rondando a cualquier hora del día o de la noche.

5.- La alumna

     Antonia Ruz lo anunció. Luego llegó Saistin, abrió la puerta para que se revelaran evolucionadas entidades. Mati debe aprender. Se le dijo que llegarían especialistas. También que sanaría a muchos. Por todo, llegó Nem, el Maestro Ascendido, que debía mostrarle los entresijos de la energía, cómo canalizarla y utilizarla. Pero, para ello, para lograrlo y entenderlo, necesitaba el apoyo de la metafísica. También llegó Alder, encargado de formarla en metafísica. La energía.

    Había que entender que estamos hechos de energía y sostenidos por ella, que no acabamos donde acaba nuestra piel, que nuestro cuerpo es un sistema de energía en cambio continuo. Había que entender conceptos que nunca explicaron en la escuela ni en las universidades, porque la humanidad, como colectividad, daba de lado, al conocimiento del Yo. Importaba más conocer los nuevos fichajes, que animarán la nueva liga de fútbol, que el estudio de los siete centros magnéticos vitales que posee el cuerpo humano y que se asemejan a ruedas girando. Se prestaba más atención a los escándalos financieros, políticos o sentimentales de las revistas del corazón, que al estudio del mal llamado hermetismo. Se dan nombres inaccesibles a lo que deseamos sea inaccesible.

    Pero la metafísica enseña que hay respuestas, certeza, un conocimiento para soportar el esfuerzo de la búsqueda más allá de dudas y especulaciones. La alumna se va convirtiendo en maestra. Ahora sabe que no es lo de un cielo y un infierno. Ahora sabe que el más allá, donde incluye el más acá, son siete niveles de conciencia. En cuanto al infierno, sencillamente nunca existió. En ocasiones, desea comprender rápido, se esfuerza memorizando lo revelado. Entonces, Saistin le dice: “Paso a paso, poco a poco”. Si se impacientaba más de lo debido, se ocupaba Paz. Era la Maestra que impartía la grata asignatura de la serenidad. Llegaba en cuanto brotaba la ansiedad. Si hay tensiones, si asoman los problemas, es momento de Paz. Ella trae su nombre, lo ofrece, sus mensajes siempre van dirigido a este fin. Paz, suave, dulce, paciente. Cuando recibe de los Maestros, la sensación es de calma y alegría, con Paz esa sensación, si cabe, es mayor.

    Paso a paso, poco a poco. Siete centros magnéticos vitales en nuestro cuerpo. Siete principios universales. Siete planos o niveles de conciencia. Siete colores evolutivos. Somos eternos, herederos de lo más grande, pero tenemos que ser conscientes, creerlo, aceptarlo. El drama del ser humano es el descrédito que se dispensa a sí mismo. La tragedia y desdicha de la raza reside en el desconocimiento de la mayoría.

    El primer plano era el mundo de la sangre y la carne. El llamado de la supervivencia y la procreación. Para desenvolvernos aquí nos vendrá bien un mínimo grado de maestría. No en balde, llegamos por el canal del nacimiento, sin memoria de lo que somos.

    En el siguiente plano, se encuentra el dolor y el miedo. En ese nivel de conciencia, experimentan dolor, remordimiento y culpabilidad, los que necesitan entender que existen realidades más plenas que disfrutar.

    En el tercer nivel de entendimiento, hallamos el poder. Por paranoico que pudiera parecer, en este nivel de conciencia, las entidades buscan controlar y esclavizar a los demás a través del pensamiento, siempre tratando de imponer su criterio.

    En el cuarto plano encontraremos a los que aman profundamente, pero no alcanzan a expresar la profundidad de su amor. Se le llama el nivel de Amor sentido.

    El siguiente, es el del Amor expresado. En él encontramos el éxtasis de la luz dorada. No existe la noche, sólo hay luz. Se respira sonido y música. En el quinto plano tienes el poder de expresar y manifestar tu amor, y cualquier cosa que desees se realizará de inmediato.

    Al sexto se le denominaba Dios visto en todas las cosas. Mati lo conocía. Era el lugar de habitación de Saistin, con él había viajado allí para aprender y disfrutar de la maravilla de lo superior. En este nivel sientes, ves en lo que te vas a convertir, sabes que serás sustancia y base de lo que es.

    El séptimo queda fuera de cualquier descripción. En él eres forma única, siempre continua, pábulo y extensión de toda conciencia de vida. Es el Yo Soy Dios.

     Siete centros magnéticos vitales en nuestro cuerpo. Siete principios universales. Siete niveles de conciencia. Siete colores de la evolución. Conocimiento. Lo que somos, más allá de las ilusiones del ahora, de los juegos de la humanidad, de pasiones que obedecen a la procreación y la supervivencia. La eternidad se nos regaló para que la disfrutásemos y todo el tiempo que hiciera falta para que lo comprendiésemos. El Amor sin límite del Dios Padre/Madre que sostiene la conciencia y la energía de lo existente.

    Mati avanza con los Maestros. Nem, decía: “La única obligación que tiene el hombre es meditar antes de actuar”. Utilizando técnicas diversas, siempre bajo la explícita guía y dirección de Nem, comienza a sanar. Así comienzan a llegar pacientes, personas, los nombres de aquel libro que le hizo abrir Saistin en el sexto plano. Hombres y mujeres aquejados por la enfermedad, recuperarán la salud cuando son atendidos por Mati.

    No es doctora ni ha estudiado medicina, pero ocurre, la gente sana. No es milagro. Es guía superior, conocimiento. Pero no toda la ayuda que hay que prestar es meramente física. Otras son mentales. En estos casos acude Jazmine. Es la Maestra Ascendida que enseña a Mati como ayudar a personas torturadas por traumas, o limitadas por los esquemas. Con la guía de Jazmine es fácil dar consejos que vindican la sagrada libertad del individuo, que invitan a disfrutarla. Los esquemas son tóxicos para el libre albedrío. Pero en ocasiones, por las razones que fueran, a Mati le cuesta asimilar conceptos, tiene que ejercitar su inteligencia, desarrollar sus dotes mentales, para hacerlo con éxito dispone de la ayuda de Tairos, con sus sabios consejos, Mati asimila antes. No hay mejor manera de aprender que practicando.

    Nem le ayuda a sanar. Alder le explica lo sublime. Paz le entrega las claves de la serenidad. Jazmine trae la libertad de la elección. Tairos apoya el entendimiento. Maestros Ascendidos. También llegó Marta. Ha de fortalecerla. Debe enseñarle a enfrentarse a los trabajos y a la vida. Debe aprender a dirigir, a conducirse de modo ecuánime con los demás. Marta, dice: “Para enseñar tienes que unir sus enseñanzas, mis enseñanzas, tus enseñanzas”.

    Hay trabajo. La ayuda que ha de dar se diversifica. No es sólo sanar. También hay que compartir lo que va llegando. La verdad experimentada no debe guardarse. Hay que compartirla con aquellos que se acercan sedientos de certezas y respuestas en el camino de la búsqueda interior.

    Alder le decía: “Confía en el Padre y obtendrás lo que quieras”. Paz, le decía: “Primero desear paz, luego desear dar paz, después dar paz”. Paz. Ella le enseñó una oración: “Señor, dame paz, para que mi paz dé paz al mundo. Señor, dame luz, para que mi luz dé luz al mundo. Señor, dame amor, para que mi amor dé amor al mundo. Señor, dame fuerza, para que nunca deje de dar paz, luz y amor al mundo. Gracias, Señor”. Maestros Ascendidos.

    Su vida ha cambiado tanto en los últimos meses, que en ocasiones no sabe en qué tiempo vive. Se le fue más de un año estudiando, confinada en casa, recibiendo a los Maestros. Luego comenzó a sanar. Después se organizaron charlas, cursillos. Se propiciaba el despertar de algunos. Recorrido. Si miraba atrás, notaba que había recorrido un buen tramo del sendero, seguramente el más complejo y difícil, por ser el inicial. Lejanos quedaban los días en que sufría y desesperaba. Ahora estaba asesorada, acompañada, ahora sentía su vida llena de sentido

6.- Los colores de la evolución

    La vidente, sostiene la ayuda que presta en diferentes pilares. El más importante, es la indicación directa de los Maestros. Además, al escudriñar el aura de las personas, que es la energía vital que las rodea, logra recopilar información sobre la salud, el estado de ánimo y otras inquietudes que afectan al individuo. Pero también el color evolutivo de cada entidad, le ofrece una valiosa información.

    ¿Qué es el color evolutivo? Antes de explicarlo, puntualizar, que no hay orden, no hay un primer color, un segundo color, y así hasta siete. No se prefija un itinerario por los mismos. La meta es llegar al último, el blanco. Antes, hay que aprobar en seis anteriores. El color evolutivo desvela el empeño existencial de la persona. Cada tono, implica un esfuerzo concreto, un específico camino por recorrer. Mati está capacitada para ver la íntima pigmentación. Así dispone de un dato perentorio para aconsejar, cuando la ayuda va más allá de lo físico.

    Algunos visten el color rosa. Estas personas han aceptado venir a esta experiencia de vida a sabiendas que han de crecer en lo que al amor se refiere. Deberán evolucionar desde el amor carnal al otro más ancho del amor universal. Tendrán que conseguirlo en cada una de las facetas de la vida, con los padres, con los amigos, luego con los hijos, con los más cercanos, con el semejante.

    En otras personas Mati veía el color naranja. La abundancia. Quienes muestran el color naranja, tendrán que aprender a elevarse desde la opulencia material a la espiritual. El camino de este color exigía llenarse de virtudes, mantenerlas, y regalarlas luego a los demás.

    El amarillo es el color de la sabiduría. Las personas que lucen este tono han emprendido una nueva aventura con la intención de desarrollar su inteligencia. En una primera fase ese desarrollo será mental, en una fase posterior será espiritual, adquiriendo la entidad sabiduría en lo concerniente a su Yo eterno y divino.

    El verde es el color de la sanación. Los individuos que aceptaron esta pigmentación, deberán sanar desde lo físico a lo mental, pasando por lo emocional y llegando a la salud espiritual del Ser.

    El azul es el color y camino de la voluntad. Quien lo ostente, realizará el trabajo de superar la indecisión hasta alcanzar la acción, de transformar la tozudez en fructífera voluntad interior, de convertir la guerra en paz.

    El color violeta es el del cambio. Los tocados por él serán personas llamadas a la transmutación. Pero siempre, con el objetivo de transformar lo negativo en positivo, tanto en lo material como en lo espiritual.

    Después está el blanco. No hay orden en los anteriores, pero el blanco es el último de los colores. Quien lo viste ha adquirido la suma de experiencias y características del resto de tonalidades.

    El color de Mati es el blanco. Ella no lo adquirió en esta vida, lo traía ganado cuando nació. De ahí su opción asumida de ayudar a tantas personas, inscritas en aquel libro que Saistin le enseñara en el sexto plano. Mati camina por el sendero de la maestría. En vidas anteriores había aprovechado experiencias para adquirir la virtud que domina cada color evolutivo. Desde antes de nacer, ya ostentaba el color blanco, el resumen de todos. Ahora debía dedicar su actual vida en ayudar. Su ayuda, resultaba un toque de atención para los pacientes, como un timbre que invitase al despertar de cada uno de ellos. La elección es propia. Pero cuando Mati aparecía para ayudar, el timbre se oía, el estremecimiento acaecía, lo superior y elevado rozaba la esfera de la carne y la sangre. En realidad, con su actual proceder en esta experiencia, Mati superaba o superaría alguna de las pruebas que esperaban.

    Para cambiar de un color a otro siempre hay que superar dos pruebas postreras. Una del color que abandonaremos, y otra del color que se inicia. Por ejemplo, si alguien va a terminar el color azul y empezar en el color rosa, tendrá que superar una prueba de voluntad unida a otra de amor. Cuando se disfruta el color blanco, también hay pruebas. Debidamente superadas, la entidad pasará de la evolución humana a la evolución celeste. Ya no tendrá que regresar a este plano utilizando el canal del nacimiento. Habrá alcanzado la maestría. Gozará de la plenitud de lo superior. Dentro de la evolución celeste se sigue creciendo. Arriba, como abajo, hay siete colores. La entidad que supera la esfera de lo humano para acceder a la esfera de lo celestial, podrá elegir entre las siete hermandades de los siete colores para trabajar como Maestro por la evolución humana. Cada hermandad, dependiendo del color, trabajará un tipo determinado de experiencias profundizando en ellas.

    Pero el Maestro que abrace el color blanco, trabajará todos los temas sin profundizar en ninguno en concreto. Para Mati no resultaba complicado comprenderlo, ella conocía a Maestros Ascendidos, entidades que transitaron por todos los colores, y ahora, desde la evolución celeste, ayudaban a los que regresaban para experimentar el formato llamado humanidad.

    Los colores evolutivos. Era uno de los conocimientos aprendidos, que más le gustaba oír a la gente. Cuando a cualquier persona le desvelaba el color que lucía, mostraba sorpresa, luego permanecía en silencio unos instantes, atando cabos, como si relacionase las mil cosas que acudían a su pensamiento.

   Dios no es perfecto, no necesita serlo, si lo fuera resultaría limitado y alentaría el erróneo ideal de que existe lo imperfecto. Existe la experiencia que genera conocimiento, el refinamiento del mismo. Dios Es, en su continuidad sostiene lo creado y nos deja Ser, a su imagen y semejanza. Entender nuestra divinidad, inmortalidad y eternidad, abrazando la piedra angular del Amor, con la que tendremos que sostener todo el edificio del Yo Soy Dios, conducía de la evolución humana a la evolución celeste. Allí seguiremos aprendiendo, la eternidad no tiene principio ni fin. Tal vez fueran las dos únicas cosas que no se encuentren en lo eterno.

    Algo a tener en cuenta cuando se habla de los colores evolutivos, es el hecho de que, aunque se trabaja un color principal durante la vida, no se deja de adquirir conocimiento del resto de tonalidades. Sucede porque las situaciones nunca son absolutas.

    Los colores evolutivos enseñan que es necesario hablar del amor con mayúsculas; que se necesita atesorar abundantes virtudes para ofrecerlas; que es sabio aceptar nuestra naturaleza; que el poder de la salud se halla en nuestro interior; que la voluntad es creadora de la realidad; que es necesario renunciar a esquemas, porque la continuidad implícita en la existencia, exige cambios, transmutaciones; finalmente, enseñan que la evolución nos eleva a planos o niveles superiores de entendimiento.

    Los colores evolutivos enseñan que regresamos a este primer plano de la reproducción y la supervivencia, porque empleamos vida tras vida tras vida en satisfacer las exigencias de cada color. El número de oportunidades que disfrutemos, dependerá de cada uno. Se respeta el ritmo personal, pues existe el libre albedrío, el tiempo de comprensión, depende de la entidad y los procesos de pensamientos que active en función del aprendizaje que obtenga de sus experiencias.

    Continuidad, inefable milagro sostenido, eso es Dios, la vida, eso es cada uno de nosotros. Eternidad, nuestro único y verdadero hogar.

7.- Iluminando dolores y miedos

    La ayuda es integral. Mati trabaja sanando, aconsejando, organizando encuentros, reuniones, charlas, propiciando el despertar personal. Pero también tiene trabajo ayudando a fallecidos, a personas que siguen viviendo más allá de la muerte y necesitan orientación. El trato continuo con Maestros, la familiaridad con la energía, y el convencimiento de sus facultades, habían terminado de desarrollar su congénita visión, por eso, en cuanto se sentaba en un sillón o se tendía en la cama, apenas lograba deshacerse de las entidades que demandaban ayuda.

    Al principio fue agobiante. Le tocaban en el hombro, en la rodilla. Le pedían atención. Saistin se encargó de asistirla. Le enseñó que debía encender velas blancas, orar por ellos, hacerles entender, hablarles para que comprendieran que no encontrarían el camino hasta que se desprendieran de lo que les atormentaba.

    La ayuda es integral. En ocasiones, agotadora. Con los que no son de sangre y carne, debe organizarse, aprender a decir ahora no, a dedicar un tiempo concreto para ellos. Pero los ve. Están, saben que Mati puede ayudarles. Finalmente, al acabar el día, cuando no puede interrumpirla el teléfono, los hijos, las demandas de lo cotidiano, les dedica un tiempo.

    Al principio encendía velas, la ayuda era personalizada. Más tarde, siempre con la dirección de Saistin, aprendió a regalar su ayuda a grupos enteros, para ello sólo debía descarnarse, entonces actuaba con el pensamiento.

    Comenzó a ayudar a personas fallecidas en 1993. Nunca ha dejado de hacerlo. La ayuda a los que se marchan desalentados y necesitan aliento y guía es una constante en la vida de Mati, en su experiencia elegida. El número de entidades que ha ayudado, desde entonces, supera varios cientos. Pero nunca estuvo sola. Desde el principio, Saistin, regaló claves, oraciones, directrices y apoyo presencial. Cuando avanzó y estuvo capacitada para atender a grupos, Marta, una Maestra especializada en elevaciones, se encargó de profundizar con ella en esa experiencia de ayuda. Con el tiempo, aparecieron personas que apoyaron el empeño, se escriben reflexiones, según los casos y bloqueos. Personas que ni siquiera se conocen, oran a distintas horas del día, y a kilómetros de distancia, por las mismas entidades, coordinadas por Mati, a su vez, dirigida por la Maestra Ascendida Marta.

     Ayuda integral en todos los frentes posibles. En la exquisita conquista del Amor, se comprende que las almas más nobles y sabias son las que han vivido todos los papeles posibles. Una vez fueron el verdugo, otras el ajusticiado; unas veces fueron el capitán, otras el soldado; unas veces fueron la concubina, otras la mujer casta. Las almas más nobles y sabias se han forjado en el yunque de la experiencia. El amor reconoce la divinidad en las entidades, reconoce lo eterno en todos ellos sin importarle el grado de evolución de cada uno, y presta su ayuda, a discreción, en cuantos frentes sea necesario.

     No todos los que mueren necesitan ayuda ni padecen. Lo harán los que al marcharse estén sumidos en la culpabilidad, en la amargura, torturados por los juicios de sí mismo y de los demás. Los que se marchen con odio o resentimiento hacia ellos o sus semejantes, dejarán este plano, para continuar alimentando las anteriores actitudes hasta que aprendan de ellas. Estas entidades poblarán el segundo plano o nivel de conciencia, el del miedo y dolor. Debemos entender que, cada pensamiento contemplado y aceptado como entendimiento, tiene una frecuencia vibratoria, lo que se experimenta y expresa en un sentimiento. Así, si te domina el dolor, contemplas los pensamientos más limitados, asociados al dolor, los que producen las frecuencias vibratorias más bajas que emocionalmente se experimenta en el dolor. En cuanto al miedo, es sencillamente devastador, bajo su influjo, nada puede expresar la vida.

      Las entidades que pueblan el segundo plano sufren porque han de elevar su espíritu. Han de entender que hay otras formas más plenas de ser, y otros planos más satisfactorios. Necesitarán contemplar el entendimiento del amor, así experimentarán la inefable alegría, de las frecuencias vibratorias más elevadas por los pensamientos de amor compartido y expresado. Cuando lo hagan se elevarán a otra realidad o nivel de conciencia, acorde con el sentimiento que les domina.

     Siempre, en todo momento, libertad y entendimiento nos acompañan. O sea, a estas entidades nadie les mandó al segundo plano castigadas o similar. Sucedió que, tras la vida carnal y posterior fallecimiento, hallaron la sublime realidad, de su Yo inmortal. Todas fueron al quinto plano o nivel de conciencia, dijimos que se llama del Amor expresado, también conocido como el paraíso. Es allí donde tiene lugar la revisión de la luz. Pero allí no permanecieron. Para hacerlo necesitaban otras vibraciones más elevadas, las de unos sentimientos que no poseían; fueron éstos, sus sentimientos, expresando una frecuencia vibratoria baja, por pensamientos aceptados y contemplados, los que les enviaron al segundo plano, al nivel de conciencia de miedo y dolor.

