Misionando en la luz

 

 

1.- Desvelando lo invisible

        Una de las preguntas inevitables, que el lector se habrá hecho, una y otra vez, será: ¿Cómo Ximena ve a su Maestro de vida Moria, a su Maestro médico Karuff, y a otras entidades citadas, si ellos no son de carne y sangre? ¿Cómo puede hacerlo?

        La respuesta es obvia: ella es vidente. Así, que toca ocuparnos de lo que es la videncia.

       Una denominación sencilla, sería: vidente es la persona que percibe la realidad espiritual en lo cotidiano.

       Pero decir esto, genera, al menos, otras dos preguntas, tan inevitables, como las anteriores. ¿Qué ve la persona vidente? Y, ¿lo somos todos, cualquiera podría llegar a percibir la realidad espiritual en lo cotidiano?

       Trataremos de responder a ambas cuestiones, a fin de arrojar luz sobre el asunto.

       Ximena ve en cualquier persona, imágenes de otras a las que quiere, imágenes de la gente que ama y le preocupan. Ya sean sus hijos, padres, hermanos o pareja. Esas figuras de gente querida, rodean a cualquier individuo, quedan implícitas en su personal energía, son detectables por la persona que ve lo que pertenece a la realidad espiritual.

       Ximena, también ve al ser espiritual que acompaña a la persona, es decir, a su Maestro de vida.

       Del mismo modo, al margen del campo áurico, percibe con nitidez, el estado de salud, de quien acude a ella buscando ayuda o remedio. En el lugar del cuerpo, donde hay problemas, aparecen sombras, lo que advierte que en esa zona, la salud se ha debilitado y existe un inconveniente que urge resolver.

      Pero, no es lo único que alcanza su visión, todavía logra detectar los símbolos que en ocasiones, nos acompañan desde vidas anteriores. Símbolos que, como decimos, están relacionados con existencias pasadas, y a veces son tibetanos, egipcios, incas, mayas, chamánicos… Lo cual, le ayudará a comprender, en buena medida, la misión de vida que asumió el paciente, antes de aceptarla, es decir, previamente a nacer de nuevo en nuestro mundo.

       Aunque, para saberlo, y al margen de los símbolos mencionados, Ximena, sólo tiene que mirar directamente a los ojos de quien está frente a ella. Al hacerlo, abre su archivo akásico, y lee en él, como cualquiera de nosotros lee en éste o en otro libro impreso.

       A grosso modo, y sin entrar en detalles o pormenores, que pudieran confundirnos más que ayudarnos a comprender, lo dicho, es lo que percibe Ximena, cuando “mira” a alguien, concentrándose en extraer la íntima información de la persona. Lo cual, no es poco. Pues, hablamos, de su estado de salud, recorrido existencial anterior, y misión aceptada en esta vida, personas que ama y le preocupan, símbolos, si lo hubiera, que acompañan al individuo de encarnaciones anteriores, y, también, a su Maestro de vida, o ser espiritual que le inspira.

       Nos queda la segunda pregunta. Tal vez, la respuesta que merece, nos ayude y anime. Pues, todos somos psíquicos e intuitivos. O dicho de un modo más fácil. Todos percibimos mensajes que proceden de nuestra esencia espiritual.

       El problema está, en que no educamos esa parte, la rechazamos dándole la espalda, porque es algo que se nos antoja imposible, del todo increíble. Lo cual, es, en buena medida, fruto de la educación que hemos recibido.

       Para entenderlo, baste un ejemplo, en cualquier diccionario de sinónimos la palabra visionario, tiene como principal término equivalente, el de soñador. O sea, nos educaron para no creer en nosotros mismos, en la esencia que nos habita. Nos dijeron que todo lo que tuviese relación con lo espiritual, quedaba lejos, en el cielo, alejado de la carne, y eso es falso y también terrible, pues la parte física del ser humano, nunca quedará animada sin el espíritu, sin el aliento de vida que éste proporciona. Así que no soñamos cuando somos visionarios, en realidad, es cuando más despiertos comenzamos a estar.

