1.- Desvelando lo invisible
Una
de las preguntas inevitables, que el lector se habrá hecho, una y otra
vez, será: ¿Cómo
Ximena ve a su Maestro de vida Moria, a su Maestro médico Karuff, y a
otras entidades citadas, si ellos no son de carne y sangre? ¿Cómo
puede hacerlo?
La
respuesta es obvia: ella es vidente. Así, que toca ocuparnos de lo que
es la videncia.
Una
denominación
sencilla, sería: vidente es la persona que percibe la realidad espiritual
en lo cotidiano.
Pero decir esto, genera,
al menos, otras dos preguntas, tan inevitables, como las anteriores. ¿Qué ve
la persona vidente? Y, ¿lo somos todos, cualquiera podría llegar
a percibir la realidad espiritual en lo cotidiano?
Trataremos de responder
a ambas cuestiones, a fin de arrojar luz sobre el asunto.
Ximena ve en cualquier
persona, imágenes de otras a las que quiere, imágenes de la gente
que ama y le preocupan. Ya sean sus hijos, padres, hermanos o pareja. Esas figuras
de gente querida, rodean a cualquier individuo, quedan implícitas en su
personal energía, son detectables por la persona que ve lo que pertenece
a la realidad espiritual.
Ximena, también
ve al ser espiritual que acompaña a la persona, es decir, a su Maestro
de vida.
Del mismo modo, al margen
del campo áurico, percibe con nitidez, el estado de salud, de quien acude
a ella buscando ayuda o remedio. En el lugar del cuerpo, donde hay problemas,
aparecen sombras, lo que advierte que en esa zona, la salud se ha debilitado
y existe un inconveniente que urge resolver.
Pero, no es lo único
que alcanza su visión, todavía logra detectar los símbolos
que en ocasiones, nos acompañan desde vidas anteriores. Símbolos
que, como decimos, están relacionados con existencias pasadas, y a veces
son tibetanos, egipcios, incas, mayas, chamánicos… Lo cual, le
ayudará a comprender, en buena medida, la misión de vida que asumió el
paciente, antes de aceptarla, es decir, previamente a nacer de nuevo en nuestro
mundo.
Aunque, para saberlo,
y al margen de los símbolos mencionados, Ximena, sólo tiene que
mirar directamente a los ojos de quien está frente a ella. Al hacerlo,
abre su archivo akásico, y lee en él, como cualquiera de nosotros
lee en éste o en otro libro impreso.
A grosso modo, y sin
entrar en detalles o pormenores, que pudieran confundirnos más que ayudarnos
a comprender, lo dicho, es lo que percibe Ximena, cuando “mira” a
alguien, concentrándose en extraer la íntima información
de la persona. Lo cual, no es poco. Pues, hablamos, de su estado de salud, recorrido
existencial anterior, y misión aceptada en esta vida, personas que ama
y le preocupan, símbolos, si lo hubiera, que acompañan al individuo
de encarnaciones anteriores, y, también, a su Maestro de vida, o ser espiritual
que le inspira.
Nos queda la segunda
pregunta. Tal vez, la respuesta que merece, nos ayude y anime. Pues, todos somos
psíquicos e intuitivos. O dicho de un modo más fácil. Todos
percibimos mensajes que proceden de nuestra esencia espiritual.
El problema está,
en que no educamos esa parte, la rechazamos dándole la espalda, porque
es algo que se nos antoja imposible, del todo increíble. Lo cual, es,
en buena medida, fruto de la educación que hemos recibido.
Para entenderlo, baste
un ejemplo, en cualquier diccionario de sinónimos la palabra visionario,
tiene como principal término equivalente, el de soñador. O sea,
nos educaron para no creer en nosotros mismos, en la esencia que nos habita.
Nos dijeron que todo lo que tuviese relación con lo espiritual, quedaba
lejos, en el cielo, alejado de la carne, y eso es falso y también terrible,
pues la parte física del ser humano, nunca quedará animada sin
el espíritu, sin el aliento de vida que éste proporciona. Así que
no soñamos cuando somos visionarios, en realidad, es cuando más
despiertos comenzamos a estar.
De tal modo, si educamos
las intuiciones que nos llegan de lo nuclear de nuestro ser iremos puliendo la
mirada, la visión, lo que está en nuestra divina naturaleza, y
negamos, empeñados en pensar que somos mortales, transitorios y finitos.
Prestar atención,
creer en la intuición, en el presentimiento, es comenzar a caminar en
el sendero que conduce a la videncia. La que siempre tendrá relación
con realidades completas, no con otras parciales, pues los órganos sensoriales
del alma, son copias exactas de los otros corporales.
Por ello, sin miedo
al error, podemos decir, que todos los seres humanos, potencialmente, son videntes,
y llegarán a serlo en plenitud, siempre y cuando, crean en sí mismos,
y eduquen la parte espiritual que albergan y en esencia son.
Pero, la videncia, pasa
por disponer, de un buen nivel de comunicación con lo superior, y, para
esto, también tendremos que entender otra realidad ineludible. Quien avanza
desde la intuición a la videncia, quien comienza a vislumbrar los primeros
destellos de espiritualidad desvelándose en su cotidiano vivir, tendrá que
cuidar en grado sumo su forma de expresión. Abrirá su quinto chakra,
situado en la garganta, para mejorar la comunicación, a fin de purificarla,
pues la palabra debe ser digna de quien luego, en una segunda fase, se comunicará con
entidades celestiales mediante el pensamiento, sirviéndose de la telepatía.
Cuidará sus palabras,
anegándolas y poniéndolas al servicio del amor. Con ellas amará,
nunca juzgará. Un solo pensamiento equivocado alejaría más
tarde a la presencia sagrada, a la entidad celestial, por lo mismo, antes de
llegar a la comunicación telepática, la persona que sube peldaños
en la conquista espiritual, deberá educar la palabra pronunciada y su
modo de comunicación.
Pues las comunicaciones
superiores, dependerán en gran medida, de una sana perspectiva y actitud
mental.
De nuevo, una vez más,
siempre, cuando hablamos de crecimiento espiritual, topamos y toparemos con el
amor, con el servicio y la entrega a los demás, con el deber de no juzgar,
ni juzgarnos, pues lo único que en realidad debemos hacer, es conocernos,
y entender que nadie es más maravilloso que uno mismo en la faz del planeta.
Creer en nosotros, en lo que somos, sin desmerecernos, sin dañarnos, sin
mermarnos de continuo robándonos la justa y debida importancia que poseemos.
Si el común de
las personas, no alcanzan a gozar de la potencial videncia de la que disponen,
es sólo porque se niegan ese don y su verdadera naturaleza. El drama de
la raza es el desmérito que ella misma se adjudica. La tragedia colectiva,
reside en pensar y creer que somos pecadores desde el origen, y que por ellos
seremos castigados, no mereciendo otra cosa que las escasas migajas que apenas
somos capaces de regalarnos.
Pero hay que aspirar
a más, a mucho más, a todo lo que es nuestro y nos arrebataron
con pensamientos limitados y descorazonadores.
Precisamente, a causa
de lo reducido y abatido de los pensamientos de algunos, Ximena no puede hablar
con todas las personas de lo que ve cuando los “mira”, pues sólo
los que gozan de un buen nivel evolutivo, aceptarían de buen grado y equilibradamente,
lo que tuvieran que escuchar.
Decir también,
que, según las circunstancias, la videncia podría acarrearnos serios
problemas. Por ejemplo, cuando Ximena conduce un automóvil, ha de renunciar
a ella, cerrando los ojos del alma, para utilizar sólo los otros de la
carne, pues de otro modo, sería casi imposible evitar colisiones y accidentes.
Ni que decir tiene que
habrá gente descreída de todo lo dicho en este capítulo.
Pero a éstos, habría que preguntarles, si podrían tapar
el sol con un dedo, o sacudir su alma del cuerpo, con la misma facilidad, que
niegan su existencia.
Habría que preguntarles
por qué siguen soñando vívidamente y, en algunos casos,
recibiendo mensajes, de personas queridas que murieron.
A estas personas, sólo
habría que invitarles a tomarse en serio sus intuiciones, y a vencer el
miedo que los embarga, impidiéndoles abrazar el consejo y la luz que las
mismas le reportan.
En el fondo, creer o
no creer, en buena medida, es una cuestión, de valentía o cobardía.
Los cobardes, negarán
la vida y su excelso milagro.
Los valientes, por derecho
de conquista, disfrutarán en plenitud, de su divina, eterna, e inmortal
naturaleza.
2.- Viajera dimensional
Los Maestros enseñan y
distinguen tres modos distintos de dormir. Está el sueño animal,
el sueño con conciencia, y el otro místico o espiritual.
El primero sería,
el propio de seres derrengados, que cierran los ojos y, al poco, roncan a pierna
suelta. Es un sueño meramente físico, sin alcance más allá de
lo corporal, en él no habrá posibilidad alguna de trascendencia.
El segundo, es aquel,
en el que recargamos nuestra energía, donde nos nutrimos, de modo que
quedamos capacitados para continuar despertando nuestra conciencia.
El tercero y último,
es en el que logramos obtener mensajes espirituales y, cuando hay un propósito,
que a su vez crea una necesidad, se transciende con nuestro yo más sutil,
y se visitan otros planos superiores, respecto a este de la carne y la sangre,
en el que nos encontramos.
Cuando salimos y abandonamos
nuestro cuerpo, con la esencia nuclear de lo que somos, realizamos el viaje dimensional,
mal llamado astral, pues la astralidad, aún pertenece a un plano de vibración
densa, cercano al físico, y se trata de alcanzar los otros etéricos
más elevados, en los que recibiremos la guía de los seres evolucionados
que los habitan.
En el último
caso, sobre el sueño místico o espiritual, es oportuno advertir
un par de cosas; mejor, tres.
Intentar tal viaje sin
conocimiento, podía conllevar a visitar planos, que son densos, vibratoriamente
hablando, lo cual resultaría desagradable.
Invitamos al lector
interesado, a que se documente sobre los distintos planos o niveles de conciencia
o entendimiento.
Este, en el que nos
encontramos, llamado de la supervivencia y la reproducción, sería
el primero. El segundo, es el del miedo y el dolor, es el que ocupan las entidades
que abandonaron el nuestro, tras la muerte física, para penar sus culpas,
miedos, y el daño que hicieron a otras personas, llevados por su orgullo
y arrogancia. El tercero, denominado el del poder, es, al igual que el anterior,
un mal lugar para ser visitado. Pues, en él, sólo encontraremos
a entidades que tratarán de esclavizarnos con sus poderosas proyecciones
mentales, ciertamente negativas.
El cuarto, el llamado
del amor sentido, es mejor plano, pero los que allí habitan, aún
no saben expresar el amor que sienten.
Por lo dicho, nos interesa,
el quinto, el sexto y el séptimo plano.