     Siempre, en todo momento, libertad y entendimiento nos acompañan. Seguramente, nada nos ilustrará mejor, que conocer el padecimiento sufrido por algunas entidades durante algún tiempo. Son experiencias más habituales y numerosas de lo deseado.

Segunda parte: Del bloqueo al entendimiento

1.- El segundo plano

     Para situarnos, anotemos la secuencia. Por las causas que fueren, se acaba la vida, se produce el fallecimiento. ¿Recuerdan uno de los libros mencionados, aquel en el que su autor se había tomado la molestia de entrevistar a personas que conocieron la muerte clínica, en algunos casos durante minutos? En todos los relatos, los que vivieron tal experiencia y regresaron para contarlo, hablaban de la sensación de pasar por un túnel, por una especie de oquedad donde al final se ve una gran luz hacia la que vamos. La luz que nos llama, no es otra cosa que nuestro espíritu, la semejanza e imagen que tenemos del Padre, la esencia que somos y seremos siempre.

     En el fallecimiento, el espíritu llama al alma, para que abandone el cuerpo. El alma es como el libro de nuestra vida, en ella se registran cada una de nuestras emociones, en imágenes, es un archivo visual. El postrero viaje que realiza el alma antes de abandonar el cuerpo, transitando por los centros magnéticos vitales de nuestra anatomía, genera la sensación de que atravesamos un túnel. Ocurre que el espíritu reclama la presencia de su archivero, del recopilador de todas sus emociones, de su memoria como ser divino; la gran luz que vemos al final del túnel, no se marcha sin las experiencias atesoradas, se lleva al alma que las guarda.

     ¿Qué ocurre luego? Ascendemos al quinto plano, que dijimos era el de Amor expresado. Donde tiene lugar lo que se denomina la revisión de la luz. Pero allí, sólo permanecen los que tienen vibraciones acordes con el plano en cuestión. Como dijimos, si morimos dominados por vibraciones más bajas, dado que contemplamos pensamientos más limitados como el dolor y el miedo, nos será imposible permanecer en el quinto plano, y la revisión de la luz nos situará allá donde nos corresponda en función del sentimiento que nos embarga.

     Una vez más insistimos en que nadie juzga a nadie, que la evolución dependerá de nuestros procesos de pensamiento y el grado de expresión emocional de cada uno. O dicho de un modo más simple, los planos superiores, no serán disfrutados por las entidades que se sienten culpables, se enjuician y enjuician a los demás, odiando a sus semejantes. Para disfrutar de planos superiores, estas entidades deben desprenderse antes de las rémoras personales que los limitan. Deben aceptar que son más grandes que la tristeza que les embarga y desear conquistar otros planos de conciencia más elevados.

     Al hilo de lo que decimos, es oportuno citar ahora un párrafo de El libro de oro, de Sant Germain. La siguiente aseveración, lograba el desconcierto de la mayoría: “Muchos piensan que hay fuerzas en el astral; yo te digo que ninguna fuerza del astral es jamás buena. Este plano de actividad astral contiene todas las formas indeseables acumuladas a través de los siglos”.

     Maticemos. El texto advierte que algunos, en sus salidas, pueden visitar únicamente el segundo plano, el del miedo y dolor. No es que los que allí estén sean indeseables, es más bien que nadie desea para sí los padecimientos que reinan en el nivel; tampoco se hallará en tal plano a Maestros. Aprovechamos para sugerir que las salidas se realicen con proyecto y conocimiento, nunca por juego o curiosidad, pues podríamos llegar a lugares ingratos para oír historias que nos entristecerían.

     Seamos conscientes de lo básico. Tras la muerte seguimos existiendo, lo hacemos, hay vida después; asumamos que, desde la perspectiva de lo eterno, esto de hoy, es un minuto; que nos vendrá estupendamente, tener una visión más ilimitada sobre el asunto, a fin de evitar luego estancamientos por una serie de circunstancias, que siempre tendrán que ver con nosotros y con la gente que amamos y dejamos atrás al marcharnos.

      Hablamos del segundo plano, porque es allí donde están las entidades a las que Mati presta su ayuda. Es un nivel habitado por la pena y un sin fin de dolores siempre relacionados con nuestros esquemas, temores y apegos. Las entidades que se encuentran en el segundo nivel de conciencia, deberán luchar denodadamente contra el miedo y el dolor que les embarga, deberán fortalecer el espíritu, tratar de abrazar cuanto antes pensamientos ilimitados, siendo el del amor, el más apropiado. Ya se dijo que cuando contemplamos dominando el entendimiento del amor, se experimenta el júbilo de las frecuencias vibratorias más elevadas de los pensamientos de amor compartido y expresado. La llave que abre todas las puertas en nuestra evolución es el Amor.

    Pero el primer amor y la primera compasión han de ser por nosotros mismos. Es el paso previo para ser consciente de la belleza de la vida, y es el paso previo para sentir amor y compasión por los demás. Los que habiten el segundo plano de conciencia, deberán comprender que el miedo y el dolor que sufren, acaecen para su entendimiento, para su evolución, deberán aceptar que hay formas más grandes de ser y mayores realidades por experimentar. Las entidades que se encuentren en el segundo plano, tendrán que vestir la esperanza, la fe y el amor, y superar lo antes posible lo que les impide expresar la vida, porque la vida es y será, y ellos, como todos nosotros, están invitados a ser testigos de lo eterno.

    Entendamos que el tipo de muerte, puede bloquear, por lo imprevista, brutal o terrible, pero que también hay personas que encontraron una muerte natural, y sufrieron bloqueos, estancamientos. Entendamos que somos lo que pensamos, que nuestro pensamiento es el creador de nuestra realidad, sobre todo de nuestra realidad emocional, y que según los sentimientos que nos dominen, vibraremos acordes con uno u otro plano existencial.

    Los bloqueos más numerosos, como veremos pronto, son los familiares, vivimos poseyendo a las personas que amamos, apoyándonos tanto en ellas, que somos incapaces de seguir adelante cuando nos dejan. Infinidad de personas, tras la muerte, tuvieron problemas para elevarse debido a los fuertes apegos que mantenían con aquellos que habían dejado. Pero el apego se da en dos direcciones. A veces es el difunto el que no se consuela, y a veces son los que quedan, los que no hallan consuelo por la ida. En los dos casos, el resultado será el mismo, la falta de elevación de la entidad que cruzó el umbral.

     Siempre habrá que insistir en el daño que causamos a la persona fallecida con nuestra pena mantenida en el tiempo. Los que se mueren no se irán ni estarán ausentes si insistimos en convocarlos con una prolongada e inconsolable pena. En este sentido, mucho habría que cambiar en cuanto al ritual familiar y social con el que se recibe la muerte en nuestros días, para que la actitud general de los asistentes en los funerales fuese de apoyo al difunto. Por norma, los que más nos quieren, son los que más daño nos hacen a la hora de encarar el tránsito. Una madre no partirá en calma si contempla a sus hijos desconsolados. Un hijo no partirá en paz si siente que el dolor de sus padres les impide manifestar la vida.

     Pero, a veces, son nuestros esquemas y creencias los que nos bloquean. No hallamos lo que se preveía, no es como nos contaron. Quizá ese, sea el problema, siempre nos contaron, dejamos en manos de otros, en el pensamiento de otros, temas capitales, transcendentes, y los jefes del rebaño establecieron, nos pintaron el cielo, pero luego el cielo no era como lo pintaron. Esquemas, no siempre ser devoto practicante de la religión que toque, ayuda a encontrar el camino. La vida no es una religión, es una filosofía, es un camino donde se aprende a Ser por siempre jamás. Pero están los miedos. Las culpas. Otra vez los esquemas.

     Algunos no ven más allá porque están convencidos de que han de ser castigados, otros porque fueron personas descreídas, sin fe; aquéllos, porque sienten, que nada especial hicieron en la vida, y piensan que han de ser sancionados de algún modo. El drama de la raza es su menosprecio. Empeñarse en pensar que somos una mota de polvo insignificante perdida en el devenir de las galaxias. El miedo anonada, aprisiona, oscurece y niega la expresión de la vida. El drama de la raza también es la conciencia social, que distrae de continuo con lo exterior sin dejarnos reparar en el rico mundo interior que nos sustenta. Somos lo que pensamos y llegamos hasta donde alcanzamos a sentir. Pero no debemos olvidar que todo es continuo, que donde hoy no alcanzamos alcanzaremos mañana.

     Sería injusto hacerse una idea horrísona del segundo plano. Resulta alentador conocer que una vez el espíritu llama al alma y se atraviesa el umbral, la realidad se convierte en un remanso de paz y tranquilidad. Cuando salimos de este plano, nos liberamos de las sensaciones del cuerpo, de sus instintos. O lo que es lo mismo, ya no experimentas los dolores, el hambre corporal; ni tampoco la ansiedad que produce el paso del tiempo. En el momento de la muerte, el mundo comienza a iluminarse y se vuelve brillante. Se abandona la densidad de la materia, se regresa a una existencia de luz. Donde somos pensamiento y emoción, también tenemos un cuerpo, pero es de luz cambiando en su forma eléctrica según nuestros pensamientos que generan unos sentimientos determinados. Dependiendo de la vibración de nuestro campo magnético, que a su vez dependerá de los pensamientos que contemplemos y aceptemos, el espíritu de nuestro ser, buscará la vibración acorde con lo que sintamos. Así, será nuestra propia energía, la que nos conduzca al plano o nivel de conciencia en el que encajemos.

    Siempre, en todo momento, libertad y entendimiento nos acompañan, también, en el segundo plano. Cuando entendemos, descubrimos que los juegos de la humanidad son ilusiones, un sueño mantenido en lo continuo de su nivel de conciencia. Descubrimos que el mundo real está en el interior, en el encuentro con la emoción en cada momento sentido. Cuando dejamos el plano de la materia en el que nos encontramos, nuestro interior goza de mayor alcance. Es ventajoso y esperanzador saber que entonces podemos sintonizar con todos los niveles de los que seamos conscientes, puesto que ya no estamos inmersos en la densidad de la carne, sino fuera de ella. Así que fuera, más allá del plano de la reproducción y la supervivencia, tendremos capacidad para percibir otros niveles vibratorios paralelos, que aparecerán en formas de pensamiento o luz.

2. Miedos y dolor

    Quizá, ningún dolor sea tan acentuado, como el que genera el suicidio. Las personas que tratan de quitarse la vida, para su decepcionante sorpresa, luego se la encuentran toda, con cada una de las preocupaciones anteriores, pero, sin la posibilidad de solucionar lo que molestaba, oprimía y desesperó hasta el punto de buscar refugio adelantando el final. Tras el destructivo arrebato, te encuentras fuera, te encuentras que todo continúa. Sientes el dolor que has causado a otros con tu marcha obligada y precipitada, sientes culpabilidad y vergüenza. Los suicidas continúan existiendo con su enorme dolor en el segundo plano.

    Mati ha ayudado a entidades que se quitaron la vida. Personas que aún disponiendo de tiempo para experimentar, optaron por dejar de hacerlo. El dolor es grande cuando tú mismo mutilas la posibilidad de seguir aprendiendo, y es mayor si has vivido de manera atormentada. Es el caso de Manolo. Un hombre de raza gitana, que se quitó la vida a los treinta y cinco años. Su mayor problema fueron las drogas. Comenzó con el hachís muy joven. Luego tomó pastillas, anfetaminas. Hasta que recaló en la heroína y allí se ancló quedando engañado. Pero tuvo etapas en las que renunció a las adicciones. En un periodo de alejamiento de todo tipo de drogas, se casó, y tuvo un hijo. Se ganaba la vida trabajando en talleres, no era mecánico, reparaba la chapa de los vehículos. Casado y con un hijo, vuelve a las drogas, lo que a la larga, le cuesta su matrimonio. Tampoco mantiene el trabajo de manera estable. Se da al hurto y tiene problemas frecuentes con la policía. Una nochebuena, cuando su madre, va a su habitación para decirle que la cena está en la mesa, se lo encuentra colgado de la lámpara, ha utilizado un gancho para suicidarse, a los treinta y cinco años, en noche tan señalada.

    A Manolo le costó año y medio elevarse. Es uno de los casos más largos en los que Mati ha trabajado. Manolo se sentía tremendamente culpable por haber dejado a los suyos abandonados, por haberle causado tal cantidad de dolor, por no haber puesto remedio a sus problemas cuando pudo hacerlo. Le entristecía la pena de su madre. La mujer no quiso consolarse. No quiso aceptarlo. Eso ataba a su hijo al plano de la supervivencia. Año y medio de oraciones, diálogos, de sembrar la esperanza, en una entidad atormentada para que al fin, se ilusionase en la posibilidad de un nuevo intento de vida. Fue lo único que le hizo cambiar de actitud después de tantos meses. Pensar que podría hacerlo mejor abrazando una nueva oportunidad, consiguió finalmente elevarlo.

    En casos como este, se aprende la paciencia, tan necesaria, y pilar inevitable del amor. Manolo nació y murió en Málaga. Jason, que también se suicidó, nació más lejos, en el sur de América. Era más joven que Manolo, rondaba los treinta años, también era padre, de un hijo de seis años, y tenía esposa. Pero la convivencia genera tensiones. La vida puede sumar muchas si no sabemos eliminarlas. Superado en su amargura, Jason optó por arrojarse desde una altura. Vivía en Madrid. La viuda se vio obligada a pedir ayuda. Luego se mudó, pues sentía presente al difunto marido en la casa que compartieron, lo sentía presente y cercano. Realmente, Jason no estaba lejos. Su culpabilidad por el dolor que había causado le impedía la evolución. Su viuda sufría, también ella se sentía culpable de lo ocurrido. Eso lo hizo más doloroso para ambos. Paloma, la viuda, tras dejar el asunto en manos de Mati, regresa a América. Decide que necesita tiempo para reconsiderar lo ocurrido y empezar de nuevo, quiere hacerlo con los suyos. Mantiene el contacto con Málaga a través de correo electrónico.

    Por fortuna, en esta ocasión, no había una tormenta larga y sostenida, antes del suicidio, como ocurrió en el caso anterior. Esta vez, aunque también se ha salido por la puerta equivocada, no hay tantos padecimientos acumulados. Jason se elevó en tres meses. Pasada la etapa de tupida tristeza, fue abriéndose a la grandeza de la vida, con una aptitud generosa hacia él y hacia los demás. En tres meses, superó las culpas, dolores y penas que lo afligieron, para salir airoso del plano repleto de pesadumbre en el que se encontraba.

    Si doloroso es quitarse la vida, no menos lo es, que nos asesinen. Pero aún lo será más, cuando la tragedia alcanza una magnitud intolerable. Es el caso de Alicia. Nació en Almería. Murió en Zaragoza, a los treinta y cinco años, a manos de su esposo. Los dos eran militares. El marido la asesinó a ella, y a una hija del matrimonio, la pequeña Sandra, que sólo tenía cinco años. Luego, se quitó la vida.

    Dolor. Trauma y pesar. Es lo que hallamos en el segundo plano. En ocasiones, vamos a él, debido al alcance de nuestro pensamiento, otras nos envían allá las circunstancias brutales que nos hacen salir de este primer plano de manera violenta. Aparte de la tragedia, lo que más desconcertó y llenó de tristeza a Alicia, fue descubrir, que su hija ya no estaba con ella. Lo estuvo un tiempo, pero cada uno decide y camina, pues el sendero es intransferible. Sandra se marchó a la revisión de la luz. Lo hizo, aportando el ejemplo, la adecuada dirección, adelantándose como abanderada. Alicia, conoció a otra mujer asesinada. Nos ocuparemos de los detalles de su vida y fallecimiento en el próximo capítulo. Lo más hermoso, es que han decidido elevarse juntas, tal es la amistad que han construido donde se encuentran. Estos dos casos, se trabajan en el momento que se escribe nuestro libro. Siguen abiertos. Alicia, y su amiga Carmen, se encuentran bastante mejor, la primera ha recibido poco más de un mes de oraciones y atención, Carmen, va camino de los tres meses. Lo hermoso, es que una de ellas, tendrá que esperar a la otra, aportándole apoyo, luz, amor y comprensión hasta que consiga elevarse. Así, ambas, lo han decidido. Elegimos. Somos libres. No estamos solos. Ni siquiera en los peores momentos. Alicia y Carmen, asesinadas, adquieren conocimiento día a día, para superar la anterior tragedia e ir a la revisión de la luz. Ahora juntas, unidas en el dolor de un mismo drama repetido, unidas, en el afán de una misma y difícil superación.

    Si el segundo plano enseña algo con aplastante contundencia, es que cualquier dolor, puede ser superado. No hay limitación que no pueda ser transmutada en algo más grande, con horizontes más anchos. Dolor y miedo, el miedo también resulta un dolor opresivo. Como experimentó Dolores. Ella nació en Vélez-Málaga, y murió en Barcelona a la edad de ochenta y un años. Se marchó a Cataluña después de los peores años de posguerra. Allí se empleó en una fábrica, y cuando se casó dejó de trabajar para atender a la familia. Primero a sus dos hijas, y con el tiempo a los nietos que llegaron. La familia era toda su vida. Fue esposa, madre y abuela generosa durante muchos años. Era baja, metida en carnes, su pelo andaluz, muy moreno, y su aspecto alegre. Pero, con la edad, enfermó. Necesitaba diálisis. Cuidados continuos. Sus dos hijas lo hablan, se sienten desbordadas, deciden ingresarla en una residencia. Allí estará cuidada. Allí, miedosa, sintiéndose olvidada, resentida con la vida que tal mal le pagaba tantos esfuerzos anteriores, Dolores morirá una semana y media después de su ingreso en la residencia. Tenía ochenta y un años, había vivido más que los anteriores, no se había quitado la vida, no padeció, un final violento. Sin embargo, aunque en menor grado, también se encontraba bloqueada. Sentía el miedo a no ser querida, sentía el pánico que produce que nos rechacen aquellos que más queremos, sentía dolor por haber sido ingresada en un lugar ajeno al cuidado de personas ajenas.

    Pero Dolores pronto demostró que seguía siendo una entidad vital y alegre. Si murió una semana y pocos días después de su ingreso en la residencia, marchándose con pena y resentimiento de este plano, sólo necesitó otra semana y pocos días más para elevarse a la revisión de la luz. A Dolores se le dijo que todo lo que tenía que hacer era disculpar a sus hijas, entender que ellas aprendieron conforme actuaron y que no debía juzgarlas, sólo amarlas. A Dolores se le repitió durante una semana y media que una madre sabe dar siempre sin esperar nada a cambio. Que el amor es eso, dar, sin esperar recibir o tomar. En un puñado de días, Dolores eliminó el resentimiento que mantenía por cómo actuaron sus hijas, olvidó su dolor, y sintiendo amor, vibrando en él, se marchó después de entender, que había formas más grandes de Ser, y experiencias más plenas de las que disfrutar.

    El amor y el desamor, nos duelen, nos apegan a este plano, nos incapacitan para alejarnos de las personas más queridas. No son pocas las madres a las que Mati ha ayudado a lo largo de estos años. Hay otro caso que ilustra este tipo de apego. Se trata de Loli, murió a la edad de setenta y seis años. Nació en Málaga y falleció en Jaén. Siempre fue ama de casa. Sólo tuvo un hijo. Lo quiso hasta el punto de distraerse de su propia evolución, lo amo mucho, pero comprendió con el tiempo, que la suya era una forma limitada de amar. Tras su muerte, sufría por la actitud de su único hijo. Hacía tiempo que se mantenía distante. Incluso lo notaba distante ahora, desde el otro lado. Era como si en los últimos años hubiese vivido sin tener madre. Era como si no le importase que ella ya no estuviera. Tanta indiferencia la apenaba, le negaba la luz de planos superiores. Loli es amable, cariñosa. Mati la recuerda delgada, mediana estatura, aspecto bondadoso. Ella no pidió ayuda. Fue una sobrina suya la que buscó a Mati. La sobrina quiso mucho a la tía, tenía la sólida intuición de que, más allá de la muerte, ahora la necesitaba. Gracias al acertado barrunto, Mati ayudó a Loli.