       De tal modo, si educamos las intuiciones que nos llegan de lo nuclear de nuestro ser iremos puliendo la mirada, la visión, lo que está en nuestra divina naturaleza, y negamos, empeñados en pensar que somos mortales, transitorios y finitos.

       Prestar atención, creer en la intuición, en el presentimiento, es comenzar a caminar en el sendero que conduce a la videncia. La que siempre tendrá relación con realidades completas, no con otras parciales, pues los órganos sensoriales del alma, son copias exactas de los otros corporales.

       Por ello, sin miedo al error, podemos decir, que todos los seres humanos, potencialmente, son videntes, y llegarán a serlo en plenitud, siempre y cuando, crean en sí mismos, y eduquen la parte espiritual que albergan y en esencia son.

       Pero, la videncia, pasa por disponer, de un buen nivel de comunicación con lo superior, y, para esto, también tendremos que entender otra realidad ineludible. Quien avanza desde la intuición a la videncia, quien comienza a vislumbrar los primeros destellos de espiritualidad desvelándose en su cotidiano vivir, tendrá que cuidar en grado sumo su forma de expresión. Abrirá su quinto chakra, situado en la garganta, para mejorar la comunicación, a fin de purificarla, pues la palabra debe ser digna de quien luego, en una segunda fase, se comunicará con entidades celestiales mediante el pensamiento, sirviéndose de la telepatía.

       Cuidará sus palabras, anegándolas y poniéndolas al servicio del amor. Con ellas amará, nunca juzgará. Un solo pensamiento equivocado alejaría más tarde a la presencia sagrada, a la entidad celestial, por lo mismo, antes de llegar a la comunicación telepática, la persona que sube peldaños en la conquista espiritual, deberá educar la palabra pronunciada y su modo de comunicación.

       Pues las comunicaciones superiores, dependerán en gran medida, de una sana perspectiva y actitud mental.

       De nuevo, una vez más, siempre, cuando hablamos de crecimiento espiritual, topamos y toparemos con el amor, con el servicio y la entrega a los demás, con el deber de no juzgar, ni juzgarnos, pues lo único que en realidad debemos hacer, es conocernos, y entender que nadie es más maravilloso que uno mismo en la faz del planeta. Creer en nosotros, en lo que somos, sin desmerecernos, sin dañarnos, sin mermarnos de continuo robándonos la justa y debida importancia que poseemos.

       Si el común de las personas, no alcanzan a gozar de la potencial videncia de la que disponen, es sólo porque se niegan ese don y su verdadera naturaleza. El drama de la raza es el desmérito que ella misma se adjudica. La tragedia colectiva, reside en pensar y creer que somos pecadores desde el origen, y que por ellos seremos castigados, no mereciendo otra cosa que las escasas migajas que apenas somos capaces de regalarnos.

       Pero hay que aspirar a más, a mucho más, a todo lo que es nuestro y nos arrebataron con pensamientos limitados y descorazonadores.

       Precisamente, a causa de lo reducido y abatido de los pensamientos de algunos, Ximena no puede hablar con todas las personas de lo que ve cuando los “mira”, pues sólo los que gozan de un buen nivel evolutivo, aceptarían de buen grado y equilibradamente, lo que tuvieran que escuchar.

       Decir también, que, según las circunstancias, la videncia podría acarrearnos serios problemas. Por ejemplo, cuando Ximena conduce un automóvil, ha de renunciar a ella, cerrando los ojos del alma, para utilizar sólo los otros de la carne, pues de otro modo, sería casi imposible evitar colisiones y accidentes.

       Ni que decir tiene que habrá gente descreída de todo lo dicho en este capítulo. Pero a éstos, habría que preguntarles, si podrían tapar el sol con un dedo, o sacudir su alma del cuerpo, con la misma facilidad, que niegan su existencia.

       Habría que preguntarles por qué siguen soñando vívidamente y, en algunos casos, recibiendo mensajes, de personas queridas que murieron.

       A estas personas, sólo habría que invitarles a tomarse en serio sus intuiciones, y a vencer el miedo que los embarga, impidiéndoles abrazar el consejo y la luz que las mismas le reportan.

