ella deseaba llevar en nombre de
Dios y ayudada por dos parientes suyos cercanos
a Francisco,
logró comunicarse y, tras encontrarse con él, tomó la resolución
de dedicarse a esa forma de vida, de entrega a Dios.
Clara se fugó de su casa un 18 de Marzo
de 1212, un Domingo de Ramos. Sabía
que su decisión no sería aprobada por sus padres y también
conocía todas las cosas que iba a perder, pero no quiso permitir que ningún
obstáculo la alejara del Señor y firmemente aceptó de rodillas,
una vida de oración, pobreza y penitencia. En ese momento, el Santo Francisco
cortó su cabello y la vistió con un sencillo manto, este uniforme
se convertiría, más tarde, en el traje típico de las Clarisas.
Para Santa Clara, la humildad es pobreza
y esta pobreza se convierte en obediencia y servicio. De esta forma, tras ser
enviada por varios monasterios en pos de protegerla de su padre, que al tanto
de la situación
decidió ir a buscarla
para devolverla al castillo, San Francisco le reconstruye una pequeña
capilla, La capilla de San Damián, y la colocó a su disposición
pidiéndole que fuera ella quien se encargase de esta nueva congregación.
Sin embargo, Santa Clara no lo acepta, ella prefiere ser la última hermana,
la que tenga que servir a todas las demás. No obstante San Francisco decidió apelar
al derecho que tenia sobre ella gracias al voto de obediencia, y de esta forma
Santa Clara se convirtió en la co-fundadora de los hermanos Franciscanos
y las hermanas Clarisas.
Pese a esto, jamás abandonó su necesidad
de ser pobre y aunque los obispos e incluso los papas, le ofrecían rentas
y riquezas, la obligaban a plantearse el futuro y a crecer materialmente, ella
jamás aceptó ninguna fortuna y
siempre se mantuvo pobre. Para Santa Clara, la pobreza era el camino para encontrar
la perfecta unión con Cristo, que era rey y sin embargo este no tuvo nada
ni exigió nada terrenal, su único deseo fue obedecer y amar.
Clara se convirtió en una madre para todas sus hermanas. Las anteponía
a sus propias necesidades y les servía con ternura y cuidado. Gracias
a esta actitud y su perpetua penitencia mediante la mortificación, Clara
alcanzó la denominación de Santa. Ella creía que en el mundo
existían
muchas personas que no rezaban, cometían pecados y no hacían penitencia
alguna. De esta forma ella asumía que debía rezar y sacrificarse
por aquellos que no lo hacían y así ayudar a calibrar la balanza.
Entre sus milagros se encuentran el milagro
de los sacramentos, el milagro de los atacantes que huyeron sin destruir Asís
y la bendición de los
panes. El primer milagro fue en 1241, cuando los Sarracenos amenazaban con entrar
en Asís y destruir el monasterio. Clara abrazó el santísimo
sacramento y se enfrentó a los atacantes, que en ese momento sintieron una oleada
de terror que los incitó a huir sin procurarle ningún daño
a las hermanas. En otra ocasión, atacaban Asís y después
de que empezaran a rezar Santa Clara y sus hermanas, los enemigos dieron media
vuelta sin explicación
ninguna y se fueron. Y el último milagro cuenta que tras una visita del papa,
Santa Clara le pidió que bendijera los panes a lo que él le rebatió diciéndole
que los bendijera ella, no obstante tuvo que acogerse nuevamente a la necesidad
de obligarla por el voto de obediencia ya que la humildad de Clara no le permitía
hacerlo. Una vez que bendijo los panes, la cruz apareció en cada uno de
ellos.
Santa Clara de Asís murió el
11 de agosto de 1253 entre los rezos de los obispos y el llanto de sus hermanas.
Se dice que su muerte fue iluminada por la virgen y el papa intentó incluso canonizarla
en su propio funeral. |