    La entidad, aunque le cueste, tendrá que aprender que se camina en soledad, que los vínculos de la carne nunca atan, que los hijos, los padres, son hermanos, iguales, semejantes que caminan aprendiendo, a su ritmo y desde su libertad. A veces nos apega el querer casi enfermizamente a una persona. Otras nos apega, el hecho de sentirnos poco queridos, olvidados, rechazados. En ambos casos mostramos debilidad, evidenciamos poco amor a nosotros, un miedo desproporcionado a quedarnos solos, e incomprendidos, que termina mermándonos y dañándonos. Loli, como los anteriores, hubo de asimilar la inalterable continuidad. Caminamos, nadie pertenece a nadie, aprendemos la eternidad, en ella, nadie pierde a nadie, pues seguimos encontrándonos, antes o después, volveremos a coincidir en el devenir. No hijos, ni padres, hermanos, de una misma casa, de un mismo hogar, compartiendo una única y excelsa paternidad. Hermanos.

    También hay dolores que llenan de rencor, motivados por los actos irresponsables de otros, y las nefastas consecuencias que esos actos tuvieron en nosotros. Es el caso de Antonio. Nació y murió en Málaga, de sida, a los treinta y cuatro años. Un cuñado heroinómano le infectó con una jeringuilla compartida. Antonio era alto, guapo, de pelo crespo, ondulado y moreno. Necesitó cuatro meses para perdonar al cuñado. Murió lleno de rencor. Responsabilizaba a otro de su muerte y se negaba a perdonar. Cuatro meses después, entendió que prolongar semejante actitud y vibración era un error. La vida lo invitaba a seguir y había que elevarse para ir más allá del dolor. El dolor tiene muchos, infinitos rostros. El dolor habita en nuestro interior, en lo nuclear de nuestro ser. Si le dejamos crecer, nos anulará obligándonos a contemplar pensamientos limitados y oscuros, que exilian la grandeza y la luz del amor y otros sentimientos más plenos.

    La manera de conducirnos en la vida emocionalmente nos dará una buena pista de cómo nos conduciremos después de la muerte física. Pensar que el dolor es al hombre lo que el hombre es al dolor, pensar que es inevitable, es erróneo, como tirar la toalla antes de enfrentar el combate. Sólo duele lo que supera, golpea o agrede. El dolor será desterrado, si se adquiere una fortaleza capaz de rechazarlo desde el conocimiento, con él sabremos equilibrar y atemperar sentimientos, separando lo relativo de lo perentorio, sin perder de vista el verdadero objetivo, siempre aprender y crecer. Lo que se aprende en el segundo plano es que se crece, pues con más o menos facilidad, con más o menos rapidez, habrá que encajar lo que nos golpea y derriba, para levantarnos de nuevo, dispuestos a enfrentar la próxima jornada. Hay infinitas jornadas en la eternidad, nada permanece inmóvil. De tal modo, tampoco los miedos y dolores, sean los que fueren, quedan exentos de evolución.

3.- Apegos del alma

    Los lazos de amor y sangre, en ocasiones, nos frenan. Creemos que amamos, pero más bien necesitamos. Este bloqueo, tiene mucho que ver con las madres del mundo. Tanto cuando pierden a hijos de forma brusca e inesperada, como si son las que mueren, dejando hijos de cualquier edad, sienten una honda pena que les impide separarse de ellos con naturalidad. Requerirán de tiempo y agradecerán la ayuda que se les preste para conseguirlo. Para las madres es más difícil. Pero esta desmesura de afecto mal dirigido, que impide la evolución y la aceptación de la grandeza de la vida por parte de algunos, se podría encauzar, corregir, educar, si la figura de la madre, lo que es en sí la maternidad, se sopesase con calma, desde una perspectiva más ancha que la otra apremiante, que nos ofrece este primer plano donde nos encontramos.

   Sabemos que todos somos hermanos. Sabemos que, vida tras vida, hemos venido encarnado nuestro color evolutivo necesitados de una nueva oportunidad de aprendizaje. Sabemos que muchos se sienten más cómodos para encarnar eligiendo su propia línea de ADN. Así, los abuelos serán nietos, los hijos fueron padres y los padres serán hijos. En realidad, todos hermanos. Es lógico que en el plano de la supervivencia y la reproducción la figura de madre este sobre valorada. Pero no perdamos de vista que un padre, una madre, más que serlo, sólo son tutores de almas. Recuerda, tenemos la misma edad, nadie es más viejo que tú ni más joven. Todos fuimos creados en el momento sublime que Dios quiso contemplarse para expandirse, para desplegar la vida por doquier.

    Aunque en una primera etapa de la vida, esté justificado el padecer de las madres por sus hijos, estando indefensos, en buena medida, hasta que crecen, después, el exceso de apego a los hijos, el exceso de preocupación por ellos, lo único que creará será una distorsión interna, proyectaremos al exterior nuestro amor hasta no dejar nada para nosotros mismos. Y cuando nos falta amor por nosotros mismos, conocemos el dolor, quien trae al miedo de la mano enseñando la oscuridad. Será un dolor indebido, pues nuestros hijos, como nosotros, nunca serán abandonados por el amor de Dios, están en la misma eternidad que todos y en el mismo rango de dignidad, porque si bien es cierto que hay entidades más evolucionadas que otras, también lo es, que, en esencia, todas albergan idéntica divinidad.

    Las sufridas madres tendrán que aprender a sufrir menos. Tanto si se quedan, como si se marchan dejando hijos a un lado u a otro. Pensar que es imposible que una madre no se desespere tras una desgracia acaecida a uno de sus hijos, es no pensar con calma. Sobre todo, si valoramos el daño que en ocasiones, el apego puede generar en los hijos. Veamos algunos casos concretos y comprenderemos mejor.

    Pocos golpes son tan difíciles de encajar, como los inesperados. En su irrupción, cuando acaecen, nos bloquean en el impacto. Es lo que sucede cuando hay accidentes mortales. Es el caso de José María. Nació en Málaga y murió en Murcia. Tenía sólo veintitrés años. Falleció en un accidente de carretera. Conducía una motocicleta de gran cilindrada. Trabajaba en un estudio de arquitectura, con su padre. La madre sufrió tanto que una amiga le recomendó ver a Mati. José María, además de joven, era alto, guapo. Era el amor de su madre, y ahora no estaba, de la noche a la mañana había desaparecido. Es duro hacer comprender a una madre que su dolor genera dolor en el hijo fallecido, es duro tratar de hacerla entender cuando todo lo que desea es no entender y seguir herida. Pero al final, después de muchas lágrimas, la madre entiende que su hijo está ahí, cerca, y puede sentir toda su angustia, y eso le estorba, supone una rémora para él, un peso que ha de arrastrar.

    Finalmente, la señora entiende que ayudará más al hijo, con una sonrisa que con una lágrima. Tiene su proceso, pero a la postre se aprende. La madre de José María necesitó tres meses para encajarlo. La madre de José María, conoció a la madre de Alejandro, ambas coincidieron en el tiempo, cuando acudieron a pedir ayuda a Mati. Alejandro también era joven, tenía veintiséis años, nació y falleció en Málaga. Había estudiado terapias alternativas y era propietario de un bar. Muere a causa de un problema circulatorio. En esta ocasión, por fortuna, se implican más personas de la familia. Es otro caso claro de que el dolor de este plano frena y preocupa. Lo es, porque Alejandro, como antes José María, ya estaba elevado. Pero el desconsuelo de la familia, en especial de su madre, le afligía. Primero se le ayuda a la madre, incapaz en principio de aceptar la pérdida del hijo, después el padre de Alejandro quiere entender lo que está ocurriendo, se le informa. También a una tía materna. Finalmente, la familia aceptará la pérdida.

    A veces sucede, que antes de que los inconsolables familiares acudan a Mati en busca de consejo y ayuda, los que se marcharon, se le acercan anticipadamente. Es como si supieran lo que ocurrirá, llegan adelantándose a sus familiares, tal como si anunciaran la venida de éstos. Es lo que le ocurrió a Mati con Manuel, otro chico joven fallecido a causa de un desgraciado accidente, conducía un ciclomotor, tenía veintitrés años. Nació y falleció en Málaga. Había abandonado los estudios y no tenía trabajo. Una muerte más, repentina e inesperada, y el consiguiente golpe. El chico tenía la costumbre de ir siempre con gafas de sol. Desde el otro lado, se hace notar cubriendo sus ojos como acostumbraba, de tal porte se manifiesta a Mati. Ella lo verá antes de que la madre venga a pedirle ayuda y le hable de él.

    En ocasiones, los que se marchan, a sabiendas de lo que harán los que quieren, deseosos de que superen la marcha, evidencian ansiedad e impaciencia. La madre de Manuel confirmará el aspecto que Mati le describe, un chico, bien formado, alto, y el detalle de las gafas. Manuel. Le costaba adaptarse al mundo nuevo que le rodeaba, solía quejarse diciéndole a Mati que donde estaba no dormía, y eso no le agradaba, aseguraba que echaba de menos dormir. Entonces, se le hace entender que le embargará una sensación parecida al cansancio, hasta que se eleve. Porque hasta entonces, las percepciones del plano físico se mantendrán, como en un reflejo, como a quien le amputan un brazo o una pierna y siente que la tiene aunque ya no está.

    Conocimiento para quien parte y para quien se queda. La muerte. Esa realidad de la que nos cuesta tanto hablar, esos padecimientos que podrían evitarse en todas direcciones, si, sencillamente, nos elevásemos un poco de la perspectiva de la supervivencia y la reproducción, comprendiendo que a ello hemos venido. En un mes de ayuda para él y para su madre, Manuel se marchará a una dimensión más ligera, para no volver a quejarse de que echa de menos dormir.

    Accidentes, tan numerosos, desgraciados, imprevistos y tremendos cuando llegan. Accidentes que parecen ciclones devastadores alcanzan a distintas familias cada día, y el doloroso ritual se reitera. Ocurrió con María. Tenía diecinueve años. Conducía un ciclomotor. Había nacido en Churriana, murió en la carretera de Alhaurín de la Torre. En su caso, el apego se produce en doble dirección. Ella no se conforma con una muerte tan prematura. Tampoco lo hacen sus familiares. Trabajo, hacer comprender, dar la luz del entendimiento, en una y en otra dirección, a los que se van, y a los que se quedan. María echaba de menos las salidas del fin de semana, tenía añoranza de su novio. No resulta fácil hacer entrar en razón a una entidad tan llena de expectativas en el plano de la materia. Pero hay un argumento que casi siempre funciona. ¿Qué habrá más allá? ¿Qué habrá una vez nos elevemos? ¿Qué necesitará seguir aprendiendo María? La continuidad, el movimiento implícito que conlleva la vida, que atesora en su perenne inquietud. María se despegó del plano de la materia cuatro meses después de su muerte. En ese tiempo, ella y los suyos, tuvieron que pelear contra la pena y los pensamientos limitados que a todos les procuraban dolor. Lo que más alivia es saber que se continúa existiendo. Lo que alegra y consuela, es oír que el pesar se ha superado y se asume la elevación y la indagación continúa que significa la vida. Para entonces, los familiares han comprendido que el modo de enfrentar la pérdida, es crucial para conseguir lo anterior.

      Accidentes. La carretera. Esa lacra, esa especie de virus que genera tantas víctimas, en trágico goteo imparable, arrojando cifras que terminan estremeciéndonos por lo abultadas. Un accidente de coche, trajo la muerte a Jesús, tenía veintiocho años. Había nacido en Granada, falleció en Ronda. Trabajaba en la construcción. Su novia, al poco de la pérdida, pidió ayuda, como ocurre la mayoría de las veces, alguien le habló de Mati y a ella acudió. Le dijo que sentía cerca a Jesús, luego entendió, que era su propia pena lo que ataba a Jesús a su lado. Ana María y Jesús eran novios desde hacía tres años, abrazaron la ilusión de vivir juntos un día, pero sin fecha concreta. Él trabajaba en la construcción, ella en un supermercado, iban ahorrando, eran jóvenes, había un proyecto de vida en el futuro, eso era suficiente, no había prisas, ni pausas, hasta que llegó el accidente, y todo quedó truncado. Ana María necesitó dos meses para encajarlo. Para despedir a su novio, decirle adiós y aceptar la marcha superando la pena. Mientras no lo hizo, Jesús no se elevó.

      Apegos, el amor en ocasiones no quiere conformarse, nos llena de un dolor agudo capaz de poseernos y capaz de impedir el desarrollo de los que nos abandonan. Pepi no murió en ningún accidente. Siempre tuvo problemas de salud, era una mujer de complexión débil, delgada. Había nacido en Toledo, murió en Málaga, a consecuencia de un fallo hepático. Pepi tenía treinta y dos años. Era una mujer soltera, sin hijos. Tardó cinco meses en elevarse debido a la pena de su madre. Cinco meses de dolor en ambas direcciones, por una actitud de rechazo, de impotente rebeldía, ante la realidad del transito. Meses de dolor para una madre y una hija por la imposibilidad de encajar una realidad que la madre negaba.

     La figura de la madre. Explicarlo, insistir, sin herir sentimientos. Amar a los hijos es formidable, grandioso, algo en verdad digno y recomendable. Amarlos hasta el punto de descuidar nuestro desarrollo, es, sencillamente, un error lamentable. El bloqueo se acentúa, si es la madre quien se va, y los hijos que deja son pequeños. Es el caso de Ángeles. Había nacido en Antequera y falleció en Málaga a los treinta años, enferma de cáncer. Su bloqueo era muy fuerte pues dejaba a dos hijos, uno de seis, y otro de tres años. Tardaría todo un largo año en elevarse. Un año en el que desdeñó seguir avanzando apegada en su dolor al plano que había abandonado, apegada aquí, a causa de sus hijos, de los que no sabía cómo alejarse.

      En ocasiones, los hijos son pequeños, pero otras, los hijos son personas adultas. Es lo que le ocurrió a María. Había nacido en Benagalbón y murió en Málaga con ochenta y dos años. Era viuda, pero también madre de siete hijos, abuela de quince nietos, y bisabuela de otros cinco biznietos. Pero le preocupaba el mayor de sus hijos, estaba enfermo. Eso la bloquea, la detiene en el ascenso. A María se le hace comprender que conforme mejor esté ella, más podrá asistir a su hijo. Se le hace entender que necesita la revisión de la luz para así obtener la guía y orientación pertinentes. Nuestra voluntad es soberana, creadora, nadie nos obliga a nada, algunas entidades, como veremos en el capítulo correspondiente, sólo se apresuran en elevarse para regresar a cuidar y a asistir a los que quieren, ejerciendo de guías. María escucha con atención los consejos que se le regalan, y en una semana, se eleva, marcha al quinto plano, donde enfrentará la revisión de la luz y recibirá la ayuda oportuna, en función de su deseo.

     Nos ata el dolor que producimos con nuestra ida, en los que dejamos atrás, ese dolor nos pesa, nos impide seguir adelante. Es lo que le ocurrió a Juan. Tenía problemas cardíacos, a sus sesenta y nueve años, siguiendo el consejo de su hija, se operó. Pero la operación no sirvió para mejorar su calidad de vida. Juan empeoró, y murió. Natural de Algarrobo, murió en Vélez. Era un hombre sencillo, se había dedicado a la agricultura. Mati lo recuerda calvo, bajo, regordete. La hija, desconsolada, se culpaba de lo ocurrido. Se le hará entender que el desenlace hubiese sido el mismo, con operación o sin ella, el corazón de Juan estaba demasiado dañado para aceptar componendas. Pero costó seis meses. Algunas culpas se enquistan, en algún lugar recóndito de nuestro interior, y se hacen fuertes, tanto, que luego nos cuesta un gran esfuerzo desbaratarlas, deshacerlas, superarlas. En cuanto la hija dejó de pensar que era culpa suya, en cuanto asumió que su padre hubiese muerto de cualquier modo, Juan se marchó a la revisión de la luz, ya tranquilo, por la tranquilidad de su hija.

    Seguimos existiendo y nos preocupa sobremanera las preocupaciones que causamos al marcharnos, los dolores que se producen, si ese dolor es agudo, profundo, inconsolable, seguramente nos atrapará, tirará de nosotros con fuerza y quedaremos en el plano del miedo y del dolor. A la espera de que la pena de este primer plano se disipe para continuar el camino. Si actuamos indebidamente podremos retardar la evolución de los que se marchan. La pena, la lástima, el desconsuelo, multiplica lo ingrato, lo tortuoso y opresivo. La pena, en el fondo, no está justificada de ningún modo, si somos capaces de mirar el devenir de los sucesos bajo el prisma de lo eterno. Cuando la pena de los que se marchan es honda, desaforada, cuando su preocupación por los que quedan se muestra excesiva, puede suceder que se produzcan fenómenos extraños, inexplicables e inquietantes.

    Es lo que ocurrió en el caso de Marina. Nació en Barcelona y murió en Málaga a los setenta y cinco años. Ama a sus hijas, le preocupaban sus hijas, tenía dos. En casa de una de ellas, se encienden y apagan las luces sin que nadie manipule los interruptores, se oyen ruidos sin que nadie los produzca, todos sienten que están acompañados. A Marina se le hace notar que su actitud daña más que ayuda, que empeorará las cosas y agudizará su dolor y el dolor de las hijas. Marina rectificará pronto. En sólo dos semanas se elevará. Entiende, asume, y abraza pensamientos que le ayudan a vibrar de forma menos densa, encajando con el plano más alto al que debe ir para continuar su intransferible e ineludible camino.

    Somos tan libres de patalear como de entender, existen todas las opciones, el infinito nos rodea, y nosotros elegimos, en función de nuestro nivel de conciencia. El segundo plano esta lleno de madres que no desean alejarse de sus hijos. Fue el caso de Carmen. Murió en Fuenguirola, de infarto, a los treinta y siete años. Estaba separada desde hacia tiempo, tenía dos hijos, de quince y siete años. Su hermana, tras la muerte, nota la presencia de Carmen, no oye nada, no ve nada, esta vez no hay ruidos ni se apagarán y encenderán las luces. Pero la hermana nota a Carmen. Pide ayuda. Mati confirma que Carmen la necesita. A pesar de que Carmen fue durante su vida en este plano una persona con poco ánimo, que nunca logró mantener un trabajo demasiado tiempo, y fue tirando de lo que salía acá y allá, sólo necesitó un mes para elevarse. No es mucho para una madre que de repente se encuentra en el otro lado sin poder atender a diario a sus hijos como le gustaría y le nace de lo más hondo de su alma.

    Ana también murió de un infarto. Quien pide ayuda es una sobrina. Ana tenía setenta años cuando falleció. Su sobrina, Encarna, casi cincuenta. La había cuidado toda la vida, la echaba en falta. Quien necesitaba la ayuda era Encarna, pero Ana esperó el tiempo que su sobrina necesitó para aceptarlo, antes de elevarse, de alejarse de ella. Es un caso de freno, proyectado por el dolor de una persona que se queda en este plano. ¿Tenemos derecho a tanto? Sin duda, lo tenemos, dado que sucede y ocurre con más frecuencia de la deseada. Pero, la pregunta es otra, ¿seremos capaces de insistir en nuestra pena sin hallar consuelo aún a sabiendas que eso dificulta la marcha y el desarrollo de la persona fallecida, que nuestra actitud le hace detenerse en su evolución para contemplar nuestra pesadumbre? ¿Seremos capaces de seguir despidiendo a la muerte como no debemos, para seguir haciendo daño a los que más nos quieren y queremos?