       En el fondo, creer o no creer, en buena medida, es una cuestión, de valentía o cobardía.

       Los cobardes, negarán la vida y su excelso milagro.

       Los valientes, por derecho de conquista, disfrutarán en plenitud, de su divina, eterna, e inmortal naturaleza.

   

2.- Viajera dimensional

       Los Maestros enseñan  y distinguen tres modos distintos de dormir. Está el sueño animal, el sueño con conciencia, y el otro místico o espiritual.

       El primero sería, el propio de seres derrengados, que cierran los ojos y, al poco, roncan a pierna suelta. Es un sueño meramente físico, sin alcance más allá de lo corporal, en él no habrá posibilidad alguna de trascendencia.

       El segundo, es aquel, en el que recargamos nuestra energía, donde nos nutrimos, de modo que quedamos capacitados para continuar despertando nuestra conciencia.

       El tercero y último, es en el que logramos obtener mensajes espirituales y, cuando hay un propósito, que a su vez crea una necesidad, se transciende con nuestro yo más sutil, y se visitan otros planos superiores, respecto a este de la carne y la sangre, en el que nos encontramos.

       Cuando salimos y abandonamos nuestro cuerpo, con la esencia nuclear de lo que somos, realizamos el viaje dimensional, mal llamado astral, pues la astralidad, aún pertenece a un plano de vibración densa, cercano al físico, y se trata de alcanzar los otros etéricos más elevados, en los que recibiremos la guía de los seres evolucionados que los habitan.

       En el último caso, sobre el sueño místico o espiritual, es oportuno advertir un par de cosas; mejor, tres.

       Intentar tal viaje sin conocimiento, podía conllevar a visitar planos, que son densos, vibratoriamente hablando, lo cual resultaría desagradable.

       Invitamos al lector interesado, a que se documente sobre los distintos planos o niveles de conciencia o entendimiento.

       Este, en el que nos encontramos, llamado de la supervivencia y la reproducción, sería el primero. El segundo, es el del miedo y el dolor, es el que ocupan las entidades que abandonaron el nuestro, tras la muerte física, para penar sus culpas, miedos, y el daño que hicieron a otras personas, llevados por su orgullo y arrogancia. El tercero, denominado el del poder, es, al igual que el anterior, un mal lugar para ser visitado. Pues, en él, sólo encontraremos a entidades que tratarán de esclavizarnos con sus poderosas proyecciones mentales, ciertamente negativas.

       El cuarto, el llamado del amor sentido, es mejor plano, pero los que allí habitan, aún no saben expresar el amor que sienten.

       Por lo dicho, nos interesa, el quinto, el sexto y el séptimo plano.

       Una vez más, invitamos al lector, a documentarse sobre los distintos niveles de entendimiento o conciencia. Hay abundante literatura al respecto.

       Otra cuestión a tener en cuenta, además del conocimiento, es el propósito, que debe motivarnos para realizar la salida o viaje dimensional. Salir sin propósito, por curiosidad o por experimentar, a tontas y a ciegas, no es lo aconsejable, pues el motivo ha de ser el de ayudar a quien lo necesite.

       Lo último que añadiremos, es: cuando existe el propósito y afán de ayudar, también se obtiene el permiso pertinente. ¿Quién nos da ese permiso? Los Maestros Ascendidos. Con él, que es como el salvoconducto que nos permitirá transitar por lugares vedados a la codicia, la curiosidad, y el afán de poder, saldremos acompañados. A nuestro lado, en todo momento, estará el ser espiritual que nos inspira, es decir, nuestro Maestro de vida, quien se encargará de protegernos y conducirnos en la realidad existente más allá de lo físico, hasta que consigamos familiarizarnos con la grandeza implícita en tal experiencia. Cuando lo hagamos, quedaremos facultados para salir sin compañía.

       Sólo añadir, rematando estas tres advertencias, que son muchas las personas, que, sin conocimiento, propósito y consiguiente permiso y compañía, salieron sólo para vivir experiencias penosas, al entrar en planos de vibración densa, en las que encontraron a entidades poco evolucionadas que, o bien quisieron compartir su desgraciada realidad, o, lo que es peor aún, imponerles su visión de la existencia, desde su escaso conocimiento y negativa vibración.