Una vez más,
invitamos al lector, a documentarse sobre los distintos niveles de entendimiento
o conciencia. Hay abundante literatura al respecto.
Otra cuestión
a tener en cuenta, además del conocimiento, es el propósito, que
debe motivarnos para realizar la salida o viaje dimensional. Salir sin propósito,
por curiosidad o por experimentar, a tontas y a ciegas, no es lo aconsejable,
pues el motivo ha de ser el de ayudar a quien lo necesite.
Lo último que
añadiremos, es: cuando existe el propósito y afán de ayudar,
también se obtiene el permiso pertinente. ¿Quién nos da
ese permiso? Los Maestros Ascendidos. Con él, que es como el salvoconducto
que nos permitirá transitar por lugares vedados a la codicia, la curiosidad,
y el afán de poder, saldremos acompañados. A nuestro lado, en todo
momento, estará el ser espiritual que nos inspira, es decir, nuestro Maestro
de vida, quien se encargará de protegernos y conducirnos en la realidad
existente más allá de lo físico, hasta que consigamos familiarizarnos
con la grandeza implícita en tal experiencia. Cuando lo hagamos, quedaremos
facultados para salir sin compañía.
Sólo añadir,
rematando estas tres advertencias, que son muchas las personas, que, sin conocimiento,
propósito y consiguiente permiso y compañía, salieron sólo
para vivir experiencias penosas, al entrar en planos de vibración densa,
en las que encontraron a entidades poco evolucionadas que, o bien quisieron compartir
su desgraciada realidad, o, lo que es peor aún, imponerles su visión
de la existencia, desde su escaso conocimiento y negativa vibración.
Ximena, suele partir
comenzando sus salidas dimensionales, orando. En su plegaria, recibe el permiso
pertinente, para servir o para aprender.
Para ella, la noche,
es tiempo sagrado. Sus horas nocturnas, las dedica al servicio o al estudio junto
a sus Maestros.
Con el equipo médico
del eminente doctor Karuff, participa, en numerosas sanaciones, visitando a los
pacientes; además de realizar otras misiones y trabajos que igualmente
le son asignados.
Pero ahora, nos
ocuparemos de mostrar, magníficas realidades, que Ximena ha tenido el
privilegio de conocer, gracias a sus continuas salidas dimensionales. Realidades,
antes de hoy no desveladas, que nos ayudarán a comprender, y ojalá,
también a despertar en conciencia.
Antes, señalar
que, aunque en nuestro plano, se representa a la justicia con una venda tapándole
los ojos, en los mundos sutiles, goza de plena visión y es verdadera.
Cuando se viaja por
las realidades superiores, se termina por entender, que el sufrimiento que aquí padecemos,
será holgadamente recompensando en los mundos sutiles. Además,
se comprende, que no estamos solos, nunca, pues siempre hay seres espirituales
que nos acompañan. De hecho, por más que pensemos lo contrario,
la soledad es algo absolutamente inexistente.
Todo sufrimiento
obedece a un fundamento, tiene una razón pedagógica.
De hecho, sin
el padecimiento que soportó durante su niñez, Ximena jamás
hubiese quedado facultada para entender el dolor del semejante. Gusta recordar,
y lo hace admirada, que ha visto a su amado Maestro Karuff llorar, conmovido
por el sufrimiento humano. Añade, que no existe mejor experiencia que
el sentimiento de fracaso, para refundir nuestras habilidades.
Así que,
si terminamos entendiendo lo que decimos, las decepciones, penas y tristezas,
una vez superadas, encajadas, doblegadas, nos harán más fuertes,
amorosos y humildes, ayudándonos a evolucionar.
Por lo mismo,
todas y cada una de las sanaciones que se realizan por los médicos etéricos,
se basan en el amor. Y las salidas y vivencias que se experimentan en los planos
superiores, generan una enorme efervescencia de amor y comprensión en éste.
Pero, no sólo
es necesario, que el lector acepte, la pedagogía implícita del
sufrimiento y el dolor, sabiendo que sucede para su bien y crecimiento, así como
que el mismo será generosamente recompensado en los mundos sutiles. También
es necesario, que entienda el tiempo de tránsito, cambio y evolución
que le ha tocado vivir en el planeta Tierra.
Nuestro mundo
se acerca a una nueva era. Nos ocuparemos de hablar de ello más adelante.
Ahora, y sólo como aperitivo, hablaremos sobre este tema trascendental,
desvelando algunas de las experiencias vividas por Ximena durante puntuales viajes
dimensionales, que tienen relación con el asunto, y nos ayudará a
situarnos y a inquietarnos, sobre lo que se producirá en breve, haciéndonos
entender en qué consistirá ese cambio vaticinado.
Todavía,
antes de compartir, algunos de los lugares visitados de nuestra galaxia por Ximena,
y la razón apremiante que les llevó a ellos, decir lo inevitable.
Aunque la raza
humana se esfuerza hace décadas, en la conquista del espacio, pierde el
tiempo intentándolo, pues no alcanzará la habilitación de
nuestro sistema planetario, hasta que la conciencia colectiva cambie. Es decir,
no prosperará en ningún lugar más allá de la Tierra,
ya sea satélite o planeta, mientras persistamos en apoyarnos en una tecnología
que, lejos de beneficiarnos, sólo nos sirve para destruir y destruirnos.
El disparatado
arrebato tecnológico de la humanidad, basado en la industria armamentística
y en un desarrollo que no está dirigido al servicio de la ascensión
evolutiva, impide e impedirá la conquista del espacio a los hombres de
la Tierra.
Es decir, no nos
dejarán llevar más allá del planeta una forma de vida tan
destructiva como la que actualmente sufrimos y fomentamos.
¿Quién
nos lo impide? Los pueblos más evolucionados de nuestra galaxia, organizados
en la Confederación Intergaláctica. En el capítulo titulado,
No estamos solos, de la primera parte de este libro, ya dimos una rápida
pincelada sobre el asunto, cuando presentamos al Instructor Planetario. Dijimos
entonces, e insistimos ahora, que la Tierra no es un planeta Confederado. ¿Por
qué? Por su atraso y su forma de vida, inmerso en una existencia tridimensional,
que corresponde a los pueblos y razas más atrasados, rudimentarios y destructivos.
Ahora bien,
tal situación no durará siempre. La existencia es continua, pues
la evolución necesita de la continuidad, y a nuestro planeta, le va llegando
la hora del cambio, mejoría y desarrollo; también a la raza que
lo habita.
Por lo mismo,
nuestra protagonista y viajera, ha sido repetidamente convocada a reuniones que
han tenido lugar en distintos mundos. Citaremos algunas de estas asambleas, para
darnos cuenta del alcance de lo que tratamos.
La Confederación
Interplanetaria o Intergaláctica, se reunió, no hace demasiado
tiempo, en un planeta de la constelación de Andrómeda, a fin de
postular a la Tierra, como planeta Confederado.
Allí estuvo
Ximena. En dicha reunión, se debatió sobre la tecnología
utilizada actualmente por la humanidad, verdadero freno y escollo, para su integración
entre los mundos confederados. Pues ésta, lejos de ayudarnos, nos impide
nuestro desarrollo evolutivo. Es decir, la ciencia actual, nos aleja del principal
y verdadero conocimiento. La espiritualidad.
Desdeñando
el supremo valor de la espiritualidad, la raza mantiene una relación hostil
con el entorno, en el que se suceden los desastres ecológicos, pues la
humanidad, viviendo de espaldas y sin respetar a la naturaleza, la quebranta
de continuo como Madre contenedora. Lo cual, es agredirnos a nosotros mismos,
tirar piedras sobre nuestro propio tejado.
Sin embargo, y
a pesar de esto, el planeta posee, un ciclo de cambio, el mismo que está por
llegar de manera inminente, y no se detendrá, por el hecho de que sus
habitantes, estén o no preparados para recibirlo.
Otra de estas
reuniones, a la que asistió Ximena, tuvo lugar en Io, la luna de Júpiter,
en nuestro sistema solar. Allí existe una base estelar de la Confederación.
Se trató del mismo y apremiante asunto. Se aproxima el tiempo en que el
planeta goce de la nueva vibración que le permitirá gozar de la
cuarta dimensión, mientras, los que lo habitamos, en su mayoría
siguen sin estar preparados para recibir una transformación de tal magnitud.
Si tal información
nos sorprende, lo que sigue, dejará paralizados a muchos, pues otra de
estas reuniones de la Confederación de mundos evolucionados, tuvo lugar
en Ganímedes, como Io, luna que orbita alrededor de Júpiter. Y
ahora, lean con atención: en Ganímedes, hace siglos, muchos, que
viven humanos. Fueron trasladados allí, evacuados de nuestro planeta,
cuando sucedió el desastre atlante. Para sobrevivir tuvieron que adaptarse
molecularmente y en su ADN, a fin de armonizar con las condiciones de la mencionada
luna.
Curiosamente, mientras
humanos y no humanos, que existen y prosperan fuera de la Tierra, debaten el
profundo cambio venidero por llegar en nuestro planeta, en él, la mayoría,
se niega a lo evidente.
Pronto nos ocuparemos
con detenimiento, del advenimiento de la cuarta dimensión, y de lo que
ello supondrá, para la vida humana en nuestro planeta.
Ahora, para rematar
la sorpresa, desvelamos algo. Cada sistema tiene, además de sol o soles,
uno oculto que va gestándose.
Nuestro sistema tendrá dos
soles. Lo que hoy es el planeta gaseoso Júpiter, un día, será el
segundo sol que dará luz a las áulicas y enigmáticas lunas
que le rodean.
En Sirio, nuestro vecino
y más cercano sistema, hoy binario, cuenta con dos soles, y se gesta ya
un tercero.
En las pléyades,
también se gozará de un octavo sol. Cuando un sistema cuenta con
ocho soles, se dice que ha alcanzado la octava perfecta. Los que habitan sus
mundos, habrán alcanzado un punto muy alto en la evolución, y comprenderán
la Fuente de todo lo creado y existente. Serán, en su excelsa naturaleza,
parte de lo divino e inmortal, como lo somos todos nosotros, pero con la diferencia,
de que poseerán plena y absoluta conciencia de ello.
Los viajes dimensionales
ofrecen dos magnas enseñanzas. Una, la evolución no tiene fin,
pues, como se dijo, la vida creada necesita de la continuidad. Dos, en los mundos
sutiles y superiores, cada cual ocupa su lugar en función del amor y su
desarrollo.
La verdadera espiritualidad
no conoce ni la anarquía, ni el oportunismo, ni tampoco la injusticia.
Sencillamente, es territorio sagrado, donde se aprende a ser por Siempre Jamás.
3.- Reiki
La verdadera espiritualidad,
también ha de ser compartida, con hermanos y hermanas, con otras personas,
que vibren en el mismo grado de luz y conocimiento, que ansíen el crecimiento
y vivenciar el amor en fraternidad.