   Cada uno deberá buscar su respuesta. La violencia de género, ha generado grandes dolores que quedaron temporalmente ubicados en el segundo plano de conciencia. Carmen Karem, nació en Bolivia, en Santa Cruz de la Sierra. Conoció a un español y se vino a España. Se establecieron en Galicia. Consiguió trabajar y mandar algún dinero a casa. Tiene dos hijas de corta edad, viven con una abuela en Bolivia. Su compañero sentimental, la asesinó en una localidad cercana a Vigo. Carmen Karem sólo tenía veintiséis años. Se negó a la luz, sumiéndose en la pena y el dolor. Había dos escollos que superar. Un fuerte rechazo a la sociedad, y el gran apego que la mantenía unida a sus dos hijas. Carmen Karem había trabajado la noche, la sociedad, puede llegar a ser despiadada con los sujetos que considera marginales o al margen de lo políticamente correcto. A Carmen Karem se le dice que todos tenemos que encarnar cada uno de los papeles para llegar a entender al semejante, al que nunca hay que juzgar; se le dice que cuando juzgamos a los demás, lo único que hacemos es evidenciar lo que no toleramos en nosotros mismos. Se le dice que sus hijas son sus hermanas, que ellas experimentan ahora en el primer plano, y que de ello debe alegrarse. Carmen Karem, esta chica boliviana, es la amiga de Alicia, la militar española que fuera asesinada, junto a su hija, en Zaragoza. Carmen y Alicia decidieron superarlo juntas. Tanto así, que la mayoría de las personas que, coordinadas por Mati, levantan sus oraciones día a día para ayudarlas, las atienden a la dos, juntas. Así, Alicia y Carmen, reciben el mismo conocimiento, comparten idéntica atención y las plegarias que a ellas se les dirigen. Como dijimos cuando nos ocupamos de Alicia, estas dos amigas, se encuentran mucho mejor. Están próximas a elevarse. Repetiremos lo hermoso que resulta el hecho de que dos mujeres, que tanto han sufrido, todavía, estén dispuestas a sacrificarse la una por la otra, lo cual habla de la generosidad de ambas, dado que una, inevitablemente, tendrá que esperar a su amiga y apoyarla, pues quien de las dos lo superé antes, no se elevará, esperará a que la otra esté preparada para acompañarla. Confiemos en que, juntas, no tarden en superarlo. Así sea.

    Cuántas palabras, cuánto amor y cuánta paciencia hay que dedicar a una madre que ha dejado el plano y se siente apegada a él por la preocupación y el dolor que le causan sus hijos. Cuántas horas les ha dedicado Mati a las madres. Pero no todos los apegos son maternales. En ocasiones, son amigos los que acuden demandando ayuda. Como sucedió en el caso de Santiago. Santiago murió y nació en Málaga, a la edad de cincuenta y cuatro años, era taxista, separado, apenas mantenía relación con la familia, falleció a causa de una infección intestinal. A los pocos días, dos de sus amigos sienten la presencia de Santiago, sobre todo, uno de ellos, Santiago había acudido muchas veces a casa de ese amigo, donde solían organizar reuniones. Tardará tres meses en elevarse. No le duelen hijos, no hay una madre o una esposa que sufran por él. Se apega a sus amigos, que sienten su presencia. Santiago necesitará tres meses para cambiar de actitud y seguir el camino. Ya dijimos que libertad y entendimiento siempre nos acompañan. Decidimos, en función de nuestro alcance, deseos y sentimientos. Los amigos también pueden ser un fuerte apego, si así lo establecemos en nuestra conciencia.

    Pero los apegos que pueden frenarnos, son de todo tipo, como botón de muestra, sirva el caso de Luis Manuel. Había nacido en Córdoba, Argentina, era albañil, murió debido a un cáncer de pulmón en la localidad malagueña de Fuenguirola, a los sesenta y dos años. Nunca mencionó a familia, ni persona alguna que le preocupase. Lo que a él le impedía ascender y elevarse era su tremenda adicción al tabaco. El tabaco había minado su salud hasta provocarle un cáncer, y ello le hacía sentir muy culpable, pero, la culpabilidad, no le impedía desear fumar con ansiedad. Luis Manuel vagaba por cafeterías y lugares donde la gente fumaba, reconocía, siempre con culpa y avergonzado, que todavía deseaba fumar, y por eso iba donde la gente lo hacía, para oler el humo, el humo que ya no podía saborear porque no tenía boca, ni pulmones; pero deseaba seguir fumando. Lo que a muchos pudiera parecer insólito, costó seis meses de trabajo para Mati. Luis Manuel tuvo que entender que su adicción estaba sólo en su pensamiento, y que ahora, sin cuerpo físico, ni podía ni necesitaba fumar. Muchas veces se le dijo que una vez se elevase dejaría de sentir ese deseo que luego traía la culpa y el consiguiente dolor. Seis meses de charlas, diálogos y consejos. Luis Manuel, finalmente lo superó.

    Apegos, todos los que la carne sepa convocar. Todos los que logra albergar el plano de la supervivencia y la reproducción. Para cerrar este apartado dedicado a los apegos del alma, donde las madres son las protagonistas más numerosas, nos ocuparemos de un caso poco habitual, pero que nos muestra con claridad hasta donde sobreviven con nosotros nuestras fijaciones y deseos. Es el caso de Mario Javier. Nació en Granada y murió en la ciudad a la edad de cuarenta y ocho años. De un infarto cerebral. Estuvo casado pero se separó. Bebía. Lo cual le acarreó numerosos problemas y decepciones. Tenía una hermana, Silvia. Después de ocho años de la muerte de Mario Javier, Silvia, comienza a sentir cerca al hermano. Se inquieta. Por cómo le sucede, por dónde le sucede. Silvia es empleada de hogar en algunas casas, unos días a la semana, las limpia en horas en las que sus propietarios trabajan. En una de esas casas, Silvia siente a su hermano. Lo siente en un apremio sexual. Es algo extraño, desconcertante. Cuando decide compartirlo con su pareja y su mejor amiga, contará lo que no logra entender, pero cuando limpia la casa donde siente a Mario Javier, se excita sexualmente. No lo entiende, porque luego, cuando llega a casa, no tiene sexo con su pareja, las desbordantes ganas han pasado. Lo más inquietante es que cuando le ocurre en la casa, siempre le viene a la mente su hermano, que hacía ocho años había fallecido. Silvia contará con muchas lágrimas, que cuando era niña tuvo miedo de su hermano mayor. La acechaba, la miraba cómo no deben mirar los hermanos. Cuenta que entonces, antes de dormir, echaba el pestillo de su dormitorio; que ahora tiene miedo, porque lo que sucede la supera. Llega a Mati. Se acaban las lágrimas y comienza el trabajo. En menos de tres meses, quien durante ocho años había permanecido en el plano del dolor y el miedo, comprendió, gracias a la plegaria, que quedaba mucho por aprender y realidades más gratas por disfrutar. Mario Javier se elevó. A Silvia se le explicó que lo sintió en la casa porque en ella había una fuerte energía sexual que su hermano utilizaba para acercarse. Silvia contó que todos los días, cuando hacía la cama del dormitorio de matrimonio, retiraba pequeñas botellas de vino espumoso y unas copas con las que se habían brindado.

4.- Esquemas que frenan

    Miedos, dolores, apegos de todo tipo, pero también esquemas. Somos soberanos para crear proyecciones mentales, si son fuertes, sólidas, tras la muerte, podemos rechazar la evolución, situándonos tras el parapeto que hemos creado con nuestras ideas y esquemas. La verdad es, que pocos hombres y mujeres son conscientes del poder del pensamiento. En el otro lado, descarnados, el pensamiento alcanza una relevancia mayor. Tendremos que tener las cosas más o menos claras, para evitar confusiones y estancamientos. Pero arrojarán más entendimiento casos concretos que cualquier tipo de explicación.

    Juan Ramón murió a los cuarenta y nueve años. De un cáncer. Su bloqueo consistía en que era escéptico. También estaba resentido con las mujeres de su familia. En especial con la madre y la esposa. Vivió en Rincón de la Victoria, y murió en Málaga. Era padre de dos hijos, Gestor Laboral, y un hombre coqueto que cubría su calva con un peluquín castaño. No demanda nada en particular. Pero tras la muerte, se siente perdido. Dolido. Siente que ha llevado una vida de escasas satisfacciones. Conocimiento. Entregar la luz a los que insisten en sus esquemas, es hablarles incansablemente hasta hacerles comprender. Nadie nos castigará por no creer, y nadie nos castigará por sentirnos resentidos con personas concretas. Pero Juan Ramón se siente dolido por la vida que ha llevado, no le ha reportado grandes satisfacciones, más bien al contrario. Otra vez conocimiento. Quien dispensa oraciones bajo el magisterio y mecenazgo de Maestros Ascendidos, debe contar con argumentos sólidos, atractivos, concluyentes para los que sufren estancados en su particular y concreto dolor. Juan Ramón se elevará en dos meses. Se le convence con la esperanza de que, debido a la dureza de la vida que acababa de dejar, tal vez la próxima que abrace, será una vida de descanso. Él deseaba que así fuese, y tras dos meses de indecisión, aceptó elevarse y la consiguiente revisión de la luz.

    ¿Qué es una vida de descanso? Veamos. Aunque nos parezca increíble, nadie puede obligarnos a nada. En ocasiones, las entidades se encuentran tan bien donde están, una vez superados anteriores traumas y bloqueos, que no desean regresar para seguir experimentando en este plano de la materia. Algo que logra motivar a algunos, es el saber a priori, el tipo de vida que abrazará. Los tipos son tres: Vida de descanso, se trata de una experiencia vital sin alteraciones ni notables preocupaciones. Gozaremos de estabilidad en lo familiar y laboral, nuestro trabajo obedecerá a un empeño sin muchas pretensiones ni grandes responsabilidades. En cuanto al día a día, a lo cotidiano, nos enfrentaremos a un mínimo de problemas. También la muerte, será poco traumática. Esta experiencia de vida se suele conceder después de una dedicada al trabajo.

    Vida de trabajo, se trata de una experiencia vital más intensa. El alma demanda experimentar de manera más fuerte. Así, vendrán momentos en los que tendremos que afrontar grandes decisiones, cambios drásticos. En este tipo de experiencia vital, conoceremos grandes insatisfacciones, pero a la vez llegarán alegrías por los logros obtenidos siempre que seamos leales y fieles al camino que disponga para nosotros nuestra alma, necesitada de atesorar intensas emociones y sentimientos. El modo de la muerte no es previsible.

    Vida de disfrute, también suele concederse después de duras pruebas y trabajos anteriores, aunque sencillamente puede ocurrir, que nos toque. Cuando se encarna una vida de disfrute, nos convertimos en la clásica persona a la que todo le sale bien. Nuestras relaciones serán fáciles, y si, somos sexualmente activos, gozaremos de un gran número de relaciones. Por norma, las personas que llegan a la vida marcadas por una existencia de disfrute, agotan pronto su energía vital, y mueren en accidentes o tras rápidas enfermedades.

   Juan Ramón dejó el segundo plano del dolor y el miedo, anhelando que la próxima fuese para él una experiencia vital de descanso. Esperanzas y miedos, siempre presentes en lo nuclear del ser humano. En nuestro interior creamos lo ancho o estrecho que será el mundo que nos rodea en función de nuestra comprensión. Cuidado con el miedo, no tiene edad, ni fecha de caducidad, asalta en el camino, prueba de continuo.

    Lo demuestra el caso de Carmelo. Nació en Madrid y murió en Torremolinos a la edad de cincuenta y tres años, de cirrosis. Era un hombre espiritual. No tenía familia, vivía de rentas. Había viajado a la India, buscado respuestas. Pero, al final de su vida, sintió miedo de que no hubiese nada más, de que todo se acabase con la muerte. Finalmente, se elevó en una sola semana, pero fue incapaz de aceptar directamente la revisión de la luz, debido a ese postrero miedo que le invadió. No podemos bajar la guardia en ningún momento. La realidad del miedo es nuestro sentimiento. Si sentimos miedo, éste vendrá y traerá su despótico reino de terror que inundará nuestro interior de densas emociones y bajas vibraciones.

    Un bloqueo frecuente en el capítulo de los esquemas son las propias culpas. Hemos crecido en un ambiente de retribución. Si somos cariñosos, recibimos cariño; si estudiamos, sacamos buenas notas; si trabajamos, tenemos un sueldo; si amamos, nos aman. El Dios que nos muestra la Biblia obedece al mismo concepto. Malditos los que rechacen y transgredan la Ley, benditos los que la acepten y cumplan. La llamada historia de salvación, nos muestra la tortuosa relación que durante siglos el pueblo hebreo mantiene con su Dios. Una relación que tiene cuatro movimientos concretos. El pueblo peca, es decir, incumple la Ley o mandatos de Dios, Dios castiga al pueblo, el pueblo se arrepiente, y Dios perdona. De tal guisa, necesitamos el arrepentimiento antes de obtener el perdón de Dios. Es ahí donde nos lleva el esquema. Y la realidad muestra que muchas personas mueren sin haber tenido tiempo de arrepentirse. No es que necesitasen hacerlo, es que ellos creían que lo necesitaban, no lo habían hecho, y esperaban el consiguiente castigo.

    Es el bloqueo que sufre Miguel Angel. Nace en Granada, muere en la carretera, un accidente desafortunado, a los cincuenta y cuatro años. Estaba casado y tenía tres hijos. Fue agente comercial, lo cual le otorgó gran libertad de movimiento. La utilizó para correrse sus ratos en los que no faltaron mujeres. Se sentía culpable. Era un hombre casado, había cometido adulterio, había engañado, mentido, había muerto sin esperarlo, ni siquiera había tenido tiempo de arrepentirse. A pesar de todo, Miguel Angel no tardará demasiado en elevarse, en tres semanas lo conseguirá, tras entender que no existe el pecado, sólo la responsabilidad de los actos efectuados.

     La misma edad que Miguel Ángel, tenía Juan Francisco. Murió de un ataque cardíaco. Era una entidad reservada, veremos en el capítulo correspondiente, que no es algo infrecuente. Nunca dio datos de su vida. Sólo la edad y que fue comercial en una empresa de maquinaria agrícola. Su obstáculo para alcanzar la revisión de la luz en el quinto plano, era la culpa que le ocasionaba el pensar que no había hecho nada importante en su vida. Sentía que había vivido sin haberlo aprovechado para aprender y mejorar. Lo que Juan Francisco sentía, de lo que se lamentaba, era de entender que pudo haber hecho más, y, por comodidad, nunca lo hizo, llegando más lejos en sus emociones y sabiduría. Pero, precisamente, sentir que no había aprovechado la vida como debía, le ayudó a elevarse pronto, lo hizo en una semana. Decidió que era hora de cambiar de actitud, y tomarse más en serio la aventura del Ser siempre jamás.

    Esquemas. Con nuestro pensamiento creamos una realidad que existe porque la hemos creado nosotros, nos torturamos con ella: porque no quisimos creer, porque pensamos que luego no habría nada, porque hicimos lo que conllevaría un seguro castigo, porque nos sentimos vacíos y nos apena no haber hecho más y habernos esforzado más. Bloqueos creados con el poder de nuestro pensamiento. Aunque a veces, hacemos nuestro lo general, hacemos nuestras las asumidas creencias por la mayoría, las que nos harán sentir desconcertados y perdidos tras la muerte.

    Salvador murió con sesenta y seis años. Era un hombre corpulento, de cuidado bigote y pelo corto, funcionario del Ministerio de Hacienda hasta su jubilación. Nació y murió en Málaga, de una crisis cardíaca. Era católico practicante. Pero tras su muerte sufrió al no encontrar lo que esperaba. Nos dicen que los muertos resucitarán, que llegará el reino de Dios a la Tierra, nos dicen que los difuntos descansan. Pero Salvador no lo hacía, ni entendió que el reino de Dios ya estaba operando en la Tierra desde hacía mucho, y menos que él, fuera tan divino, como lo era Jesús. Los planteamientos ortodoxos, dogmáticos, cerrados a cal y canto tras el escudo de la revelación, desconciertan cuando contemplamos lo que realmente somos. Nos lo explican mal. Pero quien busque el amor, sabrá perdonar y apartarse sin hacer ruido contra sus hermanos, que insisten en que Jesús fue el único Hijo de Dios, y que en él y por él, todos seremos salvos. Por esa regla, renuncian a ellos mismos, a sí mismos, en favor de otro, algo a lo que nunca les incitó Jesús, pero algo, a lo que desde mucho tiempo atrás, invita la iglesia católica, merecedora en verdad de la más honda compasión. Costó tiempo elevar a Salvador. Llevaba años en el segundo plano. Un sobrino y una sobrina le ayudaron con sus oraciones desde este nuestro plano. Consiguió elevarse, consiguió desprenderse de lo que otros hicieron para él una verdad, que luego no se correspondía con lo que acontecía, causándole sufrimientos y desorientación.

    Diecinueve años después, falleció la señora de Salvador, Araceli, con ochenta y cinco años. Había nacido en Macharaviaya, y murió en Málaga a causa de un derrame cerebral. Araceli, al igual que sus hijos, no participaron en la elevación de Salvador. Todos eran católicos practicantes y no aceptaban nada fuera de la ortodoxia impuesta por la jerarquía eclesiástica. Araceli, tras su muerte, sufrió el mismo bloqueo que su marido. Se elevó en tres meses. Tardó menos que su marido, pero, como a él, una creencia que, en teoría, debía abrirles las puertas del cielo, les había impedido acceder directamente y con naturalidad a la necesaria revisión de la luz. Esquemas.

5.- Quisieron ser guías

    Son menos frecuentes, los casos en los que los fallecidos pasan del dolor y la preocupación, a la luz y a la ocupación, ejerciendo de guías de personas queridas. Sucedió con Manuel, quien nació en Sevilla y murió en la misma ciudad a los ochenta y dos años, de forma natural. Su gran preocupación, lo que le impedía elevarse, era una nieta. María Concepción, tenía treinta y seis años, la había criado el abuelo. Ella, a su vez, con el paso de los años, cuidó de él. Los hermanos de María Concepción, por motivos de trabajo, se fueron marchando a otra ciudad. Ella se quedó en Sevilla, Manuel ya no estaba, y tenía problemas de índole familiar. María Concepción, sentía que le faltaba el consejo de su abuelo, el que disfrutó durante tantos años. Echaba de menos a la persona con la que vivió desde siempre, y eso apegaba a Manuel. Como en tantas ocasiones, en la ausencia Manuel sigue presente. María Concepción pedirá ayuda, guía, no puede imaginar que es lo que hallará a la postre, en el sentido más literal. Todo lo que desea Manuel es ayudar a su nieta. En cuanto oye que podrá hacerlo si así lo demanda, no tarda en elevarse decidido a ello. Su mayor preocupación es María Concepción y no le importa otra cosa que no sea convertirse en su guía.

    Hay guías familiares y otro tipo de guías. Ahora, sólo nos referiremos a los primeros. En la última parte del libro, dedicaremos un espacio a los guías y a los Maestros.

    Así que Manuel se elevó, se revisó en la luz, para ver hasta dónde alcanzó en su evolución en la experiencia vivida, y ver también lo que quedaba por hacer. Una vez superado el dolor y revisado, eligió regresar junto a María Concepción para convertirse en su guía. No nacerá, no tendrá cuerpo de carne y sangre. Su ayuda no será demasiado concreta o establecida, rondará siempre el terreno de lo sutil, del barrunto. El guía familiar nos acompaña de continuo, nos envía ideas a través de intuiciones, intervendrá en aquello que le permitan ayudarnos. ¿Quién se lo permite? Nuestro Maestro. Todo el mundo tiene uno. El guía familiar tratará de evitar o disminuir daños en accidentes que podamos sufrir o suframos, enviará su energía positiva cuando estemos bajos, tristes o faltos de ánimos, en conjunto, cuidará de nosotros todo lo que le permitan hacerlo. Así que María Concepción, camina en la vida con su guía, quien fue su abuelo, y no quiso apartarse de su lado después del tránsito de la muerte. María Concepción no es una excepción. Hay muchas personas que disponen de este tipo de guías familiares. Oír sus consejos, recibir la guía que han decidido ofrecernos, dependerá las más de las veces de lo atentos que sepamos estar a nuestra voz interior, a intuiciones e ideas que, en ocasiones desechamos, por el simple hecho de sorprendernos cuando nos llegan, como si de manera inexplicable nos diésemos cuenta de que tal idea o pensamiento no puede ser nuestro. María Concepción goza de la guía de su abuelo difunto desde hace años. Así lo eligió Manuel, pero también la nieta contribuyó a que sucediera, ninguno quiso resignarse a separarse, ninguno de los dos lo aceptaron.

    Algo muy similar le ocurrió a otro abuelo, también se llama Manuel. Esta vez no sabemos dónde nació. Murió en Málaga con ochenta y seis años, de cáncer. Le bloqueaba el hecho de tener que alejarse de sus nietos, en especial de uno de ellos. También, en esta ocasión, el deseo de guiar a la persona querida, crecerá convirtiéndose en la primera motivación para superar el dolor. En tres meses, el abuelo se marchará resuelto a la revisión de la luz, con el afán de recibir el consejo necesario para convertirse en guía de uno de sus nietos.

    Niños, hombres y mujeres, en un alto número, caminan por la vida acompañados de sus guías familiares, algunos tienen otro tipo de guías, y todos tenemos un Maestro al que conocemos de vidas anteriores, al que elegimos para que nos ayudase en este empeño existencial en el que ahora nos encontramos.

    No estamos solos. Con el debido conocimiento, es imposible sentirse solo. Pero a veces, la mayoría de nosotros, llegamos a sentirnos solos, y hasta abandonados, quizá porque en el fondo y en la forma, somos oradores, no oyentes, es decir, nos desenvolvemos en la vida con actitud de disponer, exigir y tratar de convencer a los demás de nuestros criterios. Pocas veces nos detenemos y prestamos atención a lo que nos dicen los demás. Somos oradores empedernidos, nos apremia el tiempo, la angustia que su paso genera en nosotros muchas veces nos atropella. Queremos hacerlo todo con rapidez, decirlo todo con rapidez, finalmente sólo queremos hablar nosotros, porque sentimos que ya no queda tiempo para que hablen los demás. Pocos saben oír y escuchar, prestar atención a lo que oyen. Por eso, porque solemos conducirnos mediante pensamientos desordenados, poco meditados, y atropellados, la mayoría de las veces, no logramos oír con nitidez, recibiendo el regalo que procede del consejo de guías en plenitud. Para disfrutar de sus regalías, consejos, de los sutiles pensamientos y la energía positiva que nos envían, hay que saber oír, pero, sobre todo, hay que saber oírnos, hasta entender que dentro de nosotros vive mucho más que un cuerpo; hasta entender que nuestro cerebro, ese órgano tan poco aprovechado, que no está ahí para ocupar un espacio, sino para ser desarrollado, también opera como receptor de ideas, no sólo las produce, igualmente, las recibe. Para disfrutar de la ayuda de nuestros guías familiares, tendremos que apaciguar nuestro cuerpo y sentir nuestro espíritu, entonces, en momentos de dudas, difíciles, cuando surjan los problemas, pensaremos en ellos, los convocaremos, y ellos hablarán, pero no con palabras. La palabra sólo es la segunda generación del milagro. Lo primero fue el pensamiento. Hay que pensar lo que se dice, antes de hablar. Ellos, los guías familiares, hablarán mediante pensamientos, llegarán barruntos, ideas, intuiciones. Llegará ánimo, calor, compañía, sensación de gozo y estima. Ellos, así lo eligieron, y se toman su labor muy en serio.

    El mundo de la materia crea una visión tiránica. Sólo da por existente aquello que puede ver con los ojos de la carne. Pero la energía no se percibe con esos ojos, a menos que, como en el caso de Mati, dispongamos de dones videntes. Sin embargo, aunque la mayoría no pueda apreciarla, reparar en ella, la energía existe, como existen los guías familiares, sus consejos y desvelos por aquellos a los que cuidan de continuo por decisión propia.

    Pero, veamos otros casos, botones de muestra, que nos harán entender lo que resulta más común de lo que nunca pudimos imaginar. Araceli nació y murió en Málaga, su cuerpo se apagó mientras dormía, tenía setenta y ocho años. Era madre de dos hijas. Desde su fallecimiento, una de sus hijas, adoptó una actitud de aguda pena por la pérdida de la madre. La hija, incapaz de hallar consuelo, evidenciaba una debilidad interior y una falta de ayuda que su madre, ahora desde el otro lado, más allá de la materia, podía percibir con claridad. Araceli, no quiso dilatar su elevación, apenas supo que podría desde donde estaba, ayudar a su hija. Enfrentó con rapidez la revisión de la luz marchándose al quinto plano, expresando su amor, para regresar lo antes posible junto a su hija, como guía.

    Cuando dejamos la carne vemos con más alcance, entendemos, de forma más clara, y los vínculos que existieron, pueden mantenerse de manera estrecha, si los que se marchan, así lo estiman oportuno, así lo deciden. A estas alturas, reiterar que la libertad y nuestro entendimiento nos acompañan en todo momento, insistir en que nadie nos juzga ni nadie nos obliga a nada, seguramente, resultará innecesario y hasta enojoso; sin embargo, habrá que hacerlo, en pro del despertar de algunos, y de mermar en lo posible, los destructivos esquemas asumidos del contexto social, que tanto daño pueden llegar a causarnos.

    La hija de Araceli, ahora, camina con su guía familiar. Su consuelo estriba en que siente cerca a su madre, sabe que no la ha perdido, tal vez, en lo más profundo de su alma, entienda que todavía no está preparada para alejarse de ella. Sea como fuere, Araceli enfrentó la revisión de la luz, desdeñando el dolor, para regresar y estar cerca de su hija, ahora es su guía, sigue a su lado, y, dentro de sus posibilidades, le ayudará de continuó en todo lo que necesite.

    Pero, no sólo sucede cuando los que se marchan son abuelos, o madres o padres. También sucede cuando los que se van, son los hijos. Hay un caso que ilustra con fuerza lo que decimos. Es el de Fernando. Murió con sólo dieciocho meses. De tumor cerebral. Nació en Málaga y falleció en Madrid, donde sin éxito se le intervino quirúrgicamente. Su madre tenía entonces veintiocho años, el padre treinta y uno. La madre quedó destrozada, incapaz de asimilar la pérdida. El padre, ausente, se encerró en sí mismo, se aisló, tal como si no creyese lo ocurrido, empeñado en no aceptarlo. Se ayudará a la madre que es quien lo demanda. Fernando, ante la pena de los padres, tardará en elevarse todo un año. Finalmente, aceptará la revisión de la luz, para regresar como guía de su madre. Con una conciencia más elevada, con un mental más limpio. A la postre, la madre comprendió que había ganado una especie de ángel de la guarda, y se consoló en la pérdida. Costó, pero se consoló. También el marido. Con el tiempo, el joven matrimonio, volvió a emprender la maravilla de la reproducción, y tuvieron una hija.

    Cuando decimos que Fernando regresó junto a la madre después de afrontar la inevitable revisión de la luz, con una conciencia más elevada, nos referimos a que lo hizo disfrutando de una mayor comprensión de aquello que diferencia el mundo de la materia y el espíritu. Huelga decir, que las entidades que asumieron regresar como guías de personas, recibieron, como no puede ser de otra forma, tras la revisión de la luz, instrucción y consejo, para realizar la labor elegida.

6.- Libres y discretos

    Hemos hablado del segundo plano o nivel de conciencia. Fijamos la atención en casos donde el miedo y el dolor crearon bloqueos, nos detuvimos en distintos apegos del alma, y en los esquemas que pueden frenarnos; hemos visto, cómo algunas entidades, deciden superar la culpa y enfrentar la revisión de la luz, sólo para regresar como guías, junto a personas que aman y les preocupan. Pero, esta parte, quedaría inconclusa, si no mostrásemos con claridad, algo que se ha repetido aquí y allá. La libertad nos acompaña. Nosotros elegimos. Elegimos el cuándo nos elevamos, elegimos, incluso, el modo de pedir ayuda. Elegimos, cada cual interpreta, según su entendimiento. Decimos, que la libertad nos acompaña, y lo hace, incluso, en el modo de pedir ayuda.

    A Mati, algunas entidades, se les aparecen sin mostrar su aspecto. Los fallecidos, pueden elegir entre dejarse ver, o mostrar únicamente su energía. En tal caso, Mati no podrá aportar ningún rasgo del físico que la entidad disfrutase durante su vida en el primer plano. Algunos, prefieren obviarlo todo, nombre, edad, causa de la muerte, razones por las que están sumidos en el dolor y permanecen en el segundo plano; prefieren no decir nada de ellos mismos, salvo lo esencial y perentorio.

    Es el caso de una entidad, al que tendremos que llamar, desconocido. Lo único que pedía a Mati era que orase por él, demandaba plegarias para su espíritu. Pero no ofrecía ninguna información sobre él, nunca dijo porque necesitaba, con tanto apremio, las oraciones que pedía. En una semana, tal como llegó, dejó de hacerlo. Se elevó, parecía alguien seguro, conocedor de sus propias necesidades, no quiso compartir nada de él o ella, y se marchó a la revisión de la luz después de recibir las plegarias que tanto le aliviaron.

    En este capítulo, nos toparemos con una realidad inalterable: nosotros elegimos. Como hizo Juan. Tenía cuarenta años. No compartió la causa ni el modo de su muerte. Aseguraba no encontrarse mal, pero tampoco deseaba abandonar el mundo que había conocido, en el que vivió. Nunca explicó si era porque había gente que le importase, o por alguna otra razón. Lo cierto era que no deseaba marcharse. Eso manifestó. Una vez más se dan dos constantes: la de no mostrarse con claridad y la demanda de oración. Juan obtiene las oraciones que solicita. Las recibe y se eleva, sin más. Es el caso de elevación más rápido de los cientos en los que ha participado Mati. Se oró por Juan, se charló con él, y no hizo falta más. En una sola charla, en una única sesión, Juan se elevó, saliendo del plano del miedo y del dolor.

    Tampoco Loli se mostró. También ella receló o prefirió no compartir nada que no fuese lo imprescindible. Dijo llamarse Loli, dijo ser española, y que había muerto a los treinta y cinco años. Loli demandará oraciones. Es algo que no debemos olvidar. El mejor modo de ayudar a los que se han ido y se han bloqueado por las circunstancias que sean, quedando en el segundo plano o nivel de entendimiento, siempre será orando por ellos, dedicando plegarias por sus almas y espíritus inmortales. En esas plegarias, los que sufren, dudan, se sienten culpables o tienen miedo, encontrarán fuerzas para desplegar el pensamiento y enfocarlo hasta donde tiene lugar la revisión de la luz que necesitan. Hablaremos de la fuerza de la plegaria en el próximo capítulo. Ahora diremos que Loli sólo necesitó una semana de oraciones para elevarse.

    En todos estos casos, y en otros que veremos, Mati nunca preguntó más allá, ni apremió de ningún modo a la entidad. Cuando ayudas a elevar a entidades con bloqueos, aprendes algo incontestable, ellos deciden, son libres. La oración, la plegaria, los consejos y la atención, les orientan, pero, como no puede ser de otra manera, son ellos, los que tomarán la decisión que fuera. La de seguir en el segundo plano, dando pábulo a miedos y dolores, o la de elevarse, contemplando el sentimiento del amor que necesitan, para alcanzar el plano del Amor expresado.

    El siguiente caso lo protagoniza José María, un chico joven, muere con veinticinco años. De un ataque cardíaco. Nunca fue consciente de haber sufrido problema alguno de corazón. Se bloquea por el estado de pena en que su muerte sume a la madre, y porque le cuesta comprender la realidad de la marcha. Hasta que no aceptamos, hasta que no comprendemos, hasta que no asumimos, sufrimos. Sólo la amplitud de pensamiento, creará manifestando sentimientos capaces de enfrentar la grandeza de la vida. De José María, sí disponemos de datos, él no tuvo problemas en presentarse tal cual era. No muy alto, rubio, de complexión atlética, de hecho, le gustaba practicar distintos deportes. Había nacido en Villanueva de la Concepción, murió en Málaga. Trabajaba en un almacén de un polígono industrial de la ciudad. Su madre era viuda, tenía dos hermanas y un hermano, todos de menor edad que él, todos estudiaban. El sueldo que José María ya no ganaba, dejaba mermada la economía de la familia. Era otra especie de culpa, de dolor, que le seguía apegando. No comprendía la razón de que le hubiese ocurrido tan joven, cuando nunca tuvo noticias que padecía del corazón, cuando estaba claro que su madre y sus hermanos lo necesitaban. José María tardó un mes en aceptar la nueva situación de su existencia. Tardó un mes en elevarse entendiendo al fin que cerrarse, negarse a la realidad, no era manera de enfrentar la grandeza que nos rodea.

     Ahora, un caso peculiar. Distinto a muchos otros. La protagonista, acude a Mati, antes de morir. Está enferma de cáncer. Busca ayuda. Pero ya no se puede hacer nada. Es demasiado tarde. Ella lo comprende. Se llama Ana, murió con cuarenta y dos años. Ni en vida, ni después de morir, dijo mucho más de ella, salvo que tenía marido, y que trabajaba en una fábrica. Ana se sintió cómoda con Mati, seguramente porque la había atendido no creándole falsas esperanzas. Era una mujer discreta, reservada, pero también segura. Se elevó en una semana en la que recibió plegarias, atención y el amor que necesitaba para ir a la revisión de la luz.

     También tardó una sola semana en elevarse Félix. Se mostró regordete, casi calvo. Fue albañil. Se cayó de un andamio. Nunca habló de hijos, de esposa, de nietos o padres. Sólo dijo que había muerto en Marbella, no desveló donde había nacido. Su bloqueo consistía en que pensaba seguía viviendo y que continuaba en el primer plano. No entendía que fuese de otro modo, porque para él, en su mente, estar muerto, siempre fue otra cosa bien distinta. Como seguía sintiendo, viviendo, sufriendo, en su confusión, pensaba que no había fallecido. Aunque no cuesta demasiado hacerle comprender. Es un bloqueo de situación, no hay dolores, penas enormes, culpas que afligen, no hay lágrimas de familiares desconsolados. En el caso de Félix se trataba únicamente de hacerle comprender que había salido del primer plano, del mundo de la materia, que el universo y la vida era mucho más que eso, y que le esperaba la revisión de la luz donde hallaría sentido, comprensión, conocimiento de su propia evolución y opciones para seguir creciendo en la aventura de la existencia.

     En ocasiones, por las causas que fueran, la desorientación de los que se marchan puede ser aguda. Como ocurrió en el caso de Maribel. Estaba perdida, completamente confusa. No desveló su edad, ni donde había vivido, ni la forma de su muerte, ni siquiera recordaba nada de ella misma que no fuese el nombre. Durante una semana esta misteriosa entidad visitará a Mati mostrando únicamente su energía. Maribel, demanda oraciones, las recibe, se eleva. Nunca dijo nada de ella más allá de su nombre. Mati preguntó a los Maestros y éstos le confirmaron que Maribel había enfrentado la revisión de la luz.

     Discretos, confundidos y desorientados, recelosos de compartir; de estas y otras formas se manifiestan, haciendo uso de su libre albedrío, las entidades que se acercan a Mati, ansiosas de recibir atención y plegarias.

     Sigamos con un caso donde apreciamos la influencia de los que quedan respecto a los que se van. Vimos anteriormente cómo la pena de los familiares puede apegar a este plano a los difuntos. Veamos ahora, la positiva influencia en la dirección opuesta. Es el caso de Julia. Desconocemos su edad. Nació en Granada, y murió en Madrid, de cáncer. La hija de Julia acudió a Mati en busca de conocimiento y fortaleza. Ella se encargó de cuidar a su madre en la última etapa de la enfermedad. La hija obtuvo conocimiento, se preparó para lo venidero, fortaleció su espíritu, se le habló de los trabajos del alma en cada vida, del continuo aprendizaje, de la evolución y la movilidad de la existencia. Se le ofreció consuelo mediante el entendimiento, y ella, sin duda, lo entregó con amor a su madre, lo cual le ayudó, pues al poco de morir, se elevó con facilidad.

     Cuando se vence el miedo, cuando se administran los apegos, una vez se quebrantan los esquemas que se empeñan en negar la vida y su eternidad, las entidades quedan debidamente dispuestas para acudir a la revisión de la luz.

     Pero, a veces, el apego se crea en la ayuda, no es frecuente, no debe ocurrir, quien dispensa ayuda no ha de suponer un freno, pero, como la libertad existe, también puede darse el caso. Aunque, en esta ocasión, es un freno, como veremos, a la postre muy positivo. Fue el caso de Agustín. Español, que no habló de las circunstancias de su muerte, ni desveló nunca su edad, aunque, por su aspecto, podría tener cuando murió unos cincuenta y cinco años aproximadamente. Era oriundo de Alhaurín de la Torre, murió en Málaga. Nunca explicó cómo. Agustín era una entidad sencilla. Había trabajado en la construcción como albañil. La ayuda que recibe de Mati supone para él una verdadera revolución interna. Disfruta conociendo lo que antes ni siquiera imaginó existía. De tal manera, rechaza la revisión de la luz, la posterga, empeñado en conocer, disfrutando de ir atesorando mayor conocimiento sobre la vida y su palpitante eternidad. Durante un largo año, no se elevará, permanecerá junto a Mati. Agustín crece en conocimiento. Pero eso no le impide hacer algunas travesuras. Cosas, como tirar un mazo de cartas de una mesa al suelo, o disponer rotuladores de colores dispersos por las escaleras, uno en cada escalón. Lindezas parecidas con las que llama la atención. Es lo que traen la confianza y afinidad que, inevitablemente, con el paso del tiempo, se crea entre la entidad que recibe la ayuda y la persona que le dispensa la misma. Pero Agustín aprovechó bien ese año. Comenzó perdido, confuso, y terminó enfrentando la revisión de la luz, deseando convertirse en guía. Esta vez, no de una persona querida o un familiar allegado, esta vez un guía de un grupo de conocimiento. Sintió que lo mucho que había recibido le obligaba a ayudar a otros. Actualmente, Agustín, ya revisado en la luz, ha conseguido lo que deseaba. Ayuda como guía a un grupo de conocimiento, en Murcia.

     Casos para todos los gustos, tan particulares como las entidades que lo protagonizan. El que cierra el capítulo, no dejará dudas, de, hasta que punto, somos realmente libres, y nadie nos obliga a nada. Jacinto murió con veinticuatro años, de sobre dosis. Se inició en la heroína, desde su infancia arrastraba un dolor que no había podido superar. Su madre lo tuvo siendo ella aún muy joven. De una u otra manera lo había rechazado. Él así lo sentía. Su madre nunca lo había querido, Jacinto jamás se había sentido cuidado, atendido. Con el tiempo tuvo otra hermana, la actitud de su madre cambió, es decir, atendió a la hermana, pero a él, lo siguió rechazando. Así había crecido Jacinto. Eso le había marcado, le había convertido en un joven confuso, débil, inseguro. Cayó en la implacable dureza de las drogas duras y acabaron con él cuando todavía quedaba mucho por hacer y superar. Le costó elevarse. Pero no hablaremos de su elevación. Su caso va más allá. Ahora no importan los meses que en su día empleó Jacinto para vencer el trauma de su muerte. Eso ocurrió hace más de dos lustros holgados. Interesa hablar de su actual estado. Porque cuando superó el bloqueo y fue a la revisión de la luz, Jacinto supo que lo mejor que podía hacer era regresar, probar una nueva vida, asumir un nuevo papel en la plataforma del plano de la reproducción y la supervivencia, en pro de continuar con su evolución. Lo supo, lo asumió, lo aceptó. Pero, luego, sintió reparo, vino la duda, el recuerdo. Allá no es como acá. Sí hay recuerdo de lo que somos y fuimos. El recuerdo. Era inevitable tener una nueva madre. El nacimiento. La infancia. Su última infancia no resultó nada agradable. La duda. El reparo. El lugar donde se halla. Ya no está en el segundo plano. Superó dolores, se revisó en la luz. Allí sigue, en el quinto nivel de entendimiento. Tiene empeño y misión que cumplir, pero se demora. Su existencia ahora es placentera, no tiene ninguna prisa por interpretar el nuevo papel que se le ha asignado. Esta vez no es un caso de subida, el bloqueo se produce en la bajada. La entidad tendrá que pelear para enfrentar el camino que le fue trazado buscando su propia evolución. No es un bloqueo superfluo, pues Jacinto ya está revisado, él, donde está, está bien. Conoce lo inclemente y duro que puede llegar a ser nuestro plano, y eso, contribuirá a que se demore, algo que no debe hacer, pero algo que nadie le impedirá, si la duda o la pereza del bienestar donde se halla, lo invitan a ello. Jacinto es un caso abierto, no cerrado cuando se escribe este libro. Se sigue trabajando en él, se suman las semanas y los meses.