Por ello, llegaron y
siguen llegando personas conforme se avanza en el camino. Ximena no está sola.
Además de sus hijas, de su pareja, cuenta con hombres y mujeres
que la asisten y, desde el respeto, la cuidan como un discípulo debe atender
a su Maestro.
Hombres y mujeres que
se acercaron, que se relacionaron con Ximena, y decidieron seguir a su lado aprendiendo
de su camino, compartiéndolo, con todo lo que ello significa y entraña.
Hermanas y hermanos
formando una fraternidad de luz. Unos llegaron como enfermos, y fueron sanados;
otros, buscando la verdad que las religiones de este mundo no les daba. Algunos
fueron dirigidos a ella por las benignas y evolucionadas entidades que la asisten.
Pero, todas las personas
que permanecen junto a Ximena, abrazaron el Reiki. Si hay una constante, un hilo
conductor, un pilar donde se soporte la fraternidad de luz que en torno a ella
se ha formado en el sur de Chile, es el Reiki.
¿Qué es
Reiki?
La palabra es japonesa.
Rei, significa inteligencia de amor cósmica; ki, energía. Una traducción
acertada del japonés al castellano, sería: energía de amor
cósmica inteligente.
Para entender de qué hablamos,
será necesario hacer un poco de historia.
A finales de la centuria
del diecinueve, el sacerdote católico japonés Mikao Usui redescubrió el
Reiki. El doctor Usui era director de la universidad cristiana de Doshisha, en
la ciudad de Kyoto. En ella predicaba e impartía sus clases. Un domingo,
poco antes de la celebración de la misa, uno de los estudiantes le preguntó si él
creía todo cuando estaba escrito en la Biblia, refiriéndose concretamente
al hecho de que Jesús sanara a la gente con sólo imponerles las
manos. A lo cual, el sacerdote contestó que sí. Pero el alumno,
seguidamente, quiso saber si su profesor había presenciado alguna vez
algo parecido. El doctor Usui tuvo que admitir que no. Y el estudiante, en un
alarde de sinceridad, le dijo que para él resultaba imposible fundamentar
su vida y trabajo en algo cuya veracidad no podía ser probada, añadiendo
que para una persona joven, llena de interrogantes vitales, la fe no podía
ser suficiente.
Tal conversación
llenó de zozobra al doctor Usui, hasta el punto que al día siguiente
dimitió de su cargo, dispuesto a encontrar la verdad. Entendió que
no debía seguir enseñando aquello de lo no podía estar seguro.
Su búsqueda le
condujo inicialmente a los Estados Unidos. En la ciudad de Chicago estudios lenguas
antiguas, con el fin de acceder a las fuentes originales donde quedaban constancia
de las curaciones efectuadas por Jesús. Sin embargo, pese a su concienzuda
y paciente investigación, no halló nada que explicara los milagros
de Jesús.
Lo que sí encontró fueron
indicios de que Buda había realizado milagros similares. Llevado por su
intuición siguió esa pista y regresó a su país donde
visitó numerosos templos budistas. Pero en ellos se dio de bruces con
otro escollo. No existían traducciones japonesas de la mayoría
de los textos que le interesaban, con lo cual, se vio obligado a estudiar chino
y sáncrito.
El tenaz empeño
se vería finalmente recompensado, cuando en la biblioteca de un monasterio
zen, halló manuscritos en los que un desconocido discípulo de Buda,
relataba con detalles qué métodos, símbolos y fórmulas
había empleado Gautama en sus curaciones, así como la forma de
transmitir esas facultades a otras personas.
Sin embargo, y aunque
ya tenía lo que durante tanto tiempo había buscado, faltaba algo,
lo más importante. Pues una cosa era el saber académico teórico,
y otra distinta, la experimentación práctica de tal conocimiento.
Mikao Usui sentía que todavía le quedaba por sanar a alguien imponiéndole
las manos. Es decir, los manuscritos describían los métodos, pero
en ellos no halló el poder que se necesitaba para que tal técnica
pudiera realizarse.
No estando dispuesto
a renunciar, compartió su inquietud con el abad del monasterio. Éste
le aconsejó que se marchara a un cercano monte sagrado, que allí practicase
la meditación y el ayuno, confiando en que Dios le revelaría el
secreto que con tanto afán perseguía. También se le advirtió del
riesgo que al hacerlo correría, pues el abad temía que tal intento
pudiera costarle la vida.
Pero esto tampoco hizo
desistir al doctor Usui. Asumió el riesgo. Se marchó al sagrado
lugar decidido a meditar, ayunar y orar.
En la cima del monte
permaneció durante veinte días sin que nada ocurriera. El frío
y el ayuno le habían debilitado, tanto que recordó la advertencia
que se le hiciera, pues no tenía fuerzas para emprender el camino de regreso.
Sin embargo, cerca ya de perder toda esperanza, sucedió que el día
veintiuno de su retiro, un haz de luz clara descendió del cielo para inundarlo
y llenarle de fuerza y vigor. Bañado por aquella luz, se sintió capaz,
activo, despareció el cansancio acumulado durante tantos días de
ayuno y meditación. Y lo más prodigioso, también, en una
secuencia rápida, logró ver, envueltos en campos de energía
brillante, los símbolos que había encontrado en el viejo texto
sáncrito. Entonces comprendió, supo, llegó a él el
conocimiento que durante años había buscado sin darse por vencido.
Su acceso a la fuerza vital universal se había verificado.
Tras la mística
experiencia, el anciano sacerdote emprendió el descenso de la montaña
sagrada. Tan feliz y distraído caminaba que tropezó y se lesionó un
pie. Se le había abierto una herida que sangraba copiosamente, y no tuvo
otra opción que probar sus recién adquiridas facultades. Así,
colocó las manos encima de la herida, y, en efecto, la hemorragia se detuvo
y cesó el dolor.
Con gran esfuerzo, pero
maravillado por lo conseguido y experimentado en su propio cuerpo, alcanzó la
llanura. Hambriento, lo primero que hizo, fue entrar en una taberna y encargar
abundante comida. La mujer joven que le sirvió lloraba. La torturaba un
pertinaz dolor de muelas, tenía una mejilla hinchada. El sacerdote le
pidió permiso para imponerle las manos en el lugar afectado: el dolor
y la hinchazón disminuyeron.
Mikao Usui regresó al
monasterio del que había partido semanas atrás. Pero antes de llegar,
unos monjes salieron a su encuentro para notificarle que el abad había
enfermado, que se hallaba postrado en la cama aquejado de una fuerte artritis.
Por tercera vez, Mikao Usui, imponiendo sus manos y convocando la energía
de amor universal inteligente cuyas claves había descubierto en la montaña
sagrada, alivió el dolor de un enfermo. No había duda, dominaba
el Reiki, conocía el modo de vencer el dolor y la enfermedad imponiendo
las manos, tal como hicieran Jesús y Buda cuando predicaron y realizaron
señales y milagros.
A partir de entonces,
su vida cambió para siempre. Sanó a muchos, formó a otros
impartiendo su conocimiento, dotando a sus discípulos de la capacidad
de transmitir la fuerza vital interior universal.
Tras la muerte del doctor
Usui, acaecida a finales de 1920, el rango de gran Maestro fue asumido por el
doctor Chujiro Hayashi, quien fundó una clínica en Tokio, donde
la fuerza vital se aplicaba combinada con regímenes vegetarianos y únicamente
para curar enfermedades graves. Muchos pacientes atormentados por el cáncer
y dolencias catalogadas de incurables por la medicina convencional recobraron
la salud. Lo cual hizo que numerosos miembros de las capas sociales más
elevadas requirieran los servicios del doctor Chujiro Hayashi.
El gran Maestro formó a
muchos en Reiki, y estuvo al frente de todos ellos hasta poco antes de que comenzara
la segunda guerra mundial. Chujiro Hayashi pertenecía a una noble familia
japonesa. Sabía que no podría eludir sus responsabilidades patrióticas,
pero, a la vez, no deseaba ser movilizado para tomar parte en la inevitable contienda
que se avecinaba. Por lo mismo, reunió a los discípulos más
adelantados, y, notificándoles su decisión de morir para evitar
ir a la guerra, legó su testigo, para abandonar su cuerpo, empleando únicamente la
fuerza de su voluntad.
Antes de morir, Sushiro
Hayashi, designó a la señora Hawayo Takata como su sucesora en
el cargo de Gran Maestro. Esta sufrida mujer, que durante mucho tiempo había
sido afligida y atormentada por incontables dolencias y enfermedades, durante
años había estado junto al Maestro aprendiendo Reiki, lo cual le
sirvió para recuperar la salud y ayudar a muchas personas.
La mujer había
recibido valiosas recomendaciones de su Gran Maestro a objeto de preservar la
tradición Reiki. Ambos habían conversado sobre la guerra que se
avecinaba y las medidas que la sucesora de tan magnífica tradición
debía adoptar para mantenerla viva.
A ella, le debe el Reiki
su expansión final, pues Hamayo Takata, impartió cursos por los
Estados Unidos, también en Cánada y en América Latina. Consiguió formar
a más de veinte Maestros y antes de su muerte entregó el testigo
del Reiki a su nieta Phyllis Lei Furumoto y a la doctora Bárbara Webber-Ray.
Las dos trabajarían juntas durante un año, aunque, finalmente,
los caminos de ambas se separaron. Así, la primera, fundaría la
organización denominada Reiki-Alliance; la segunda, la organización
denominada A.I.R.A.
Fue ya a comienzos de
los años ochenta cuando el Reiki penetró en Europa a través
de Bigitte Müller, y, desde entonces, no ha dejado de extenderse.
Hoy por hoy, puede decirse
que en todos los países europeos, también en los del Este, existen
iniciados de Reiki y Maestros. Incluso en Moscú, hay un Centro de Reiki
donde cada cierto tiempo dan clases algunos Maestros alemanes.
Antes de terminar el
repaso al redescubrimiento de la historia del Reiki, es conveniente recalcar,
que no las dos ramas en las que se dividiera esta magnífica tradición
sanadora, tras la muerte de Hawayo Takata, son respetuosas con la tradición.
Sólo la que continuase la nieta de ésta, mantuvo viva la originaria
llama, siendo reverentes en la iniciación de nuevos reikistas con el método
que emplease Mikao Usui.
De hecho, es bueno advertir
a los interesados, que una mala iniciación en Reiki, podría acarrear
serios problemas al iniciado, pues, éste, ha de convertirse en un canal
de la energía de amor cósmica inteligente. Y comenzar mal o equivocadamente
un camino tan especial, sería un lamentable error que conllevaría
consecuencias tan desagradables como impredecibles.
No son pocos los centros
de Reiki donde, desdeñando la tradición y el consiguiente respeto
a la misma, basan sus enseñanzas en una serie de técnicas y posiciones
de manos que están muy lejos de abarcar la gran verdad de esta maravillosa
realidad sanadora.