     Cada entidad es un mundo y la eternidad nuestro hogar. Transitamos y es necesario asimilar que nuestra voluntad es soberana. En este tipo de caso, Mati se ve obligada a cambiar de discurso. Esta vez hay que convencer a una entidad para que regrese al plano, hay que insistir en la necesidad de experimentar, en la sabiduría emocional que hacerlo reportará a nuestro espíritu. Nos movemos en la dilatada y holgada casa del Padre, transitamos por sus estancias y dimensiones en función de lo que necesitemos para crecer y comprender. Esta vez, Mati se ve obligada a cambiar de discurso, pero quizá, y aunque no en la forma, en el fondo, sea el mismo discurso. Pues todo lo que es, lo que acontece, lo que sucede, se piensa e imagina, transcurre, dentro de los perímetros del reino de Dios, en el marco de las realidades regaladas como plataformas para manifestarnos.

7.- El único emoliente

    Llegados hasta aquí, a nadie puede escapársele la siguiente realidad. Si, después de nuestra vida, nuestras vibraciones nos conducen al segundo plano, al nivel del miedo y el dolor, sólo y únicamente, podrá ayudarnos a salir de allí, nuestro entendimiento. Recordemos, somos lo que pensamos, nuestro alcance, dependerá de nuestra comprensión. Nuestro desarrollo interno, evolutivo, nuestra capacidad como espíritus y almas inmortales, es lo único que logrará sacarnos de la postración, eludir los sentimientos de dolor y miedo que pudieran embargarnos y detenernos. Aunque en realidad, decir que nos detienen, es hablar indebidamente. Nada está inmóvil. Tampoco las culpas, los miedos, los dolores. También ellos van evolucionando. Primero nos llenamos de ellos, nos saciamos de ellos, nos hastiamos de ellos; luego, la entidad, va comprendiendo que la amargura acaece sólo porque él la alimenta, entenderá a la postre, que existen mejores maneras, formas más plenas de disfrutar el siempre jamás.

   Todo transita, se mueve, crece, aprende. Así es en los universos paralelos, de tal modo sucede en las distintas dimensiones, creadas como plataformas donde se desarrollan los juegos que nos sirven de pedagogía. A estas alturas, vamos entendiendo, que lo importante es lo interior, y lo exterior, lo que vemos, lo que nos rodea, es la estética que muestra la plataforma, es la ilusión del plano de la materia. Pero eso, no es lo esencial. Lo nuclear, lo perentorio, lo indestructible, está dentro de nosotros. El exterior obedece a la necesaria ilusión donde nos manifestamos. Pero dentro, encontramos la verdad que está en nosotros. El encuentro con esa esencia, llega de manera deslumbradora, tras la salida de este plano. Luego vamos a la revisión de la luz, para comprobar la realidad de nuestros sentimientos, en función de ellos, y las vibraciones que los mismos generen en nuestro nuevo cuerpo, buscaremos la armonía que expresemos en uno u otro plano.

    Eludir el segundo nivel es, sencillamente, evolucionar. En ocasiones, cuesta, porque acabamos allí por la agresión brutal que sufrimos por otros. Pero incluso cuando nos asesinan, incluso cuando nos roban con violencia la oportunidad de experimentación que disfrutábamos, llegamos al perdón, pues es necesario vibrar en el amor para contemplar el quinto nivel. En realidad, no existe el mal, sólo existen las experiencias. En ellas nos curtimos. Mientras, vamos interpretando. A veces, encarnamos el papel de víctima, otras, somos el verdugo; en ocasiones, necesitamos encarnar al conquistador, y algunas, tenemos que vivir como los conquistados, para aprender lo que nos falta en nuestra evolución.

    Por lo mismo, las entidades que, elevándose, finalmente se marchan del plano del miedo y del dolor, lo hacen fortalecidas, comprendiendo que lo que acaeció, sucedió en el empeño pedagógico de la existencia de otorgar, tras la experiencia, el necesario crecimiento. Aquello que vemos como malo, y lo otro que percibimos como bueno; todo lo que nos sucede, llega para nuestro conocimiento, para nuestro entendimiento, para que tomemos cabal conciencia de lo que hay dentro de nosotros, para que perdamos el miedo, desterremos el ideal del fracaso y, el otro, no menos traumático, de perdedores. Nadie fracasa, nadie pierde. Todos aprenden. Los que ganan, los que pierden, los que tienen éxito y los que, a los ojos el mundo, fracasan. No nos dejemos engañar por la transitoria apariencia de la materia. Es la ilusión. Lo que permanece, aquello que resulta del todo indestructible, está en nuestro interior. Lo que crece, lo que tiene que hacerse sabio, es lo que habita en nuestro interior.

    Pero despertar, inmersos, rodeados por lo material, a veces se nos antoja tremendamente complicado. Los esquemas, todos sus horarios y apremios, los valores manidos, manoseados pero mantenidos a ultranza del mundo de la carne y la sangre, terminan por hacernos perder la perspectiva de la existencia. En esa pérdida de perspectiva, en ese anonadamiento del espíritu, conocemos el estancamiento. Es temporal, pero es estancamiento. No crecemos, y eso, no se contempla en la eternidad creada. De hecho, la ausencia de crecimiento es una de las principales causas que generan los dolores y miedos del segundo plano. Siempre se avanza, nada es inmóvil. El dinamismo universal nos exige un continuo crecimiento.

    Bajo la dirección de la Maestra Ascendida Marta, Mati coordina, como se dijo en su momento, a un grupo de personas que oran día a día por entidades que sufren bloqueos y temporalmente habitan el segundo plano. Dijimos que en este capítulo se hablaría de la plegaria, y este es un gran momento para hacerlo. Las personas que desde nuestro plano, diariamente, alzan sus oraciones por los que ya no están entre nosotros y habitan el segundo plano, realizan una preciosa labor, en verdad valiosa. Lo es si tenemos en cuenta que en el segundo plano no habitan los Maestros. Ellos están en planos superiores, sus vibraciones no les permiten permanecer en un nivel de vibración tan densa. Pero los que sufren, mediante el poder de las oraciones que reciben para su bienestar espiritual desde el primer plano, sí pueden dirigir su pensamiento creador hasta niveles más altos, si pueden contemplar la necesidad de la revisión de la luz y la vibración que necesitan para alcanzarla. O dicho de otro modo, desde aquí, desde el plano de la materia, y con la fuerza de nuestro pensamiento y la plegaria, podemos conseguir que los que sufren, eleven su conciencia, y terminen entendiendo gracias a un cabal conocimiento, que están donde se encuentran por sus propios pensamientos y los consiguientes sentimientos que éstos generan.

   Con la plegaria, con la sencilla pero reconfortante y siempre poderosa oración, se vivifica el espíritu. El dispensador de oraciones, la persona que trabaja con una vidente que a su vez es dirigida por una Maestra Ascendida, regala día a día lo mejor de sí mismo, para que otros lo contemplen, y el gozo de hacerlo, despierte en ellos deseó de multiplicarlo en sí mismos. No olvidemos que una vez descarnamos nuestro alcance y sentimiento es superior. Disponemos de capacidad para percibir otros niveles vibratorios que existen paralelos. El tiempo no existe tal y como lo conocemos, tampoco el presente, el pasado y el futuro se nutren de la actual perspectiva. Desde el otro lado, comprendemos lo que la oración nos da y el alivio que genera para nuestro espíritu.

    Con la plegaria no sirven estadísticas, en realidad es difícil aplicarlas cuando al sentimiento se refiere. No podría decirse que se consiguen dos o tres o más elevaciones todos los meses. Cada caso es un mundo, porque cada entidad lo es. Ellos no perciben el tiempo como nosotros, y cada uno necesita superar su particular y concreto bloqueo. La estadística es muy difícil de aplicar cuando hablamos de elevaciones. Pero, día a día, se envían pensamientos a entidades que necesitan atención, luz y fortaleza. Entre los que dispensan oraciones y aquellos que las reciben, se crea, inevitablemente, afinidades, es decir, los que oran, cuando aprenden a canalizar su energía, también reciben mensajes en formas de pensamientos, de los que son atendidos. Ni estamos tan lejos de los que mueren, ni ellos nos sienten tan alejados. Lo que existe es, fuera de toda duda, ésta, y la especulación, son hijos inevitables de este plano donde venimos a manifestar con creatividad lo que somos.

    Lo importante, en cualquier caso, es entender que cualquier bloqueo, sea el que sea, puede superarse. Entender también que nunca estamos solos, que la soledad, es algo inexistente en la eternidad creada. Entender, finalmente, que somos nosotros mismos, con nuestro pensamiento, los que creamos las condiciones presentes y futuras de nuestra vida. O dicho de otro modo. Dios no se ocupa de otra cosa que no sea de darnos la vida y de que nunca estemos solos, de que siempre existan y se revelen las ayudas que fuesen precisas para que nos aconsejen en nuestro camino. Pero caminamos nosotros. Elegimos nosotros. Los responsables somos nosotros. No podemos seguir culpando a Dios de lo que tenemos o de lo que no tenemos. Dios es inocente de eso. Él nos dio potencialmente todo lo que necesitamos para, en nuestra elección, experimentar aquello que deseemos.

    Caminamos, elegimos, decidimos, y experimentamos según nuestras preferencias. En el aprendizaje del Ser siempre jamás, es así, porque existe la libertad de la entidad. Nadie impone nada, nadie te obliga a nada, ni nadie ni nada puede hacerte elegir lo que no desees. No hay pecado, eso es un invento de este plano, inventado por algunos para dominar a la mayoría. Existe la responsabilidad por los actos cometidos. Existe la superación y la evolución. Del ideal del pecado debemos desprendernos, para abrazar el otro incontestable de la libertad regalada. Entendimiento. Conocimiento. Hay que despertar. Tampoco debemos quejarnos. Hubo épocas más oscuras para el entendimiento. La nuestra, esta época, mal llamada de la Nueva Era, que en todo caso tendría que llamarse la Era Eterna, es un tiempo agradable para intentar la búsqueda del Ser. Al menos, hoy por hoy, en la mayoría de los países, el individuo goza de una serie de libertades que no le convertirán en anatema público por el simple hecho de buscarse a sí mismo. En épocas pasadas y no muy alejadas en el tiempo, disentir o buscar fuera de cauces oficiales y ortodoxamente establecidos, suponía una feroz oposición que las más de las veces terminaba en persecución y ejemplar castigo. El nuestro, es un tiempo propicio para el crecimiento.

    Hubo épocas más oscuras y difíciles para la búsqueda del Yo. Pero en ninguna, nadie podrá emprender por nosotros lo que únicamente nosotros tendremos que emprender. Conocer implica el deseo de conocer, la responsabilidad de hacerlo. Nadie te obligará nunca a nada, tampoco a que te intereses por lo básico, lo perentorio, lo indestructible; que te intereses por lo divino de tu naturaleza. Somos libres, también dioses, a imagen y semejanza fuimos creados, así fue, así es y así será. Eso es incambiable.

    Despertar también significa tomar conciencia de nuestra naturaleza. Habrá un antes y un después de nuestro despertar. Cuando lo hagamos, ya nunca seremos lo que fuimos. Vendrá un aliento inefable, una valentía irreductible, un sentido inalterable, desaparecerán dudas y desterraremos los miedos. ¿Miedos a qué, a quién? Somos eternos, se nos ama mucho más de lo que ahora podamos imaginar, somos seres preciosos y nada de nosotros se perderá nunca. Nadie tiene que salvarnos de nada. Sólo tenemos que aprobar la gran y única asignatura que se imparte en la escuela de la vida, aprender a Ser siempre jamás.

    Antes o después aprobaremos. Nada podrá nunca destruirnos. De nada, nunca, tendrá nadie que salvarnos.

 

Preguntas transcendentales

1.- ¿Qué es Dios?

    Cuando se lo pregunto a Mati, responde: “Para mí Dios no existe y a la vez es lo que es todo. Es todo y es la nada. Es la máxima expresión del movimiento y de la quietud absoluta. Es lo que creó el inicio que no puede tener inicio, y será el fin de aquello que no puede tener fin. ¿Cómo responder con una energía limitada sobre aquello que no tiene límite? No hay nada que pueda estar fuera de ese todo”.

    Ciertamente, es complicado responder desde nuestro alcance limitado sobre aquello que no lo es. Pero el intento vale la pena, pues a poco que nos apliquemos, comprenderemos al menos lo perentorio. Siendo todo lo que es, Dios se manifiesta a distintos niveles. Es la materia cuya sustancia constituye todas las cosas. Es tanto el flujo de tiempo entre las diferentes dimensiones, como la distorsión de tiempo que crea los universos paralelos. Es el espectro que sostiene el mundo físico, y a un nivel superior, es el pensamiento que nos mantiene, y permite la eternidad en el espacio. Dios ha sido es y será, la anhelante totalidad de la vida, extendiéndose, evolucionando y prolongándose hasta la eternidad. Así sostuvo lo que fue, permite lo que es, y hace posible lo que vendrá. Dios es el sublime proceso de pensamiento ilimitado que de manera continua crea vida. Es la esencia de todo lo que es, para existir siempre, extendiéndose, creando y cambiando. Dios no es un Ser poderoso que se siente a juzgar la vida. Dios es la totalidad de la vida. Su continuidad eterna. Pero a Dios siempre han tratado de robarlo, quisieron esconderlo de los ojos del hombre. Los teólogos de cualquier religión señalan que la esencia de Dios, su transcendencia y divinidad, en su sublime naturaleza, es algo que no puede ser comprendido bajo el prisma de conceptos humanos. Si aceptamos tal pensamiento profusamente divulgado, no podremos encontrar a Dios, percibirlo. Pensaremos que somos incapaces de hacerlo y seremos incapaces de hacerlo, pues nuestra voluntad es soberana. Pero Dios es amor completo y sin enjuiciamientos.

    La revelación dada por Maestros Ascendidos, enseña que al principio, no fue la palabra, sino el Pensamiento. En lo primigenio existía una Vacuidad, una nada, donde, sin embargo, todo era posible, en potencia lo era, pues el Espíritu dador de vida habitaba en el Vacío. En ocasiones, el hombre roza ese Vacío, a veces, cuando nos paramos y somos capaces de detener la mente, cuando da la impresión de que el mundo se ha callado a nuestro alrededor, nos recreamos en la nada de nuestro pensamiento adormecido, contemplamos el Vacío. En esos momentos fugaces, efímeros, hacemos lo que Dios hace. Porque Dios se contempla en todo momento así como toda la vida que es sin final. En un momento del pasado, sin parangón en la eternidad, Dios, para conocerse a sí mismo, se contempló, lo hizo de forma creativa, palpitante. Así continua la vida que trae como sostenedoras, a la conciencia y la energía, y a los siete planos, como plataformas donde desarrollar la existencia en sus pertinentes dimensiones.

     Vivimos, aprendemos, nos manifestamos en la Conciencia de Reflejo que generó la contemplación, mientras evolucionamos o involucionamos en función de, si nos acercamos o nos alejamos al Vacío, a la Fuente. Dios es la fuerza que es todo. Pero no es momento para la poesía. No diremos ahora que lo encontraremos en el navegar de las nubes y en el trino de los pájaros. Es momento para el entendimiento. Si Dios lo es todo, nunca te juzgará, si lo hiciera se juzgaría a sí mismo. Dios no es bondad o maldad, positivo o negativo. Dios lo es todo porque ama todo lo que existe, y tolera que todo exista y se manifieste. Dios tampoco es perfecto. Porque la perfección limita la vida continua, siempre cambiante, haciendo conocido lo que no se conocía, explorando en su exuberante inquietud. Dios es la esencia ilimitada y suprema del ser, y su amor es tan rotundo, tan sin fisuras, que nos deja crear nuestras ilusiones, los valores de bueno y malo, de positivo y negativo. Su amor es tan inmenso, que acoge lo que el hombre considera horrible y lo que el hombre considera divino. Absolutamente nada de lo que hayamos obrado o pensado, por espléndido o vil que sea, fue visto por Dios como diferente a Ser. Todo se manifestó dentro de los parámetros de vida que como sostén de su expresión fueron creados. Dios siempre Es. En su naturaleza no se contempla el error, ni el fracaso, todo ello son juicios humanos.

     El hombre ha creado a un Dios terrible, que memoriza cada falta y pecado para luego pedir explicaciones con severidad. Algunas iglesias, como la cristiana católica, tan presente en occidente, inventan nuevos pecados de continuo atormentando la vida de sus fieles. Pero eso no es Dios. Dios te ama, hagas lo que hagas, siempre te amará. Cuando lo comprendas, querrás Ser como Dios Es y nada en ti será reprobable. Debemos entender que cada cosa que existe simplemente es una parte del Ser que llamamos Dios Todopoderoso. Y que nuestros juicios, sobre el mundo, nosotros, la gente y Dios mismo, son ilusiones que hemos creado sobre la plataforma que nos ofrece este plano de la supervivencia y la reproducción donde nos encontramos. Dios Es. Será siempre. No enjuicia, sólo sostiene la vida haciendo posible la evolución. Dios conoce mediante nuestras experiencias, en ellas se contempla, porque nosotros somos sus Hijos, todos, sin excepción de razas, apariencias o nacimiento profetizado. Todos, sin discriminaciones teologales que pretenden ser sagradas e inspiradas. Dios es Ser. Tener miedo a Dios por algo que hicimos o imaginamos, es una solemne tontería, un pensamiento limitado que nos empequeñece de manera automática.

2.- ¿Qué soy yo?

     Tras inquirir, Mati me dice: “Yo soy una de sus infinitas expresiones, soy él sin ser Él. Tengo todas sus cualidades en potencia, pero sin el resto del universo no puedo expresarlo. No podré expresarlo hasta que no me sienta unida y la fuerza de ese sentimiento cree la unión con el resto del universo. Soy como la gota de agua del mar, que en potencia contiene las cualidades del mar, pero no puede utilizar esas cualidades hasta que no está unida a Él”.

     Cada uno de nosotros, es un privilegio. Pues somos dioses, creados por Dios, somos la primera y única creación directa de la Fuente de toda la vida. Fuimos creados a imagen y semejanza de nuestro diseñador. ¿Significa esto acaso que en nuestra mente está la mente de Dios? Más bien significa, que dentro de cada uno, hay un trozo del pensamiento divino, y así, cada cual, llegará a ser consciente de su verdadera naturaleza, de la manera que elija. Lo que define la cualidad dadora de Dios y el libre albedrío con que fuimos regalados.

     Por nosotros y nuestra causa, la vida muestra una manifestación pródiga de la inteligencia. Aunque estemos convencidos de lo contrario, somos preciosos, pues hemos contribuido y continuamos contribuyendo a que se manifieste todo lo que existe. Todos fuimos creados en el mismo momento, todos fuimos chispas de pensamiento emanando luz y nos prolongamos en la eternidad, nacimos cuando el Hacedor se contempló para conocerse, para expandirse, en un acto creador sin precedente. Llevados por nuestro afán de aventura, por nuestra infinita creatividad, los que fuimos luz sin formas nos hemos querido trasformar en la materia celular llamada humanidad. Que nadie se llame al engaño. Nadie está aquí por accidente, ni por casualidad. Es absolutamente causal, siempre existen motivos, y es por libre elección. Nadie nos juzga ni nadie nos obliga a nada que no estemos dispuesto a contemplar. Vinimos aquí porque necesitábamos la experiencia de ser hombre-Dios y mujer-Dios. Vinimos aquí, porque más allá de la carne, en un mayor alcance de entendimiento, antes de utilizar el nacimiento y perder temporalmente la memoria archivada en nuestra alma, llegamos a comprender que nadie abrazará a Dios en su excelsa y magna totalidad, a menos que antes haya abrazado la forma humana. Pues el reino de Dios, lo es todo, también la materia, la forma. Sólo cuando llegamos a nacer, a vivir como humanos, podremos llegar a expresar lo que Dios es en todas su formas de pensamiento. Por tanto, formar parte de la humanidad, es una experiencia sagrada puntuable para la evolución y el engrandecimiento del Ser. Nadie debiera pensar que ser parte de la humanidad, es un modo menor de vivir la divinidad que Dios y el hombre Son. Pues en este plano donde te encuentras, eres pensamiento, emoción, luz, materia y forma. Aunque no lo recuerdes, tu pasado es vasto, enorme, un rosario de vidas acumuladas; para tu entendimiento, las encontrarás todas, sumando otra, al fin de la que disfrutas. Todo lo que ahora te rodea fue creado para conseguir evocar y propiciar la emoción a los participantes de la aventura. Sólo es realidad la emoción que concluye en sentimiento, son esas emociones y sentimientos, los que archivará el alma, el resto es ficticio, sublime pensamiento convertido en materia, que conforma la plataforma donde puede realizarse el juego.

     Tú eres lo que pienses, lo que aceptes. Tu poderoso y creativo espíritu espera para tomar las riendas de tu vida, pero sólo lo hará si le invitas a ello. Tenemos que abrir los ojos, dejar que el tupido velo de la conciencia social resbale rostro abajo para, libre de brumas, enfrentarnos a la verdad interior. Apasiona el riesgo que supone esta realidad. Para llegar a la vida que disfrutamos, con el propósito de conocer a Dios en su totalidad, hemos demostrado valentía, afán de superación y arrojo. No en balde, existe la posibilidad real y frecuente de que nuestro Yo inmortal quede desfigurado por la materialidad del plano, hasta el punto de perder su verdadera identidad, quedando apegado a la supervivencia. Lo cual, resulta penoso, si no perdemos de vista que somos el siempre jamás. La razón de la vida, pues lo eterno y continuo, se creo para nuestro disfrute.

3.- ¿Qué es la muerte?

     Mati sonríe, luego asevera; “¿Existe? Para mí no existe la muerte. Es el paso que se da para poder empezar algo nuevo. Es como un viaje en tren. Bajas en la primera parada, compras algo de comer, te fumas un cigarro, das un paseo y vuelves a subir al tren. Luego, bajas en la siguiente parada, tomas un café; en la próxima, compras la prensa y lees tu periódico. Así parada tras parada, hasta llegar al final del trayecto, que es el final de tu destino, donde te esperan los tuyos. Cada parada será una vida. ¿Qué son los tuyos que te esperan al final del trayecto? Los tuyos son el universo, la energía de donde vienes y donde irás. “

     Aunque ahora tengamos una idea más clara y precisa de lo que es la muerte, no está de más, redundar sobre puntos básicos. Hay que entender que la muerte, es únicamente la del cuerpo, una vez éste se ha deteriorado, llega a su fin, pero no es el fin de la personalidad-yo. Hay vida después de la vida, y a estas alturas dedicaremos pocas palabras más en ilustrar una realidad tan cierta. La muerte es una especie de ilusión, pues lo que fue creado no podrá ser destruido jamás. Así, los que fallecen, si lo desean, regresarán pronto a otros cuerpos, a otras vidas, pues la fuerza vital que sostiene la vibración de todo lo creado, siempre está en movimiento, en continuidad. Cuando el cuerpo deja de funcionar correctamente y es incapaz de realizar sus funciones vitales, el espíritu retira la energía de él, y llama al alma, abandonando el cuerpo definitivamente. Todas las cosas tienen alma. También los animales tienen espíritus y almas. Llega luego la revisión de la luz, como sabemos se realiza en el quinto plano, en el del Amor expresado, también llamado paraíso, el primero donde se disfruta de la luz dorada. Pero también sabemos, que cuando dejas el cuerpo, tras la revisión de la luz, o antes de ella, si no la aceptas, vas al plano o nivel vibratorio que corresponde con la conciencia de tu entendimiento, que corresponde con los sentimientos que produzcan tus pensamientos aceptados.

     Así que seguimos existiendo, creciendo y disfrutando del milagro de la vida después del fallecimiento. Precisamente por ello, tendríamos que reflexionar sobre el modo en que solemos recibir la muerte. Cuando perdemos a alguien querido, raramente estamos a la altura de las circunstancias, raramente apoyamos con pensamientos ilimitados al difunto, pues nuestra actitud suele ser lastimera y débil, propia de los que no saben cómo enfrentarse a la grandeza de lo creado. Mantener la calma, orar para quien se va contemple la luz y sienta deseo de elevarse, sería más conveniente que sufrir en demasía por lo que no entendemos ni, en el fondo, queremos entender.

    A veces, nos gusta lo melodramático. A Jesús de Nazaret nos gusta mantenerlo en la cruz porque parece que nos regodeásemos con la culpabilidad de aquello que nos dijeron que murió a causa de nuestros pecados. Cuando se escenifica la pasión de Jesús, se le da mucha más importancia a la muerte, previa tortura y suplicio, que al hecho crucial de la resurrección. Jesús no vino a salvarnos. Vino a darnos un ejemplo a seguir para que nos inundasen pensamientos ilimitados con sus enseñanzas. Vino a demostrar al descreído pueblo de Israel que había vida después de la vida. Pero su dimensión de resucitado, queda en segundo plano, disfrutamos más con los clavos, el martirio, la sangre y la culpa, nos atrapa el drama ilusorio del plano de la supervivencia.

     Si importante es saber recibir la muerte de los seres queridos, más lo será, saber morir. Mati dice, que lo mejor que podemos llevarnos para el tránsito, cuando atravesamos el umbral, es la saca llena de amor. El amor. El que abre todas las puertas de la evolución y aquellas de las moradas que esperan, las que no se entregarán a los que no acepten lo que son, y la belleza de la sublime y magnífica vida que les rodea. Sentir miedo a la muerte es la expresión de nuestra incapacidad para enfrentar lo grandioso de la vida. La vida siempre se abre camino, más allá la hay, será tan plena como logremos aceptar, así de anchos sean nuestros procesos de pensamientos, así de anchos serán los cielos que merezcamos. Cuidémonos del miedo, es devastador, impide manifestar la vida. El miedo y los apegos, los del cuerpo y los del alma, nos pueden hacer zozobrar momentáneamente en nuestro aprendizaje. Pero, recuerden, el naufragio nunca será definitivo, se nos regaló la eternidad y todo el tiempo necesario para comprenderlo. Antes o después, entenderemos, superaremos miedos y apegos, para abrazar el liberador conocimiento.

4.- ¿De dónde vengo?

     Venimos de nuestra última programación. Hemos nacido tras recibir el consejo y la orientación, nunca la imposición, de Maestros. No estamos solos. Evocando el capítulo dedicado a los colores de la evolución, recordarás que cuando se vestía el blanco y se superaban las pruebas pertinentes, se pasaba de la evolución humana a la evolución celeste. Los Maestros Ascendidos de las distintas fraternidades y colores nos asisten; como es arriba, es abajo.

     Venimos de sacar conclusiones de nuestra última experiencia. Hemos venido aquí porque faltaban cosas por hacer. Pero no tenemos memoria. Parece que se comienza de cero porque se crece desde la más tierna infancia y se va desarrollando un cerebro que se estrena en el nacimiento.

    Venimos de nuestro momento de evolución. Vestimos nuestro color evolutivo al nacer, porque antes, hemos aceptado desarrollar algo concreto que nos faltaba aprender. En la escuela de la existencia, donde aprendemos a Ser por siempre jamás, tenemos que profundizar en cada sentimiento, para conocer cada rincón de la totalidad de la vida; y cuando sepamos de los vericuetos de lo humano, comenzaremos a conocer de superiores y celestiales realidades.

    Venimos de nuestra incapacidad para aceptar la grandeza que Somos, y hemos buscado una nueva experiencia para realizarnos, para latir con la vida, nunca inmóvil, siempre en expansión.

    Venimos de más allá de la carne, donde nos aconsejaron asumir la forma humana, para sentir la vida en este plano y conocer aquello de lo que aún carecemos.

    Venimos de nuestro pasado. Por ello, nada fue nunca tan grande como nuestro presente. Siempre somos un poco más sabios, inevitablemente vamos atesorando experiencias que nos reportan mayor sabiduría. Continuidad. Movimiento. Expansión, anhelo e inquietud por crear y conocer, eso es el universo, la vida y su Dueño.

    Venimos de Él y vamos a Él. Somos sus hijos amados, y se nos regaló la consigna de crear, aceptando cuantos papeles, estemos dispuestos a interpretar, para incrementar nuestro conocimiento.

    Venimos de hacer balance de lo aprendido, y seguimos aprendiendo la grandeza que nos pertenece por derecho de legado y conquista.

5.- ¿Adónde voy?

    Partimos de la Fuente, y regresamos a ella, según subimos peldaños en el camino evolutivo. Tras esta vida que ahora nos ocupa, repasaremos lo aprendido, haremos balance de lo vivido, y nuestro sentimiento y entendimiento nos situarán en uno de los siete planos o dimensiones de la realidad. Dijimos que, una vez satisfechos los requerimientos de los distintos colores evolutivos, vestir el blanco y superar las pruebas pertinentes de este último color, dejaremos la evolución humana, para pasar a la evolución celeste. No hay otro camino. Primero aprender como hombres, repitiendo en tantas ocasiones como necesitemos; más tarde, aprender en lo superior, disfrutando de realidades celestiales e inefables. Siempre aprendemos, así que seguiremos en la escuela de la existencia. Nunca se deja de crecer. La gran asignatura es aprender a Ser por siempre jamás. Caminamos de continuo, expandiendo, tanto la vida que nos rodea, como la otra que nos pertenece y albergamos en nuestro interior. Nada es inmóvil ni permanece inmutable. La vibración universal exige el movimiento, llama a la evolución, sin detenerse nunca por nada ni por nadie. Pero recuerda, esto es básico. Nada ni nadie, ni Dios ni sus Maestros Ascendidos, te apremiarán, te juzgarán por nada de lo que hiciste, ni tampoco te impondrán realidad alguna que no desees. Recuerda, sólo avanzamos cuando aceptamos las realidades que antes no supimos encajar. De hecho, cuando alguien asegura que no cree en nada que no puedan ver sus ojos, que renuncia a todo lo que tenga el menor atisbo de espiritualidad, se está creando un bloqueo, un escollo interno que, antes o después, tendrá que superar hasta derrumbarlo. Recuerda, el amor de Dios, nos hace libres, incluso para renunciar a la Fuente que nos dio la vida, incluso para pensar que ésta y su Creador son ficciones y el fruto de mentes calenturientas y exaltadas. Podemos pensar que abandonamos a Dios, pero Él no nos abandonará nunca, pues está dentro de nosotros. Somos Él, y, sin importar el número de experiencias que necesitemos para comprenderlo, con el tiempo, cueste lo que nos cueste, tendremos, finalmente, que aceptar esa realidad. No porque nos obliguen a ello, simplemente para vivir en armonía con la plenitud de nuestra divina naturaleza, y para expresarla sin tapujos elevando así nuestras vibraciones, procesos de pensamientos y sentimientos que éstos produzcan. En realidad, vamos a casa, sin dejar nunca de estar en ella, pues ya sabemos que cuando vestimos la forma humana, lo hacemos para entender la totalidad de vida que es Dios. Nunca dejamos la casa, únicamente transitamos por sus distintas estancias, gozando del confort o padeciendo las carencias de las mismas, en función del alcance de nuestro entendimiento. Vamos allá donde nos lleve nuestro sentimiento. Por ello, nadie, salvo nosotros, será responsable del actual estado evolutivo en el que nos encontremos. Desde luego, seguimos existiendo, la grata realidad es que nada se acaba cuando morimos, no existe un final y seguimos transitando en la eternidad.

    Vamos a Él, pues de Él partimos, y es cierto que podemos distraernos del camino. Pero, con distracciones o sin ellas, sepamos que todos los caminos conducen al Eterno, pues la culminación es el regreso en plenitud al Padre. De momento, lo que ha de preocuparnos, es satisfacer la evolución humana. Pensemos que el alumno de hoy, será el Maestro de mañana, pues, como el universo manifiesta y enseña, lo que es arriba, es abajo. Así que, despierta viajero, despereza peregrino. Espera el tránsito. Más allá se encuentra la cuna, el origen, el principio, todas las respuestas, y la Fuente.

    Mati concluye: “Vienes de la unicidad, y vas a ella con el bagaje de tu experiencia. Te separas, y te sientes vacía, pero cuando te llenes de todas las experiencias que adquieres a lo largo de todas tus existencias, volverás a la unicidad de la que partiste”.

6.- ¿Cuánto tiempo me queda?

    El tiempo que nos queda es el que podamos imaginarnos ahora, y el resto que imaginaremos luego, una vez asumamos que somos poder impresionante, energía pura y pensamiento sublime. Cuando entendamos que Somos el Dios identificable, comprenderemos que el tiempo, no sirve para medir la inmensidad inacabable y continua que nos espera. Lo que hoy es el tiempo, mañana será más ancho, en un entendimiento más pleno, se convertirá en lo que no tiene fin, y sin fin, iremos creciendo hasta aprender el Ser siempre jamás.

    La muerte es ilusión, nada puede destruir la vida que se generó, y esa vida queda garantizada por el amor del Eterno que todo lo sostiene Siendo, de continuo, sin pausa, explorando lo que antes no se conocía, desplegando la vida por doquier en los distintos universos paralelos, en tantas realidades fuesen necesarias para manifestar la existencia que regala. El tiempo que hoy conocemos, el que rige nuestras vidas, es algo implícito al plano donde nos encontramos. No hay nada parecido al tiempo en la eternidad. Pues en ella sólo se es. Así fue, así es, y así será. No hay fin, esa es la respuesta.

    Mati insiste en la idea: “El tiempo es infinito y tampoco existe, por lo tanto, te puede quedar tanto tiempo de existencia, como tu alma esté dispuesta a experimentar”.

7.- ¿A qué he venido?

    Mati, me dice: “Has venido para convertirte en la expresión de un todo ilimitado en un espacio limitado, en un cuerpo limitado y con una mente limitada. No contará la cantidad de la expresión, sino la calidad de lo que experimentes, pues en la experimentación estarán la intensidad y la energía. Recuerda, no has venido a ser Dios, sino hombre, tu destino es ser hombre, no intentes ser Dios, de otro modo, ¿qué sentido tendría haber encarnado? Tenemos que distinguir entre expresar a Dios, o ser tan sólo una expresión de Él”.

    En nuestro plano de la supervivencia y la reproducción se alcanza una cumbre, pues pensamiento y materia, se entrelazan. Forman matrimonio. Por eso es importante aprender aquí haciendo uso de nuestra inteligencia creativa. De hecho, hemos venido, a manifestar nuestra inteligencia creativa; pero, sobre todo, a desvelar el misterio mejor guardado de todos los tiempos, lo que somos, lo que significa esa realidad que llamamos Yo Soy. Cada uno vendrá a este plano por muchas razones, pero la principal y perentoria, siempre será la de entender, abrazar y amar tu Yo. Una de las razones por las que has venido aquí es para que aceptes que dispones de la ilimitada libertad de enfocar cualquier pensamiento, sentir la emoción que tal pensamiento te reporte, y convertirlo luego en realidad. Otra razón es para aprender que puedes cambiar de pensamiento cuando quieras, que eres libre y dueño absoluto de tu Yo. Venimos aquí para percibir, aún revestidos de la temporalidad de la materia, la grandeza que albergamos. Si buscamos y encontramos nuestra esencia, se nos revelará perpetua. En nuestro Yo, hallaremos al Padre. Quién te avaló en el principio, quién dispuso las plataformas para que te manifestases en tu creatividad, en quién te volverás a convertir cuando regreses a casa con la mochila cargada de sabiduría.

    Hemos venido aquí para, como hombres y mujeres, transcender lo material, para entender otras realidades que por nuestro temporal revestimiento carnal, no percibiremos de otro modo que no sea con el pensamiento y la búsqueda del Ser. Hemos venido a este plano para demostrar y demostrarnos que somos divinos, y por ello regresamos, anhelantes del aprendizaje emocional que, finalmente, nos conduzca a tal aceptación.

    Hemos venido aquí a perder el miedo a la muerte para no vivir con miedo. Para aprender que sólo tenemos que Ser como ya Somos, ilimitados, creativos, opcionales e infinitos. Hemos venido para aceptarlo, aún revestidos de carne, aún rodeados del condicionante social que golpea implacable recordándonos realidades que sólo lo son a medias, pues no llegan a la grandeza de la otra realidad superior del Yo.

    Hemos venido a comprender, que amarnos y permitirnos nuestra propia virtud en la vida, es ser como Dios es. No estamos en lugar equivocado ni en ninguno que no eligiésemos. Estamos donde deseábamos estar, toca no distraerse con el indiscutible poder de la materia, para concentrarnos en las profundidades del Yo, el mayor misterio de todos los tiempos. Hemos venido a descifrarlo, ¿te atreverás ahora, o esperarás mejor ocasión en otra vida, en otro tiempo, en otra realidad?

Apéndices

1.- Soledad y muerte

    Al margen de las anteriores preguntas, hay otras cuestiones que a todos nos interesan cuando valoramos la muerte, el momento de la marcha. ¿Estamos solos cuando morimos? Muchas personas temen la soledad durante su vida en este plano, y les aterra pensar que después, tras la ida, quepa la posibilidad de estar solos, aislados. Lo primero que debemos decir es que, si nuestro mental es poderoso, podrá crear su propio mundo fuera del plano físico, no en vano dijimos que nuestra voluntad es soberana, como lo es nuestro pensamiento. No en vano, dijimos, que al otro lado, nuestro alcance es mayor. Tanto así, que, con un mental poderoso influenciado por traumáticos acontecimientos, grandes culpas o miedos agudos, la entidad creará un mundo con el pensamiento, según su voluntad. Creará espacios, lugares, incluso situaciones. Puede ocurrir que la entidad no acepte su muerte, sabe que ha sucedido, pero se niega al hecho. Construirá el escenario necesario para su negación. Su pensamiento le permitirá hacerlo si cuenta con una férrea voluntad. ¿Crea un infierno, crea un paraíso? Más bien, un lugar donde esconderse, una especie de refugio donde huye de lo acaecido.

    Hay que repetir que nadie nos obliga nunca a nada, esto ha de hacernos responsables. Hay que entender que tarde o temprano la entidad saldrá de su estancamiento. Nada permanece quieto para siempre. Es el tercer principio universal, el de la vibración. “Nada está inmóvil; todo se mueve, todo vibra”. Si la parte espiritual de la persona que fallece, es más fuerte y pesa más que la parte mental. Entonces, la entidad, dejará esta vida para enfrentar el estudio de la misma, para valorar lo que hizo en ella. No lo hará solo. Le asistirán. De tal modo, si nuestro espíritu está debidamente fortalecido, saldremos de este plano, para elevarnos, llegaremos a la revisión de la luz, y allí, repasaremos lo que fue nuestra vida, y comenzaremos a preparar la siguiente, en función de lo que haya quedado por sentir, hacer, aprender y entender.

    Pero si nuestro mental es poderoso, si nuestros apegos, miedos o culpas vencen nuestra parte espiritual, quedaremos indecisos, dudaremos, nos embargará una sensación de seguir en el plano que hemos abandonado. Sentiremos que echamos en falta lo que ya no podemos disfrutar debido a nuestra nueva naturaleza corporal. Quedaremos apegados, impedidos para elevarnos. Lo penoso es que, si no nos elevamos, nuestros Maestros se retiran, se alejan hasta que estemos dispuestos a contemplar pensamientos ilimitados, hasta que manifestemos nuestra espiritualidad, y desdeñemos lo que sea que nos aflige y estanca.