No es sensato perder
de vista que tal legado de sabiduría proviene de los antiguos Vedas y
Nagas hindúes, arcaicos sabios que conocían lo que luego quedó perdido
por un tiempo para la mayoría, pues, en honor a la verdad, siempre y de
algún modo, la llama se mantuvo encendida. El trascendente conocimiento
se legaba de Maestro a discípulo con absoluta devoción hacía
la antigua tradición milenaria, que fue recogida en exclusivos textos
escritos en sáncrito, como los que hallase el tenaz investigador Mikao
Usui.
Sin desvelar lo que
ahora no es posible, sólo recordaremos los veintiún días
de ayuno y oración del primer Gran Maestro japonés. Para rematar
diciendo que toda iniciación en Reiki que no esté precedida de
la debida y pertinente limpieza del futuro canal, es una mala iniciación
o, sencillamente, un fraude.
Precisamente por ello,
el Maestro Ascendido Karuff, cuidó de que Ximena recibiera tal legado
de un verdadero Maestro. Ella fue iniciada por el Maestro Emilio Puebla,
cuando éste tenía setenta años de edad, y había sumado
treinta de celibato. Así lo prescribió el meticuloso y exigente
Maestro Ascendido Karuff. Emilio Puebla fue iniciado en la India, y desde entonces,
siempre mantuvo contacto con el país al que debía su conocimiento.
Hoy por hoy, relacionarse
con la hermana Ximena, pertenecer a su fraternidad de luz, supone haber abrazado
el Reiki, por el Sistema Usui, que mantiene viva la milenaria tradición
legada de los antiguos sabios hindúes.
Hoy por hoy, podemos
decir que el Reiki es la medicina más antigua, también la más
eficaz y la venidera, pues, como iremos viendo a lo largo de este trabajo, se
acerca un tiempo de reveladora transformación en el que la mentira de
la medicina convencional será denunciada y superada.
Hoy por hoy, hay que
asegurar que quien se inicia debida y correctamente en Reiki, es una persona
protegida por la energía de amor cósmica inteligente que utiliza
su cuerpo para sanar. Pues el iniciado es el primero en recibir la bendición
de esa energía, para lo cual, antes debe limpiarse y adecuar su vida a
la labor emprendida, convirtiéndose en un canal de luz y amor para sus
semejantes, en un receptáculo de salud para él y para los demás.
Quien se inicia en Reiki está protegido, se le advierte de accidentes,
peligros y acechanzas; pierde por completo el miedo a la muerte, y está en
contacto permanente con evolucionadas entidades de planos sutiles que apoyarán
sus esfuerzos sanadores.
Quien se inicia en Reiki,
siguiendo la tradición milenaria, respetándola y haciendo de ella
una disciplina de vida, se convierte en un dechado de luz y amor fácilmente
reconocible en su entorno. Por lo mismo, las personas, los hombres y mujeres,
los hermanos y hermanas que rodean y asisten a la Maestra, todos, están
iniciados en Reiki. Algunos, han alcanzado la Maestría; otros, caminan
hacia ella día a día, apoyados de continuo por la fraternidad de
la que forman parte.
4.- Más allá de la vida física
Servicio. Ésta
es y será siempre la clave de aquellos que abrazan el camino espiritual.
Se ayuda, se asiste, se consuela a quien lo necesita y lo pide. Ésta,
y no otra, es la vida de la hermana Ximena, y el camino que día a día
trata de inculcar a los que a su lado aprenden y crecen en la luz y en el amor.
De tal modo, cuando
los pacientes ya no pueden sanar, porque acuden demasiado tarde buscando curación,
o porque les llegó el momento de abandonar este plano de la reproducción
y la supervivencia, pasando por la muerte física, también entonces,
se les asiste, consiguiendo para ellos una rápida transición, exenta
de estancamientos y padecimientos.
Es cierto que son muchas
las personas que no creen en la vida después de la vida, pero esto, no
impide que la misma exista, y tal creencia, desde luego, tiene los días
contados, pues sólo se necesitará que llegue el final de la vida
corporal para vivenciar el asunto de otro modo, del real y único existente:
hay vida después de la vida, y, no todos los que fallecen, alcanzan la
revisión de la luz con la naturalidad y prontitud que desearían.
En realidad, que lo último
se consiga, siempre dependerá de lo mismo, pues lo que impide realizar
un tránsito satisfactorio obedece a los apegos, esquemas y miedos del
individuo. Esto se asumirá con facilidad, si se entiende que cuando uno
fallece se lleva consigo todo lo que es, piensa y cree. Nada se acaba, la vida
nunca se extingue, sólo se transforma, se pasa de un latir a otro, pero
se continua existiendo, y nadie deja de ser lo que era cuando muere.
Es decir, si alguien
fallece, pero su apego a las personas que quiso y seguirá queriendo es
muy fuerte, su elevación como espíritu eterno, inmortal y divino,
se verá afectado, se apegará a este plano, a las personas amadas,
y le costará renunciar a la vida que abandonó, por más que
ya no disponga de cuerpo físico para disfrutarla. Los apegos, en ocasiones,
son materiales o simplemente terrenales. Y, también sucede, que los familiares
o seres queridos, mostrando una pena excesiva por la marcha del fallecido, pueden
retrasar la transición de quien se marcha, pues quien lo hace, no se irá tranquilo,
mientras alguien amado sufra en exceso por su ida.
En cuanto a los esquemas
que nos impiden la elevación pueden ser variados. La religión y
los postulados que nos inculcaron es el esquema limitante más frecuente.
Pues, sea cual sea la religión que profesemos, en ella se nos enseña
una serie de cosas sobre el más allá, que, luego, no encontraremos.
Así, se nos dice que los muertos esperarán a resucitar para enfrentar
un juicio en el día final, que algunos irán al infierno, y otros
al cielo. En suma, se nos dice demasiadas cosas que tras el fallecimiento no
hallamos, y eso nos desorienta y aflige, hasta el punto de estancarnos y detenernos.
Por supuesto, también
el miedo juega en contra de la evolución. El miedo es duda, y nadie que
dude goza de un óptimo nivel de sabiduría. Se tiene miedo a ser
castigado, se tiene miedo a lo desconocido, se siente miedo por lo que hicimos
o por lo que no hicimos, por dónde iremos y por lo que sea que encontraremos.
El miedo, produce dolor, niega la vida y su milagro, y estorbará a nuestra
elevación, pues, para lograrla, se necesitará vibrar en el amor,
en el amor a uno mismo, a los demás, al plan divino, a la evolución
y a la luz.
Apegos, esquemas y miedos.
Estancamiento, dolor y padecer. Pero todo esto, cuando llega el momento de despedirse
de esta vida y se es paciente de la hermana Ximena, se elude, porque ella, que
tanto asiste a los que lo necesitan, a su vez es asistida en todo momento
por evolucionadas entidades.
Cuando ya nada logra
remediar la salida de plano. Cuando acaece el fallecimiento, se convoca a Santa
Clara de Asís, ella, como Maestra Ascendida, se ocupa del tránsito
de la entidad que se marcha. Santa Clara de Asís, es especialista en tal
menester. Pues arriba, no sólo hay médicos para el cuerpo, también
los hay para el espíritu, y actúan, cuando en el primero ya no
cabe arreglo alguno, y son debidamente convocados.
Y, ¿quién
es y qué hace Santa Clara de Asís?
La que hoy es Maestra
Ascendida, vivió su última encarnación como mujer, en Asís,
Italia, donde nació en el año 1193, en el seno de una acomodada
familia. Su padre, Favarone Offeduccio, era un rico y poderoso caballero. Su
madre, Ortolana, descendía de noble y feudal familia.
Desde muy joven, Clara,
aún cuando su ambiente familiar demandaba otra actitud, fue asidua a la
oración, al recogimiento y al sacrificio, mostrando desagrado por los
asuntos mundanos, y deseo de abrazar la vida espiritual.
Por lo mismo, se le
había prohibido ver y hablar a los hermanos menores, como se les llamó a
los seguidores de Francisco de Asís. Pero Clara se las arreglaba para
ayudarlos, enviándoles provisiones por medio de una criada, admirada de
que aquellos frailes, que habían renunciado a toda riqueza, además,
dedicasen su tiempo y energías, comprometiendo la salud, cuidando a los
leprosos, a los que todos rehuían por miedo al contagio.
Lo que la familia temía,
vino a ocurrir, en el año 1210. Clara tenía entonces dieciocho
años. Acudió a la catedral de Asís durante la cuaresma,
y allí oyó las palabras de Francisco, quien insistió en
que para tener plena libertad de abrazar el camino de Jesús, era necesario
librarse de las riquezas y los bienes materiales. Desde el púlpito, el
fundador de la orden de los franciscanos, dijo: “este es el tiempo favorable...
es el momento... ha llegado el tiempo de dirigirme a Él que me habla
al corazón desde hace tiempo... es el tiempo de optar, de escoger”.
El sermón confirmó a
Clara lo que venía sintiendo desde hacía tiempo en su interior.
Meditando aquellas palabras comprendió cuál era su camino, dónde
esperaba su felicidad. Sabía que encontraría una frontal oposición
por parte de su rica y acomodada familia, era consciente de que no la entenderían,
pero ella deseaba entregarse a Dios de forma absoluta, radical.
Se fugó el 18
de Marzo de 1212, un Domingo de Ramos, comenzando la que sería su gran
aventura vocacional. En la humilde Capilla de la Porciúncula se consagra
al camino del servicio cristiano. Arrodillada ante Francisco de Asís,
prometió renunciar a las riquezas y comodidades del mundo, para dedicar
su vida a la oración, a la pobreza y a la penitencia. Se le cortó su
hermosa y larga cabellera, se le colocó en la cabeza un sencillo manto,
y fue enviada con unas religiosas.
Su padre, al saber de
la fuga, montó en cólera, y salió en busca de su hija, dispuesto
a devolverla al palacio al que había renunciado. Sin embargo, la firme
convicción de Clara, a pesar de su corta edad, obliga finalmente al Caballero
Offeduccio a dejarla donde ella había elegido.
Con todo, Francisco
de Asís, preocupado por su seguridad, dispone trasladarla a otro monasterio
de Benedictinas situado en San Ángelo. Allí la sigue su hermana
Inés, quien se convertiría en una de sus mayores colaboradoras,
y también su prima Pacífica.
Para ellas se
reconstruye la capilla de San Damián donde se funda la Orden de las Clarisas.
Aunque, en principio, se les conoció como Las Damas Pobres. Al frente
de ellas, y porque así lo dispuso Francisco de Asís, quedó Clara.
Desde que fue nombrada Madre de la Orden, se convirtió en ejemplo de la
visión que transmitía, siempre atenta y dispuesta a las necesidades
de cada una de sus hermanas, a las que atendió como a hijas.