    Sin embargo, no estamos solos. Nunca lo estamos. Tampoco cuando morimos. De hecho, a veces, horas o minutos antes del óbito, los que fallecen hablan de haber recibido la visita de personas que murieron meses o años atrás. Los moribundos no desvarían. Lo que afirman, es cierto. Lo normal, es que veamos a nuestros familiares fallecidos cuando morimos. Pero, en ocasiones, sucede antes de cruzar el umbral, en la antesala del tránsito. ¿Vemos a todos nuestros familiares fallecidos? No a todos, pero sí a los más queridos, y eso incluye, en algunos casos, también a las mascotas. Vemos a esos animales que se fueron tiempo atrás, cuando salimos de este plano, porque ellos, nos esperan, al igual que aquellos que quisimos y nos quieren. Ya dijimos que también los animales tienen alma. Si acuden las mascotas que recibieron nuestro cariño, con más razón, también podrán acudir amigos o amigas. Pero serán aquellos que fueron realmente afines, grandes amigos, a los que desnudamos nuestro corazón y sentimientos. No veremos a vecinos, conocidos ni allegados o familiares, a menos que nuestra relación con ellos haya sido fructífera y armónica. Con los familiares y amigos más queridos, también vendrá nuestro Maestro. Todo el mundo tiene uno. Nuestra alma lo reconocerá. Maestro y pupilo se conocen de vidas anteriores, es nuestra alma la que archiva la memoria de todo lo acaecido en anteriores existencias. Por eso, el alma conoce al Maestro. A él nos agarraremos, literalmente, para elevarnos, una vez lo hayamos reconocido, y sintamos la lógica alegría de verle, similar al encuentro de dos viejos y queridos amigos.

    Sólo podríamos sentirnos solos, como ya se ha dicho, cuando la fuerza de nuestra mente, imbuida en culpas, dolores, odios o miedos, nos aleje de todos los que vinieron a recibirnos alegrándose de nuestra llegada para hacernos más fácil y cómodo el tránsito. Recordemos que los Maestros no están en los planos de vibración densa. Si optamos por dar pábulo a lo que nos situará en el plano del miedo y el dolor, nos sentiremos solos, desamparados y desgraciados, pero nadie nos situó allí, sólo nuestros sentimientos. La muerte no es un castigo ni un final, sólo un tránsito. Podemos cruzar el umbral con naturalidad, o sofocarnos por el cambio y en el ardor de pensamientos limitados. Pero no estamos solos, ni ningún dolor o miedo es perpetuo o eterno. Antes o después, todo dolor, miedo, culpa u odio, evoluciona para que la entidad quede preparada y alcance la revisión de la luz.

2.- Entidades descarnadas

    Otra cuestión con la que nos topamos de manera cotidiana, es con la típica persona que afirma no creer en nada que no puedan ver sus ojos. A estas personas habría que recordarles algo básico. Nuestro cuerpo es la suma de varios cuerpos de distintas vibraciones. Esa suma es parte del resultado que vemos, pues con los ojos humanos, no podemos apreciar todos y cada uno de los elementos que lo forman. De tal modo, cuando el cuerpo muere, que es lo único que muere, el resto de cuerpos, seguirán existiendo pero a una alta vibración, tan alta que los ojos de la carne, no podrán apreciarlos. Sucede igual que con las ondas hertzianas o las otras electromagnéticas. Ningunas de ellas son apreciadas por el ojo humano, sin embargo, nadie duda hoy de que existen ni de sus efectos, por más que no podamos apreciarlas a simple vista.

    Así, el común de los humanos, no verán ni percibirán a las entidades descarnadas. Para lograrlo, habría que desarrollar ciertas capacidades innatas en nuestra naturaleza. Pero es algo que no todo el mundo logra, también necesitaríamos una guía superior y una disciplina y voluntad firmes, además de estar libres de miedos y recelos. Por supuesto, hay personas que vienen para convertirse en videntes, y esas personas, una vez desarrollada su innata capacidad, podrán percibir y ver, con extrema naturalidad, a las entidades descarnadas.

    En ocasiones, Mati, cuenta de haberse sentido agobiada durante una charla, o durante su estancia en el lugar que fuese, por la cantidad de entidades descarnadas que se manifestaron tratando de conseguir su atención y ayuda. Como tantas veces, también el ver y percibir lo que consideramos anormal, dispone de una puerta falsa. Algunos han visto cosas inexplicables, después de consumir ciertas drogas. Las más duras, pueden hacer que percibamos la energía que nos rodea. Hay personas que aseguran haber visto moverse colores en el aire en función de la música que oían estando en pleno viaje de LSD. Pero no hay que olvidar, que esa visión, la disfrutaremos en un estado alterado de conciencia, lo cual nos impedirá entender lo que vemos. Así, la experiencia que debió servir para conocer, sólo servirá para confundirnos y, más veces de las deseadas, para asustarnos.

3.- Venimos sin memoria

    ¿Por qué no se nos permite recordar lo que fuimos, lo que somos, la exacta suma de nuestras vidas y experiencias anteriores? El que no recordemos nuestra personal historia, no quiere decir que no la tengamos. El olvido debe existir, es necesario. De otro modo, las relaciones entre personas, quedarían condicionadas a priori. Pero, no sólo las relaciones con los demás, quedarían desnaturalizadas, también nuestra propia vida quedaría desnaturalizada. Ocurriría, porque, si fuésemos conscientes de lo que fuimos e hicimos, ello, influiría en la existencia que ahora disfrutamos, hasta el punto, que convertiría ésta, en una continuación de las anteriores, lo cual negaría lo que la vida ha de tener de frescura, emoción, riesgo y aventura. Aunque, más que por ninguna otra cosa, debe existir el olvido, para aliviarnos del peso de cargas mentales y emocionales anteriores. Muchas personas hicieron y vivieron cosas que nos les ayudaría recordar ahora, empeñados en los objetivos o logros que fuesen.

    Cada vida es una oportunidad única. Se comienza de cero, utilizando para venir el canal del nacimiento, y estrenando un cerebro sin memoria que iremos llenando de conocimiento, según vamos descubriendo el mundo que nos rodea. Cada vida, en sí misma, ha de ser un todo, que, tras cruzar el umbral que une el mundo de la materia con el mundo del espíritu, se convertirá en un fragmento de la suma de nuestra historia personal. Venimos sin memoria, pues, de otra manera, lo acaecido en vidas anteriores, supondría una rémora, a la hora de experimentar y evolucionar.

4.- Sufrimiento ante la muerte

    Si este libro persigue un objetivo, es que sepamos convocar un modo distinto, nuevo y más eficaz, de enfrentarnos a la muerte. Tanto a la de los seres queridos, como a nuestra propia muerte. Cuando perdemos a alguien que queremos, sufrimos tanto, porque no poseemos una fe verdadera en la existencia del más allá; sufrimos, porque nos empeñamos en pensar que todo se acaba, y quien se va, termina, de modo definitivo, su recorrido existencial. Es un pensamiento erróneo y doloroso. Ojalá, este humilde esfuerzo, sirva para que algunos recapaciten, y en el momento del tránsito, que no del trance, cuando pierdan a seres queridos, sepan estar a la altura de las circunstancias, enfrentando con solvencia la grandeza implícita de la existencia. Las más de las veces, es mayor el dolor de los que quedan, que el otro, de los que se marchan. Pero, es necesario recordar, el daño que nuestro excesivo dolor, causará al ser que se ha marchado. Si amamos de verdad, tendremos que estar a la altura, y apoyar con nuestro entendimiento y oraciones, a la entidad que ha cruzado el umbral. De otro modo, difícilmente, nos amparará el derecho a decir que amamos, y sabemos hacerlo hasta el final, con todas las consecuencias.

    Como se dijo en su momento, ninguna perdida resulta tan dolorosa como la de un hijo, o ninguna marcha, es tan traumática, como la de una madre que, abandonando este plano, deja hijos, de la edad que sea, sin poder atenderlos como lo hacía y le gustaría seguir haciendo. Ayudar a una madre que ha perdido un hijo, no es una tarea sencilla. Siempre dependerá de sus creencias y esquemas. Pero, a la postre, la madre deberá terminar entendiendo, que su tristeza no ayuda al hijo fallecido, que los que se marchan, disfrutarán más con nuestra alegría que con nuestro pesar, y que ellos, si el pesar de los que quedan es grande e inconsolable, se sentirán responsables de la pena, y eso, les perjudicará en cuanto a su elevación y evolución se refiere. Pero llegar a esta comprensión, necesitará de un proceso. A veces más largo, otras, más doloroso de lo deseado.

    Calmar el dolor de una madre que ha perdido a un hijo en la flor de la juventud, no es tarea fácil, pero tampoco es imposible, la experiencia, así lo muestra. Se han dado casos, en los que madres destrozadas, acudieron a Mati para pedir ayuda, y, tras recibirla, ya no quisieron abandonar la búsqueda de sí mismas, ni el camino del conocimiento. Madres, que recibieron una ayuda preciosa, llenaron su vida de sentido, y ahora forman parte de grupos de trabajo o estudio. Enfrentarnos a la muerte con capacidad, es algo que puede hacerse, cuando sabemos diferenciar lo relativo de lo perentorio.

5.- Guías y Maestros

    Existen tres tipos o clases de guías.

    En primer lugar, nos encontramos con los guías familiares. Son entidades que se han revisado en la luz, y han pedido regresar junto a una persona de su familia, a la que quieren y con quien son afines, para ayudarle en todo aquello que puedan. El guía familiar, como se dijo, tratará de inspirar ideas y proyectar sus consejos a través del pensamiento; además, ofrecerá su apoyo energético, en los peores momentos, cuando nos encontremos deprimidos, tristes o preocupados. También se dijo, que estos guías realizan una ayuda limitada. Pues estarán supeditados a lo que establezca el Maestro de la persona a la que guían.

    En segundo lugar, encontramos a los guías específicos. Estos guías aparecen para ayudar a la persona, según la actividad que realizan en cada momento. Hay guías específicos de muchas labores. Por ejemplo, las personas que sanan, disponen de guías, los cuales, indicarán el modo de proceder, en función de la dolencia que presente el paciente. Pero los guías específicos más numerosos, los encontramos en las artes, en las disciplinas creativas que necesitan de impronta, sensibilidad e imaginación para manifestarse. Así, escritores, escultores, pintores, cineastas, actores, músicos y otras personas con labores creativas, suelen tener sus guías específicos. Estos guías serían las famosas musas de las que todos hemos oído hablar. Son entidades que, habiendo consagrado una o varias vidas humanas al arte que fuera, después de su revisión en la luz, decidieron seguir indagando en la disciplina artística que les cautivó, pero, a través de las obras de otras personas. De tal forma, escritores, pintores, escultores, cineastas, actores, músicos y demás personas que realizan labores creativas, sin saberlo ni ser consciente de ello, van recibiendo ideas, consejos e inspiración a lo largo de su carrera, de uno o varios guías específicos.

    Por ello, sin miedo al error, podríamos afirmar, que la mayoría de las grandes obras de los artistas más famosos, no son enteramente suyas, pues se sirvieron de las ideas de otros artistas, que ya no viven en este plano. Los que, tras morir y ser revisados, decidieron seguir apoyando el arte elegido, pero en las nuevas generaciones, es decir, a través de personas vinculadas a las distintas ramas artísticas, ofreciéndoles continua inspiración e ideas a través del pensamiento.

    Por último, encontramos a los guías de otras vidas. Son entidades que acompañan a la persona a través de vidas distintas. En un momento del pasado, en otra existencia, se creó un vínculo entre las dos personas, y el guía de otra vida, empeñado en ofrecer su ayuda, seguirá acompañando a la entidad elegida, en cuantas vidas sea necesario.

    Si antes nos encontrábamos con tres clases de guías, ahora, debemos diferenciar, entre dos tipos de Maestros.

    Está el Maestro de vida. Es la entidad evolucionada, ya fuera del ámbito humano, que desde el otro celestial, se encarga de que nuestra alma nos empuje a realizar la labor que, antes de venir a la vida terrestre, aceptamos. No disponemos de memoria al nacer, pero sí de un Maestro que tratará en todo momento de transmitirnos el conocimiento que vamos a necesitar en nuestras tareas programadas. Para ello, el Maestro de vida, como lo haría el guía, nos ofrecerá sus continuos consejos a través del pensamiento. Pero es importante entender que, si acaso y sistemáticamente rechazamos los inspirados pensamientos que de él recibimos, el Maestro se alejará desalentado. Su acercamiento, por tanto, dependerá del grado de aceptación que tengamos respecto a los consejos que nos ofrezca, así como del nivel de atención que prestemos a ellos. Este Maestro de vida, es quien administrará las ayudas que recibamos de cualquier tipo de guía, ya sean familiares, específicos o guías de otras vidas. Es decir, el Maestro, estará por encima de los distintos guías que pudieran asistirnos, ya que disfruta de mayor evolución que éstos.

    Luego, están los Maestros Ascendidos. Es Maestro Ascendido, la entidad que adquiere las cualidades de todos los colores evolutivos, a través de sus distintas encarnaciones. Cuando la entidad deja el plano de la supervivencia y la reproducción, es decir, cuando fallece, es cuando se convierte en Maestro Ascendido. Estos Maestros Ascendidos habitan en el sexto nivel de entendimiento, desde allí, ayudarán inspirando a los alumnos asignados a su cargo.

    En realidad, todos los Maestros, son Ascendidos, tanto los primeros como éstos últimos, así denominados. Pues todos han satisfecho las distintas cualidades de los colores evolutivos, y residen en el sexto plano de entendimiento, inmersos ya en la evolución celeste.

    Cuando nos referimos a los Maestros que asisten a Mati, desvelamos el tipo de ayuda que le ofrecían. Desvelemos ahora, el rayo o color de la fraternidad celestial a la que estos Maestros pertenecen.

    Saistin, enseña bajo la influencia del rayo blanco.

    Alder, opera bajo la influencia del rayo violeta.

    Nem, regala bajo la influencia del rayo verde.

    Paz, ofrece bajo la influencia del rayo azul.

   Jazmine, aconseja bajo la influencia del rayo rosa.

    Marta, apoya bajo la influencia del rayo blanco.

    Tairos, discierne bajo la influencia del rayo amarillo.

    No son los únicos Maestros que visitan y ayudan a Mati, pero sí serían los más cercanos. Quien desee situarse sólo tendrá que hacer otra lectura del capítulo titulado Los colores de la evolución, y recordar, el principio universal de la correspondencia, que nos dice: “Como es arriba es abajo, como abajo es arriba”.

6. Junta

    Otro aspecto interesante y poco conocido, es el hecho de las cuatro entidades que conforman nuestra Junta, la Junta encargada de valorar nuestro desarrollo evolutivo. Conocemos a estas entidades de vidas anteriores. De hecho, si recordamos la primera salida que realiza Mati acompañada por su Maestro Ascendido Saistin, en ese viaje, ve cuatro entidades que conoce de otras vidas. Todavía tenía que ver a su padre y a su hermana Rafaela, y no se le dirá nada entonces sobre ellos. Pero, días después, Mati sabrá por Saistin, que las cuatro entidades que viera, eran las que formaban su Junta. Los que en su día, valorarían los logros que ella hubiese alcanzado durante su vida aquí, en este plano. Recordemos que estas cuatro entidades, las encontró en el sexto nivel de entendimiento, en el denominado Dios en todas las cosas. Los que alcanzan tal plano, ya viven la evolución celeste, han superado la evolución humana y, por tanto, están suficientemente capacitados para evaluarnos.

    Así que no estamos solos. Sólo sucederá, si así, nosotros lo creamos. Somos libres, soberanos en nuestro pensamiento, creadores en él. No es que nadie quede impedido en principio para la revisión de la luz, sucede que en ocasiones, no se termina de pasarla, es como si suspendiésemos un examen, el dolor, la culpa, el miedo que padecemos, nos impide vibrar en armonía con el entorno donde nos resulta imposible permanecer.

    En caso de que nuestra vida nos haya satisfecho, y que a la hora de morir no tengamos que lamentar ningún trauma o quedemos inmersos en miedos y dolores, atravesaremos el umbral para encontrar muchas y maravillosas sorpresas. Por ejemplo, puede darse el caso, que la persona fallecida, su alma y espíritus inmortales, encuentre a dos padres o madres, pero allá, tal cosa, no supondría conflicto alguno, pues no hay un solo sentimiento de amor, ni sentimientos parciales. Nuestra alma, archivera de todas nuestras experiencias vitales, ya libre de la limitación de la materia, reconocerá sin problema a los que tuvieron relación con nosotros. Tampoco debe preocuparnos el ver en cuanto morimos a familiares fallecidos con los que tuvimos grandes problemas y desavenencias. A éstos, no se les permitirán acercarse, para no intranquilizarnos, hasta que no hayamos pasado la revisión de la luz. Así que, si no existen bloqueos, lo común, es que estemos gratamente acompañados tras la muerte. Pues nos encontraremos a familiares de distintas vidas, amigos, incluso a mascotas quien las tuviese, con la garantía de que todos ellos nos serán afines, queridos, entrañables.

    Además, nos encontraremos con guías, un Maestro que nos conducirá al quinto plano del Amor expresado, donde tendrá lugar la revisión de la luz, y allí también conoceremos a nuestra Junta, las cuatro entidades encargadas de valorar el desarrollo evolutivo alcanzado con la última experiencia vital. Ninguna de estas cuatro entidades nos será ajena, nuestra alma las reconocerá pronto, lo cual, contribuirá, a que nos sintamos como en casa.

7.- Favores del alma

    El estado vegetativo. El coma. Algunas personas sufren ese estado. ¿Están? ¿No están? ¿Qué sucede cuando alguien entra en coma y mantiene sus constantes vitales gracias a intensos cuidados médicos? En principio, decir, que en tales casos, nos hallamos ante una vida artificial, pues el cuerpo no debería seguir vivo. Pero, aunque el espíritu y el alma no abandonan el cuerpo inerte, tampoco están realmente en él, es decir, no se da el tránsito de la muerte, pero no se experimenta nada pues nada hay que experimentar. Se está en una espera. ¿Una espera de qué? De que el cuerpo deje de latir para que tenga lugar el tránsito. ¿Qué sentido tiene caer en coma? Dependerá del coma. De sí es forzado o no. Es decir, si llega de manera inesperada o a causa de un accidente.

    Cuando el coma no es forzado, sucede que se otorga un descanso para el espíritu debido a circunstancias extremas. O sea, el alma apela y consigue un tiempo de paro, pues la persona está cerca de hacer algo especialmente dañino para su evolución. Es la forma que tiene el alma de evitar el daño que se cometerá. Repentinamente, alguien, sufre un coma, entra en crisis, su salud se deteriora, para quedar en estado vegetativo.

    El otro coma será el de alguien que sufra un accidente grave, mortal de necesidad, pero se le concede la gracia de seguir vivo. Aunque para ello tendrá necesariamente que reciclar sus experiencias y volver a programar su vida. Cuando no se logra salir del coma, sucede que la persona rechaza la nueva programación, y prefiere comenzar en otra vida venidera.

    Así que, tanto en comas inesperados como en otros producidos a causas de accidentes mortales, nos encontramos con ayudas, con apoyos concretos según vamos experimentando. En el primer caso, se consigue un tiempo de espera, el impedimento momentáneo para no cometer el grave error que de otro modo cometeríamos. Para evitarlo, durante un tiempo, se paraliza la vida del individuo. En los accidentes, durante el coma, se nos ofrece un cambio, podemos seguir viviendo, pero tendremos que cambiar cosas. Hay gente que ha sufrido comas, tienen familia, tienen pasado. En la mayoría de los casos se podrá observar que hubo un antes y un después del coma en sus vidas. Se cambia sustancialmente después de esta experiencia.

    Otros, optan por comenzar una nueva experiencia vital, quedan en el coma, no se recuperan, atraviesan el umbral, marchan a la revisión de la luz, y allí prepararan la nueva oportunidad para seguir evolucionando.

    Ayudas en momentos de circunstancias extremas. Siempre las hay. Favores del alma. Entresijos de la eternidad.