La Orden de las
Clarisas Pobres guarda como un tesoro los testimonios de las mujeres que convivieron
con Clara de Asís. Se sabe que a veces, cuando hacía mucho frío,
se levantaba para abrigar a sus hermanas, y a las que eran más delicadas,
les cedía su manta. Ayunaba sonriente, y si el sayal de alguna lucía
más viejo, ella lo cambiaba entregando el suyo.
Su vida entera
fue una completa dádiva de amor al servicio de los demás. Jamás
renunció a la humildad y al ejemplo. Lo que mandaba a sus hermanas, lo
cumplía primero ella misma con toda perfección. Realizaba los trabajos
más costosos. Buscaba como lavarle los pies a las que llegaban cansadas
de mendigar el sustento diario. Lavaba a las enfermas y no había trabajo
que ella despreciara.
Para ella la Santa
Pobreza era la reina de la casa. Rechazó toda posesión y renta,
y su mayor anhelo fue alcanzar de los Papas el privilegio de la pobreza, lo que
por fin le fue otorgado por el Papa Inocencio III.
La vida de Clara
de Asís fue una constante lucha por despegarse de todo aquello que la
apartaba del Amor y lo que le limitara de tener como único y gran amor
al Señor y el deseo por la salvación de las almas. Ella, al igual
que Francisco de Asís, veía en la pobreza, ese deseo de imitación
total a Jesús. No como una gran exigencia opresiva, sino como la manera
de vida que el Señor les pedía y la mejor forma de proyectar al
mundo la verdadera imagen de Cristo y Su Evangelio.
Por ello, siempre
fiel a las enseñanzas y ejemplos de su maestro Francisco, quiso Clara
que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase. Y, aunque
muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas,
no los quiso aceptar. Al Sumo Pontífice que le ofrecía unas rentas
para su convento, le escribió: "Santo padre: le suplico que me absuelva
y me libere de todos mis pecados, pero no me absuelva ni me libre de la obligación
que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo". A quienes le decían
que había que pensar en el futuro, les respondía con las palabras
de Jesús: "Mi Padre celestial que alimenta a las avecillas del campo,
nos sabrá alimentar también a nosotros".
Siempre vivió una
vida austera y comía tan poco que sorprendía hasta a sus propias
hermanas. No se explicaban cómo podía sostener su cuerpo. Durante
el tiempo de cuaresma, pasaba días sin probar bocado y los demás
días los pasaba a pan y agua. Por su gran severidad en los ayunos, sus
hermanas, preocupadas por su salud, informaron a Francisco de Asís, quien
intervino con el Obispo, ordenándole comer, cuando menos diariamente,
un pedazo de pan que no fuese menos de una onza y media.
Para la Madre
fundadora de las Clarisas, la oración era la alegría, la vida;
la fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo
entero. La oración es el fin en la vida dedicada al Espíritu. Acostumbraba
pasar varias horas de la noche en oración, abriendo su corazón
al Señor y recogiendo en silencio las palabras de amor que de Él
recibía. Sus hermanas dan testimonio de que, cuando Clara salía
del oratorio, su semblante irradiaba felicidad, y sus palabras eran tan plenas
y convincentes que movían y despertaban en ellas un ardiente celo y encendido
amor por el Señor.
También
se guarda como un tesoro en el seno de la Orden, episodios milagrosos protagonizados
por la primera Madre superiora. La Historia recuerda que en el año 1241,
los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Entregados a la destrucción
y al saqueo, el enemigo se acercó al convento que está en la falda
de una loma. Fue entonces cuando Clara, que era muy devota al Santísimo
Sacramento, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se
enfrentó a los atacantes. Se cuenta que éstos experimentaron tanto
terror que huyeron despavoridos.
Del mismo modo,
los anales de la Orden, recogen un bello testimonio. Sucedió que un día,
sólo tenían un pan para que comieran cincuenta hermanas. Cundía
el desánimo y la tristeza, pero la Madre superiora, bendijo la pieza de
pan, e hizo que todas rezaran un Padre Nuestro. Luego partió el exiguo
alimento, y envió la mitad a los hermanos menores, repartiendo el resto
entre las hermanas. Aquel pan se multiplicó, dando para que todas comieran.
La que hoy es Santa, dijo entonces: "Aquel que multiplica el pan en la Eucaristía,
el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer
de pan a sus esposas pobres?"
No son los únicos
relatos milagrosos que de Clara de Asís se conservan. Basten éstos,
para acercarnos y entender la férrea fe de esta mujer ejemplar.
El 10 de agosto
del año 1253, a los 60 años de edad, y con 41 años de ejercicio
ejemplar como religiosa, Clara de Asís abandonó la vida física,
para recibir el premio de sus esfuerzos, formando parte de los que en la evolución
celeste, tras aprender el amor y la entrega a los demás, en la evolución
humana, ya no necesitan volver a utilizar el canal del nacimiento para regresar
a este mundo de la reproducción y la supervivencia.
Hoy, las religiosas
Clarisas, suman unas 18.000 religiosas, repartidas entre 1.248 conventos.
Ya sabemos
quién fue la mujer que se convirtió en Maestra Ascendida. Veamos
ahora lo que hace para ayudar a los que fallecen y necesitan orientación
y guía para alcanzar la revisión en la luz.
Santa Clara
convence a las entidades que abandonan esta vida, para que entiendan que no son
lo que creían ser, es decir, que son mucho más que el personaje
que encarnaron. Cuando nacemos, necesitamos acumular una serie de experiencias
que nos aportarán un aprendizaje concreto, el que necesitamos para evolucionar.
Pero somos mucho más, somos espíritus amados, divinos, eternos
e inmortales.
Perder la
perspectiva es fácil. Pero, hemos vivido vida tras vida tras vida, y regresaremos
a este plano de la forma, hasta que en él, percibamos la grandeza que
somos. Ella, que recibe a los que se marchan, les abre a esta gran verdad aumentando
su entendimiento y haciéndoles vibrar en el amor. Pues los que fallecen
deben hacerlo para acceder al quinto plano, llamado el del amor expresado. Allá se
respira música y sonido, el amor te rodea y tiene lugar la revisión
en la luz. En ella, la entidad, vivenciará todo lo que hizo en su última
encarnación, y también tendrá pleno conocimiento de su
recorrido existencial, es decir, sabrá todos los personajes que encarnó en
otras existencias terrenales. Tal vez, lo mejor de la revisión en la luz,
es que vemos objetiva y subjetivamente. Decimos que Dios está en todos
y en todo, decimos que ahora vemos confusamente, pero que luego, veremos como
Dios nos ve. Es esto. Cuando accedemos a la revisión de la luz, volvemos
a vivenciar lo que acaeció en nuestra vida terrenal, y también
conocemos lo que sintieron nuestros semejantes cuando nos relacionamos con ellos.
Vemos, por tanto, objetiva y subjetivamente. Volvemos a sentir tal como lo hicimos,
y conocemos lo que hicimos sentir a las personas con las que compartimos e interactuamos.
Prepararnos para
esto es lo que, desde la evolución celeste, hace Santa Clara de Asís,
quien, acude, cuando la hermana Ximena la convoca, para conducir al espíritu
que deja esta vida, hasta el quinto plano, haciéndolo de modo complaciente
y vibrando permanentemente en el amor.
La hermana Ximena
asegura que Santa Clara es parca en palabras, concisa, concreta, amorosa, y muy
efectiva realizando su labor.
Servicio. Ésta
y no otra será siempre la clave de aquellos que abrazan el camino espiritual.
Se ayuda, se asiste, se consuela a quien lo necesita y lo pide. Ésta,
y no otra, es la vida de la Maestra Ximena, y el camino que día a día
trata de inculcar a los que a su lado aprenden y crecen en la luz y en el amor.
5.- Recobrando la salud
Seamos claros. Es necesario
decir que la medicina convencional, es un gran engaño, un rotundo fraude
y un espeluznante negocio. Lo es, desde el momento que los facultativos, más
que especialistas de la salud, lo son de la enfermedad, de mantenerla y propagarla.
Pues, a lo que llamamos sistema de salud, habría que llamarle más
bien, sistema de enfermedad. Habrá que hacerlo, si tenemos en cuenta y
no perdemos de vista, que la medicina actual sólo reconoce la existencia
del cuerpo físico y no contempla en ningún momento ni el espíritu,
ni la mente, ni las emociones, tratando únicamente el síntoma y
no la causa del problema.
De tal suerte, el injusto
y equivocadamente llamado sistema sanitario, se complace en mantener al paciente
en la más completa ignorancia y dependencia, invitándole de continuo
a que consuma fármacos, que es donde está el gran y espeluznante
negocio.
Basada en la física
materialista de Newton: tal efecto obedece a tal causa, y por tanto tal síntoma
precede a tal o cual enfermedad, requiriendo tal o cual tratamiento, la medicina
científica, que sólo reconoce lo que ve, toca o se mide, niega
toda conexión entre las emociones, el pensamiento, la conciencia y el
estado de salud del cuerpo físico. Tanto así que, cuando encuentra
un problema parecido, se limita a llamar al padecimiento “enfermedad psicosomática”,
y a enviar a casa al paciente, atiborrándole antes de pastillas para los
nervios.
Hablamos del gran negocio,
basado en una evidente estrategia. Se trata de tener cada día más
enfermos crónicos que se vean obligados a consumir un mayor número
de productos paliativos. Por ello, sólo se trata los síntomas,
se prescriben medicamentos para mermar o reducir el dolor, para bajar la fiebre
o la inflamación, pero sólo en contadas ocasiones, fármacos
que resuelvan el problema, como los antibióticos, que, claro está,
aumentan su precio en comparación a otros.
Lo peor es que la mayoría
de la gente sigue pensando que el sistema sanitario está al servicio de
la ciudadanía. Pero esto es completamente incierto. El actual sistema
mal llamado sanitario, sólo está al servicio y a las órdenes
de la industria farmacéutica, de las grandes multinacionales, que son
las que organizan los congresos médicos, financiándolos, y estableciendo
los distintos comités científicos de éstos, controlando
así todas y cada una de las ponencias y presentaciones que se ofrecen
en este tipo de eventos. También las industrias farmacéuticas multinacionales,
son las que, con su dinero e influencia, determinan lo que deben estudiar y no
estudiar los futuros profesionales de la medicina.
Tenemos que darnos cuenta
de que la medicina, es, hoy por hoy, antes que ninguna otra cosa, un negocio,
y que está controlada, además de por las grandes industrias farmacéuticas,
por los seguros, ya sean públicos o privados. Debemos entender que en
cuanto un ciudadano tiene un seguro, pierde automáticamente el control
sobre el tipo de medicina que se le ofrecerá en caso de necesitarla.
No es precisamente la
Ciencia, ni el afán de servicio, ni el altruismo o el amor desinteresado,
los que controlan la actual medicina científica. Sólo la controla
el dinero. Y los grandes capitalistas que hacen negocio con la enfermedad de
las masas, lo único que desean es seguir ganando más dinero. ¿Cómo
lo consiguen? Obvio, haciendo que las personas estén enfermas, pues los
ciudadanos sanos no generan ingresos ni ganancias para ellos.
Así, estamos
hablando, de una auténtica mafia, de un sistema sanitario que, entre sus
prioridades, la principal, es y seguirá siendo, crear enfermedades, y
que mata y seguirá matando por dinero, para seguir generando los cuantiosos
beneficios que a su vez sustentan el gran poder que poseen.
Mientras los costes
por salud se disparan y siguen subiendo en todos los países de nuestro
sufrido planeta, la gente sigue enfermando y muriendo. Seguramente, porque la
mafia que denunciamos, es cada día más poderosa. De hecho, los
que desde dentro del sistema, tienen el valor de levantar la voz, posicionándose
en contra de semejante y espeluznante drama, son silenciados, expulsados, condenados
al más terrible ostracismo.
Si surgen planteamientos
y terapias alternativas, se califica de orates e irresponsables a los que las
vindican y practican. No se duda en retirar licencias o en encarcelar a los que
intentan abrir nuevos caminos. La ramificación de esta mafia bien organizada
llega al poder político y controla los medios de comunicación social.
Desde los últimos, se vende de continuo el miedo a la enfermedad,
el rechazo a la vejez, y se intimida con la amenaza de la muerte.
Todo para que no prospere
lo que se ha venido a denominar las “terapias suaves”, como se define
a métodos de curación menos agresivos, que contemplan la enfermedad
como algo que abarca mucho más que el mero cuerpo físico. Sin embargo,
estas terapias suaves, son más baratas, eficaces y presentan para el paciente
un cuadro menor de efectos secundarios.
Y es que la medicina
oficial, la medicina científica, no permite que existan otras formas de
sanar que no sean serviles al sistema. Por ello se dan verdaderas “cazas
de brujas” entre los propios profesionales, a los que se les enseña
que no deben implicarse emocionalmente con los pacientes, y a que se comporten,
poco menos, que como “dioses” de la salud.
Frente a todo esto,
hallamos verdaderos oasis donde se trabaja desde el amor y el debido y cabal
conocimiento en pro de que los pacientes recuperen la salud.
Oasis, donde no residen,
ni la supina ignorancia ni el anhelo descabellado de enriquecerse utilizando
la enfermedad ajena. Por tanto, hablamos de amor y de conocimiento.
La pirámide la
componen siete niveles, siete cuerpos, siete conciencias, siete campos de
conciencia vital. Todo ello es el ser humano, siendo el cuerpo físico
uno de esos siete cuerpos, una de esas conciencias. Enfocar la salud, el restablecimiento
de la misma, desde la óptica de que sólo el cuerpo físico
existe, es como pretender alcanzar el sol con el simple hecho de levantar las
manos.
Ya dijimos en el capítulo
titulado Medicina General Etérica, que los Maestros Ascendidos no sanan
ni operan en el cuerpo físico, lo hacen en el duplicado de éste,
pero en planos superiores, pues arriba, es igual que abajo, y lo que se arregla
y corrige en lo sutil, finalmente se impregna y restablece en la carne.
Precisamente por ello,
y porque la verdadera motivación es asistir desde el amor, y no ganar
dinero engañando, la Medicina Etérica ha conseguido recuperar la
salud de pacientes completamente desahuciados por la otra medicina, la de la
enfermedad y el fraude.
En el capítulo
mencionado se detallaron algunos casos, veamos ahora otros, que, como botones
de muestra, nos ayudarán a entender lo que decimos.
En el año 1997,
Antonia, una mujer de 27 años, acudió al hospital aquejada de diversas
molestias. Se le diagnosticó un bocio con módulos, un problema
que según le dijeron se debía a un mal funcionamiento de las tiroides.
Ese mismo año fue operada. Pero la intervención salió mal.
Debió durar unas dos horas, y estuvo en quirófano casi ocho.
El mal hacer de
la medicina científica llevó a la paciente a la unidad de cuidados
intensivos, donde sufrió un paro respiratorio y donde hicieron ir a un
sacerdote, pues ya nadie apostaba por su recuperación.
A Antonia le habían
extirpado la tiroides y la paratiroides, a duras penas, salió de la unidad
de cuidados intensivos. Tras un mes de hospitalización, le dieron el alta
en un pésimo estado. Apenas caminaba, se le caía el cabello, completamente
descalcificada, se le prescribió un tratamiento tortuoso. Se le administraban
sesenta inyecciones y debía tomar otras noventa pastillas de calcio diariamente.
Sufría desmayos, dolores, apenas lograba moverse.
Desesperada, acude
a Ximena, en enero del año 1998. Es atendida por el Maestro Ascendido
Sim-All-Karuff. A los pocos días remiten los dolores. A las pocas semanas,
pasan los desmayos; paulatinamente, logra recuperar la movilidad.
A Antonia, que
ya tenía un hijo, la medicina científica le aseguró que
no podría volver a ser madre. La falta de calcio en su organismo y la
ausencia de condiciones hormonales lo impedían.
Pero Antonia,
tratada por la Medicina Etérica, fue restableciendo todo lo que se le
había extirpado erróneamente en el quirófano. Costó esfuerzos
y tiempo, pues el daño que se le hizo fue grande. Pero, en el año
2005, fue madre por segunda vez. Dio a luz a un niño sano que hoy, como
otros, es el hijo del Maestro Karuff. Un niño muy especial de quien no
hablaremos ahora, pero que con su vida evidencia lo insoslayable: la Medicina
Etérica, no sólo es superior a la medicina científica, sino
que prueba, con los resultados obtenidos, la enorme ignorancia de la última
y el daño que, en más ocasiones de las que podríamos imaginar,
crea en pacientes con pésimos diagnósticos y un proceder equivocado,
parcial y precipitado.
También
tenemos el caso de Marcelo para atestiguarlo. Un chico de veintidós años
que sufrió un terrible accidente de automóvil. Fue comenzando el
nuevo milenio. Había perdido masa encefálica y sufrió un
coma profundo. Cuando salió de éste, prácticamente vegetaba.
No caminaba, no hablaba y necesitaba de continuos cuidados para sobrevivir.
La familia, que
nunca se resignó a dejar a su hijo en tan lamentable estado, tras desesperar
renunciando a la medicina científica que negaba toda mejoría del
paciente, llevó a Marcelo a la hermana Ximena. El joven llegó a
la consulta en ambulancia, en una camilla. Llegó completamente desahuciado.
Diez meses después,
Marcelo caminaba, andaba, y recuperó su calidad de vida anterior. Una
vez más, en los cuerpos superiores, en los cuerpos etéricos y sutiles,
se actúo regenerando lo que para la medicina científica sería
imposible.
Casos. Hay tantos,
todos tan espectaculares, completamente ciertos, datados, con nombres y apellidos.
Esta el otro de Noemí. Una chica de sólo dieciséis años
que haciendo gimnasia en el colegio repentinamente se desmayó. Sufrió una
aneurisma cerebral y quedó en estado de coma.
La llevaron a
la unidad de cuidados intensivos. Prepararon a la familia para lo peor. Pero,
una vez más, la familia no quiso resignarse, luchó, buscó,
indagó, y encontró a Ximena. En esta ocasión, el paciente
estaba en el Hospital Base de Puerto Montt. Costó, pero, por petición
de la familia, Ximena visitó en el restringido lugar a Noemí. Cincuenta
personas quedaron fuera orando por la enferma.
Frente a su cama,
junto al desvalido cuerpo físico de Noemí, Ximena la buscó en
los mundos sutiles. La encontró aterrorizada. La chica estaba asustada,
pensaba que había hecho algo malo, que se le estaba castigando. Sufría.
Pero Ximena le habló, la tranquilizó. Con la ayuda del Maestro
Ascendido Karuff, restableció su dañado organismo, le entregó el
valor que Noemí necesitaba, la convenció para que regresara, le
mostró cómo hacerlo enseñándole el camino de la vida.
De repente, toda
la maquinaria médica, comenzó a detectar la mejoría y el
restablecimiento. Los monitores se encendieron anunciando que la salud había
llegado donde antes no estaba.
Los médicos
entraron a la habitación, y lo único que se les ocurrió preguntar
a Ximena fue qué era lo que se había atrevido a tocar...
Hoy la niña,
ya una mujer, es una persona normal, no le quedó secuela alguna de aquella
experiencia, superando por completo aquel coma producido por la aneurisma cerebral.
Casos, miles,
datados, comprobables. Personas a las que la medicina científica desahució tirando
la toalla. Algunas de ellas, atacadas por males ajenos a su propio organismo,
como le ocurrió a Consuelo, una señora de cuarenta y cinco años,
natural de Puerto Varas. A ella, alguien, quiso exterminarla utilizando la magia
negra, que, por supuesto existe, porque así como existe la luz también
lo hace la oscuridad.
La mujer era incapaz
de caminar, lloraba sin saber la razón, presentaba un rostro pálido,
sin brillo. Hicieron falta cuatro personas para mantenerla en la cama, donde
saltaba y levitaba para el espanto de los presentes.
La hermana Ximena
actuó con la ayuda de los Maestros. Recuperó la vida y la salud
para aquella mujer que tan cruelmente fue atacada. Aprovechamos para decir aquí,
que el daño, una vez rechazado, regresa a la persona que lo crea. Funciona
así, quien se atreve a jugar con fuego debe saber que puede quemarse,
aquel o aquella que es capaz de matar utilizando el poder de la magia negra,
tiene derecho a saber que, si el mal que creó es rechazado, superado,
eliminado, lo que hizo, en justicia, se le devolverá.
En casos como
este se demuestra que el discípulo de la luz tiene que estar preparado.
En su máximo potencial espiritual. En casos como este, y en otros muchos,
la medicina científica ni siquiera sabe por dónde comenzar, pues
no se atreve a contemplar la trascendencia de la existencia humana, pues la misma,
sencillamente, no es rentable para el gran y mezquino negocio que han creado
y mantienen los que nunca se implican emocionalmente y actúan como dioses
ante los sufridos pacientes.
Casos. Tantos,
podríamos dedicar este libro únicamente a dejar constancia de ellos,
y nunca cabrían todos. El amor es la clave, la llave maestra que abre
todas y cada una de las puertas de nuestra evolución.
En un capítulo
anterior se habló del Maestro Terrier de Liseux, de su historia terrible
en su última encarnación, cuando, habiendo nacido sordo y mudo,
además, le destruyeron sus ojos. La hermana Ximena, entre tantos y tantos
casos, gusta recordar uno, en el que el Maestro Terrier de Liseux, devolvió la
vista a una anciana desvalida, haciéndolo en un acto de amor. La mujer,
gozó del don de la visión durante los últimos años
de su vida.
Quien se
ha relacionado con Ximena Burgos Soto y su fraternidad de luz, está familiarizado
con este tipo de casos. Quien está familiarizado con este tipo de casos,
forzosamente, amplia su conciencia, su visión de la existencia y alcanza
a comprender el poder del amor y de la luz.
Recobrando
la salud, eso es lo que estamos haciendo ahora desde estás líneas.
Pero, para hacerlo, hay que mirar más allá del cuerpo físico.
Recordemos, la pirámide la componen siete niveles, siete cuerpos, siete
conciencias, siete campos de conciencia vital. Todo ello es el ser humano.
Desde luego, mucho más de lo que defiende la ignorante visión de
la medicina científica.
6.- Laboratorio
Volver la mirada
a la naturaleza. Ser de nuevo acogidos por la Madre Tierra sostenedora. Crecer
en ella, existir con ella, nutrirse de su latir en la armonía de sus estaciones.
Amarla y respetarla para que nos regale el fruto de sus cosechas y la bendición
de sus plantas y coloridas flores, donde también reside la salud y la
ayuda necesaria contra la enfermedad.
La Tierra, el
sur de Chile, pleno en lluvias, feraz, profundo y severo en sus bosques tupidos
de misterio. La Tierra en el sur de Chile es masculina, queda salpicada de volcanes
adornados de nieves perpetuas, y, aunque es azotada por vientos que bajan de
la codillera o llegan implacables del océano, ofrece árboles y
plantas que, debidamente tratadas, se convierten en el sagrado emoliente dador
de vida y alegría frente a la dolencia o el padecimiento de hombres y
mujeres.
Estos árboles
y plantas regalan las flores del sur del mundo. Pero, antes de hablar de ellas,
tendremos que hablar del largo camino que tuvo que recorrer Ximena para llegar
a ellas. Lo haremos en este y en el siguiente capítulo, con calma, convocando
la suavidad que merecen las flores.
Ya se dijo, cuando
someramente se enumeraron los viajes de Ximena, que estuvo en Inglaterra, y que
en el país estudió Las Flores de Bach. Lo hizo, para abrazar el
camino del doctor que, como ella misma, había comprendido que toda enfermedad
se genera en su origen en las emociones, en el alma, y que la naturaleza, está dotada
en la delicada manifestación de las flores, para curar tales dolencias.
Ximena se ha convertido
en una de las más respetadas especialistas de esta disciplina sanadora
en su país, la cual ofrece a pacientes, con satisfactorios resultados.
Las Flores de
Bach son una serie de esencias naturales utilizadas para tratar diversas situaciones
emocionales, como miedos, soledad, desesperación, estrés, depresión
y obsesiones. Fueron descubiertas por Edwar Bach, entre los años 1926
y 1934.
El Dr. Bach era,
además de médico y homeópata, un tenaz investigador. Experimentó con
diversas flores silvestres nativas de la región de Gales, en Gran Bretaña,
de donde era originario, hasta encontrar 38 remedios naturales, cada uno con
propiedades curativas para distintos problemas emocionales. A estas 38 flores
se les llaman Flores de Bach.
Su teoría
era que las enfermedades físicas tienen un origen emocional, y que si
este tipo de conflictos emocionales subsisten por largo tiempo, la enfermedad
del cuerpo termina manifestándose. Sin embargo, al restaurar el equilibrio
emocional se resuelve la enfermedad física. Fue siguiendo tal idea como
desarrolló su conocida y celebrada Terapia de las emociones.
Hoy por hoy, después
de más de 70 años de su utilización, las Flores de Bach
han sido probadas como un magnífico sistema para tratar problemas físicos,
mentales y emocionales de los seres vivos.
Pero si en la
región de Gales, en Gran Bretaña, existen flores, también
pueden encontrarse en el sur de Chile. Y si Edwar Bach desarrolló su Terapia
de las emociones con sus 38 esencias, Ximena Burgos Soto, ha desarrollado sus
Flores del Sur del Mundo, con otras 53 flores autóctonas de su país.
Seguramente, la
mayoría de los lectores se estarán preguntando cómo es posible
que con esencias extraídas de simples flores se pueda conseguir sanar
a alguien de cualquier dolencia o enfermedad. La respuesta es bella, poética,
en realidad, alquímica.
Tengamos presente
que la vida de la planta se concentra en sus flores, y que en la flor está la
semilla que después vuelve a la tierra para regenerarse de nuevo. Así,
cuando nos relacionamos con las flores y la preparación de los remedios,
actuamos a través de los cuatro elementos fundamentales que regulan la
armonía de nuestro planeta. Se cuenta con la tierra, que proporciona a
la flor apoyo y sostén. También está el aire, que alimenta
a la flor; y el fuego, que se expresa con fuerza, a través del sol, nutriendo
y regenerando, siendo un elemento indispensable en la preparación de las
esencias. Sin olvidar, por supuesto, el agua, que igualmente alimenta a la planta
y es determinante para la vida del planeta.
Así es
como toda la naturaleza se expresa a través del vínculo con los
cuatro elementos que se encuentran en la base de la vida misma y son, por lo
tanto, imprescindibles en la elaboración de cada una de las esencias.
Sin embargo hay
más, bastante más. Por decirlo de algún modo, lo anterior
es la base, lo siguiente son los cimientos de lo que se construye en estrecha
cooperación con la evolución celeste.
La hermana Ximena
cultiva cada una de sus cincuenta y tres plantas, en el tiempo preciso, en la
estación pertinente. Después las cosecha, comenzando un trabajo
sutil en el que participa toda la fraternidad. A esta actividad, se le denomina
Laboratorio, y se le dedica un día fijo todas las semanas. De la flor
se extrae la esencia, la misma, tras el debido tiempo, se envasa, se etiqueta,
y se almacena. Es la parte humana, y no toda. Pues, como dijimos, hay más.
La hermana Ximena cuenta
para este maravilloso menester, con la inestimable ayuda del Maestro Ascendido
Aladino. De él sabemos que fue un gran alquimista, y que mantuvo un continuo
y directo contacto con los reinos mineral y vegetal. El Maestro Ascendido Aladino
se relaciona con los guías del mundo dévico, que son los grandes
custodios del reino vegetal. Y esta evolucionada entidad, plasma las esencias,
poniéndoles energía a cada uno de los elementos que las nutren.
Precisamente por
esto, extraer las esencias curativas de cada una de las flores es una labor tan
delicada, pues trabajar con la naturaleza y los Devas, requiere de una actitud
espiritual y de un estado armónico, pues, lo que se consigue, se realiza
en un espacio sagrado.
Tan delicada es
esta labor, tan sutil, que si los hermanos o hermanas que envasan las esencias,
están enfadados, agobiados por problemas personales, o no gozan de la
calma y la armonía necesarias, las esencias se precipitan, se estropean,
y todo el trabajo anterior de siembra, recolección y extracción,
se pierde irremediablemente, pues, como decimos, cuando se realiza la actividad
que en la fraternidad de la hermana Ximena, se denomina Laboratorio, se está trabajando
en un espacio y también en un tiempo sagrados, por lo mismo, nadie que
trasiega esencias, que las envasa, que las manipula, lleva un reloj en la muñeca,
pues se entra en otro tiempo, uno distinto al humano, también el reloj
de nuestro latir cotidiano, estropea precipitando las esencias.
Una vez más,
hombres y mujeres, y evolucionadas entidades, trabajan juntos buscando erradicar
dolencias y eliminar enfermedades, pero la actitud de los hombres y mujeres que
se prestan a realizar esta labor, ha de ser, como se ha dicho, espiritual, gozando
de paz y armonía interior.
Se han dado casos,
tristes, en los que por negativas vibraciones, energías densas y poco
apropiadas de personas que manipularon las esencias, éstas se precipitaron
estropeándose. No se trata de envasar líquidos, se trata de contribuir
a obtener el resultado de mucho amor depositado en flores muy especiales y sutiles
seleccionadas con la ayuda de la evolución celeste.
Y, ¿cuáles
son estas flores y las enfermedades o dolencias que atajan y combaten?
Enumerarlas ahora
todas, teniendo en cuenta que son un total de cincuenta y tres, resultaría
cansino y seguramente enfadoso. Pero veamos algunas de ellas, todas, como dijimos,
autóctonas del sur del mundo, del sur de Chile.
La esencia de
flor de la Borraja, combate la pena, el abatimiento, la desilusión, ayuda
a personas que no se sobreponen a la tristeza y a la depresión, que padecen
falta de valor. Regula el ritmo cardíaco, la tiroides, el sistema óseo
y circulatorio. También se prescribe para la menopausia y contra los mareos.
Favorece la asimilación de magnesio, calcio, zinc y hierro.
La del Calafate,
es una esencia apropiada para superar el agotamiento emocional. Sirve a los viajeros,
refugiados lejos de su patria terrenal. Ayuda a desarraigar vicios como drogas,
alcohol o tabaco. Llena el vacío del alma y el corazón. Ideal para
misioneros y enviados espirituales.
La del Canelo
estimula la conexión tierra-cielo, el origen chamánico y la relación
con el gran espíritu Madre-Padre. Limpia el campo áurico y los
chakras, oxigenando los receptores energéticos. Protege de malas influencias,
tanto psíquicas como mentales, y se utiliza para aperturas y la limpieza
de camino.
La del Coicopihue
protege la inocencia infantil. Ayuda a repararla cuando ha sido dañada
o violada. Con ella se vuelve a creer en lo mágico y favorece la relación
con los elementales de la naturaleza, hadas, gnomos y seres invisibles. Desarrolla
la imaginación. También se aconseja para los que siembran y cuidan
la tierra protegiéndola. Concede protección angelical y astral.
La de Dafne sirve
para mejorar la comunicación. Quinto Chakra. Dulcifica la voz antes de
dar clases o conferencias. Mejora la audición y clarividencia, la visión
intuitiva y la comunicación con el Sexto y Séptimo centros. Conecta
con seres sutiles y guías espirituales potenciando las glándulas
Pineal y Pituitaria.
La de Diente de
León se utiliza para combatir el estrés, la tensión muscular
y mental, los calambres, la ansiedad, las contracturas y vómitos. También
contra los tic nerviosos, para regular las digestiones, o calmar a las personas
hiperactivas o impacientes, pues actúa como regulador energético.
La de Fuinque
refuerza la malla celular que cubre la piel, es ordenadora del sistema linfático,
purgante y diurética. Limpia las zonas de desgaste como los pies y la
columna. También puede cortar lazos genéticos de enfermedad o carencias,
como el cáncer y la pobreza. Reubica el ADN de acuerdo al orden natural,
iluminando desde lo alto.
La de la Hortensia
es apropiada para las personas que sufren abandono por los hábitos paternos
o alcoholismo por exageración. Combate la falta de claridad en sí mismo,
la exigencia consigo mismo, la falta de confianza por circunstancias pasadas,
y la falta de fe por incertidumbre. También se prescribe a personas con
miedos ocultos, temerosas y que no se atreven a asumir responsabilidades. La
esencia aporta claridad y descongestionamiento mental, elimina sentimientos persecutorios,
permite la integración del agobio y ayuda a que la vida cotidiana se enfrente
con amor y dulzura. Por lo mismo, siendo un gran depurador y energizante, es
muy recomendada en todo trabajo de desintoxicación.
La del Lirio Azul
desarrolla la creación artística. Haciendo que se tome contacto
con el potencial creador, renovando la energía etérea tendente
al renacimiento y a la regeneración. Sirve para los artistas, pues estimula
el contacto con el Yo Superior y el subconsciente.
La del Notro transmuta
energías bajas del instinto, como odio, violencia o agresividad. Es el árbol
venerado por los mapuches para abrir el octavo chakra. Concede elevación
sublime y consciente, potencia el encuentro con la madre tierra y evolución
mientras en ella se habita.
La del Pasiflora se
utiliza contra la histeria, el insomnio, los dolores de cabeza motivados por
los nervios. Equilibra la falta de sintonía con el nexo espiritual en
la vida diaria, así como la conexión con lo cotidiano por el frenesí religioso.
Se aplica con personas de corazón cerrado y endurecido a causa de sólidas
convicciones, esfuerzos y sobrecargas de poder, que hacen del tiempo lo primordial
de sus vidas.
La del Retamo Amarillo
es la esencia de la abundancia, con ella se considera las dificultades como oportunidades
de crecimiento y evolución. Concede magia creadora y plasmadora. Frena
el pesimismo y la negatividad, además limpia los riñones y los
conductos urinarios, siendo utilizada para eliminar la cistitis.
La de la Salvia purifica
el plano energético, recuperando el ritmo interior y equilibrando los
horarios. Aporta un efecto etérico purificante y armonizador. Neutraliza
los sentimientos negativos, como la envidia y los celos, ordenando el espíritu
y la personalidad. Se utiliza contra los mareos y en las mujeres cuando llega
la menopausia.
La de la Vinca se manifiesta
como protector inmunológico y antivirus, reforzando el sistema defensivo
astral. También ayuda a emprender nuevos proyectos. Mejora la memoria
y la vivacidad mental. Fortalece el bazo ante todas las infecciones. Ayuda a
dormir y a soñar.
La esencia denominada
Emergencia es un preparado alquímico y sagrado de siete flores que, unidas,
provoca un bienestar y mejoría inmediata ante cualquier crisis de emergencia.
Se utiliza para el buen morir, para calmar a los recién nacidos que lo
necesiten, para combatir las crisis nerviosas, de pánico o traumas severos.
Son sólo quince
de las 53 esencias que se extraen en el laboratorio de la hermana Ximena y su
fraternidad de luz. Son una escueta muestra del catálogo de Las Flores
del Sur del Mundo. Son años de trabajo, de espera en las cosechas, de
quehacer armónico y espiritual, de ayuda de hermanos y hermanas, de inestimable
y magnífica guía celestial.
Es un tesoro médico,
absolutamente natural, pues todos los cultivos son orgánicos, sin agentes
químicos, regados con agua pura. Es un proceso lento, amoroso, alquímico.
Cuando una planta llega de fuera, se depura durante un año hasta que ésta
se acostumbra a la tierra sagrada de Campo Victoria, donde se consiguen las apreciadas
cosechas de flores.
Quizá, veamos
el verdadero alcance de lo que tratamos de explicar, compartiendo lo siguiente:
cuando en el verano del año 2009 golpeó tan fuerte en el sur de
Chile la pandemia de la Gripe A, “la porcina”, como se le llamó con
terror entre la gente de la calle, hubo discípulos de la hermana Ximena
que se vieron afectados. Entonces, la jerarquía de Maestros Ascendidos
Médicos, trabajaron con ella para conseguir una esencia antiviral. La
consiguieron, no tenemos permiso para difundir la exacta y proporcionada fórmula
de la misma, sólo sus componentes. Los discípulos que enfermaron
eludieron la muerte, con un compuesto que se realizó con tomillo, jengibre,
capuchina, nalca y echinacea, el cual, reforzando el sistema inmunológico
sanó a los que pertenecían a la fraternidad y contrajeron la temible
enfermedad que tantas muertes causó en aquel año de funesto recuerdo
en el sur de Chile.
Volver la mirada a la
naturaleza. Ser de nuevo acogidos por la Madre Tierra sostenedora. Crecer en
ella, existir con ella, nutrirse de su latir en la armonía de sus estaciones.
Amarla y respetarla para que nos regale el fruto de sus cosechas y la bendición
de sus plantas y coloridas flores, donde también reside la salud y la
ayuda necesaria contra la enfermedad.
7.- El legado de los ancestros
Aunque Ximena Burgos
Soto desciende, como indican sus apellidos, de una familia netamente española,
es chilena, y, además de serlo, amante de las culturas indígenas
de su país.
Con los indios huilliches,
cuyo término vendría a significar en castellano, la gente del sur,
se relacionó desde muy corta edad, atraída por su forma de enfrentar
la existencia.
Recuerda que a la tierna
edad de doce años, ya le gustaba dedicarles tiempo, siempre ansiosa de
entender a ese pueblo cuyas raíces eran tan antiguas.
Fruto del temprano contacto,
comenzó a conducir un programa de radio, en Osorno, en la emisora “La
voz de la Costa”, donde se ocupaba de retrasmitir los partidos de Chueca,
un juego típico de los indígenas chilenos.
En Chile, como en la mayoría
de los países americanos, la cultura indígena está denostada,
a los descendientes de los aborígenes, se les ve como algo superado, marginal,
ajeno al mundo actual y moderno.
Sin embargo, Ximena,
siendo adolescente, cuando les dedicaba su tiempo, compartía con ellos
y los hacía protagonista de sus ratos de radio, se sentía como
en casa, cómoda, siempre atraída por ese mundo tan peculiar que
pareciera querer desvelarle algún secreto, un camino que entonces intuía
y aún no llegaba a comprender.
Oyendo la voz interior,
el deseo de saber más de los ancestros originarios del país, además
de su experiencia en radio, también trabajó en la osornina Misión
de San Juan, en un programa intercultural de integración con la comunidad
indígena. Allí enseñaba danza clásica, a cambio,
a ella se le entregaba un conocimiento ancestral.
A la hora del
almuerzo, la joven Ximena, gustaba ir a descansar al cementerio huilliche.
Encontraba tanta
paz, le resultaba tan distinto a todo lo que había visto antes, que cedía
a su embrujo, dejando pasar largos minutos en el lugar sagrado.
Los huilliches,
dan sepultura a sus difuntos, construyéndoles una casa similar a la que
ocuparon mientras vivieron.
Aquella forma
de enfocar la muerte, la despedida de la gente querida, siempre le causó fascinación
atrayéndola poderosamente.
Pero un día,
cuando regresaba al internado donde impartía las clases, en el camino,
la abordaron varias mujeres indias, para preguntarle por qué dormía
con los ancestros, por qué pasaba tanto tiempo con ellos.
Ximena les respondió con
la verdad, diciendo que en el lugar hallaba una paz y una plenitud que la conquistaban.
Fue entonces cuando
las mujeres le comunicaron el deseo de los ancestros de que ella se integrase
en la cultura del pueblo.
Ella era huinca,
blanca, pero, a pesar de ello, los ancestros la aceptaban, deseaban que conociera
lo secretos del pueblo huilliche, lo cual, es ciertamente poco habitual, pues,
son pocos blancos, los que acceden a tales misterios.
Por fin
entendió la sensación de sentirse en casa cuando compartía
con los indígenas.
Se le iba
a preparar para ser Machi.
Era blanca,
pero dispondría del conocimiento de las Machis.
¿Qué es
una Machi? Es la mujer enviada al pueblo por los ancestros. Es la encargada de
valorar las virtudes y propiedades de las plantas y flores del entorno, es la
mujer sagrada de un pueblo antiguo enraizado en la tierra, que vive de ella y
con ella, que la respeta, la ama, y se siente parte de la Madre contenedora.
Quedan muy
pocas Machis. Apenas unas cuantas. Ximena lo es, aún siendo blanca.
Por lo mismo
se siente vinculada a la tierra, a sus plantas y flores, a su alquimia.
Las mujeres
del pueblo le preparaban brebajes que les producían fuertes conmociones
internas, que regalaban visiones.
En sus visiones,
las plantas, los árboles, el mundo vegetal del sur de Chile se le revelaba
vivo, comunicativo.
Los árboles
y plantas, sus flores, hablaban, para revelarle sus secretos, las propiedades
curativas que poseían.
El bosque
cobraba vida, y ella hablaba con el bosque, lo entendía, palpaba su latido
y el amor que desprendía queriendo ofrecer salud a hombres y mujeres.
Machi.
La
secreta tradición.
El Ñguillatun.
La
ceremonia sagrada que se realiza para agradecer a los ancestros y a la Madre
tierra por sus bondades y sus cosechas, para pedir lluvia y fertilidad.
Las
plantas y los árboles le hablaron siendo muy joven.
Tanto
las unas como los otros, ofrecen su flores según las estaciones.
Las
voces, las visiones producidas por los fuertes brebajes que ingirió, se
quedarían para siempre en su vida.
Con
el correr del tiempo, con el paso de los años, el conocimiento desvelado,
le serviría para producir esencias con poder para sanar a hombres y mujeres
aquejados de diversas enfermedades.
La
Machi, forma parte del trío de poder del pueblo huilliche.
Está el
Cacique, que funciona como lo haría un intendente.
Está el
Lonco, que es la cabeza visible del pueblo, que hace las veces de alcalde.
Y
está la Machi, la mujer sagrada que conoce la voz de la naturaleza y utiliza
su conocimiento sanando a los que sufren, enviada y bendecida por los ancestros.
Apenas
quedan machis, apenas quedan chamanes.
La
raza se alejó hace tiempo de la naturaleza, la quebrantó expoliándola
rompiendo y despreciando el contacto con lo sagrado.
Pero
se necesitan machis, y chamanes, para que la tierra recobre su equilibrio. Para
que los hombres y mujeres que de ella se sustentan, sean bendecidos, sostenidos,
mimados por la Madre contenedora.
Las
Flores del Sur del Mundo, cincuenta y tres esencias sanadoras. En buena medida,
el legado de los ancestros, un regalo de amor y salud de aquellos que habitaron
una tierra generosa y espléndida,
de donde hoy, sus descendientes, son poco menos que expulsados y marginados.Las
Flores del Sur del Mundo, extraídas de unas plantas y unos árboles
que hablaron con la Machi blanca, con la Machi huinca, con la hermana Ximena,
para que el conocimiento sobreviviese y no se perdiera en el marasmo de la modernidad
decadente.
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