       Ximena, suele partir comenzando sus salidas dimensionales, orando. En su plegaria, recibe el permiso pertinente, para servir o para aprender.

       Para ella, la noche, es tiempo sagrado. Sus horas nocturnas, las dedica al servicio o al estudio junto a sus Maestros.

       Con el equipo médico del eminente doctor Karuff, participa, en numerosas sanaciones, visitando a los pacientes; además de realizar otras misiones y trabajos que igualmente le son asignados.

       Pero ahora, nos ocuparemos de mostrar, magníficas realidades, que Ximena ha tenido el privilegio de conocer, gracias a sus continuas salidas dimensionales. Realidades, antes de hoy no desveladas, que nos ayudarán a comprender, y ojalá, también a despertar en conciencia.

        Antes, señalar que, aunque en nuestro plano, se representa a la justicia con una venda tapándole los ojos, en los mundos sutiles, goza de plena visión y es verdadera.

       Cuando se viaja por las realidades superiores, se termina por entender, que el sufrimiento que aquí padecemos, será holgadamente recompensando en los mundos sutiles. Además, se comprende, que no estamos solos, nunca, pues siempre hay seres espirituales que nos acompañan. De hecho, por más que pensemos lo contrario, la soledad es algo absolutamente inexistente.

        Todo sufrimiento obedece a un fundamento, tiene una razón pedagógica.

        De hecho, sin el padecimiento que soportó durante su niñez, Ximena jamás hubiese quedado facultada para entender el dolor del semejante. Gusta recordar, y lo hace admirada, que ha visto a su amado Maestro Karuff llorar, conmovido por el sufrimiento humano. Añade, que no existe mejor experiencia que el sentimiento de fracaso, para refundir nuestras habilidades.

        Así que, si terminamos entendiendo lo que decimos, las decepciones, penas y tristezas, una vez superadas, encajadas, doblegadas, nos harán más fuertes, amorosos y humildes, ayudándonos a evolucionar.

        Por lo mismo, todas y cada una de las sanaciones que se realizan por los médicos etéricos, se basan en el amor. Y las salidas y vivencias que se experimentan en los planos superiores, generan una enorme efervescencia de amor y comprensión en éste.

        Pero, no sólo es necesario, que el lector acepte, la pedagogía implícita del sufrimiento y el dolor, sabiendo que sucede para su bien y crecimiento, así como que el mismo será generosamente recompensado en los mundos sutiles. También es necesario, que entienda el tiempo de tránsito, cambio y evolución que le ha tocado vivir en el planeta Tierra.

        Nuestro mundo se acerca a una nueva era. Nos ocuparemos de hablar de ello más adelante. Ahora, y sólo como aperitivo, hablaremos sobre este tema trascendental, desvelando algunas de las experiencias vividas por Ximena durante puntuales viajes dimensionales, que tienen relación con el asunto, y nos ayudará a situarnos y a inquietarnos, sobre lo que se producirá en breve, haciéndonos entender en qué consistirá ese cambio vaticinado.

        Todavía, antes de compartir, algunos de los lugares visitados de nuestra galaxia por Ximena, y la razón apremiante que les llevó a ellos, decir lo inevitable.

        Aunque la raza humana se esfuerza hace décadas, en la conquista del espacio, pierde el tiempo intentándolo, pues no alcanzará la habilitación de nuestro sistema planetario, hasta que la conciencia colectiva cambie. Es decir, no prosperará en ningún lugar más allá de la Tierra, ya sea satélite o planeta, mientras persistamos en apoyarnos en una tecnología que, lejos de beneficiarnos, sólo nos sirve para destruir y destruirnos.

        El disparatado arrebato tecnológico de la humanidad, basado en la industria armamentística y en un desarrollo que no está dirigido al servicio de la ascensión evolutiva, impide e impedirá la conquista del espacio a los hombres de la Tierra.

        Es decir, no nos dejarán llevar más allá del planeta una forma de vida tan destructiva como la que actualmente sufrimos y fomentamos.

        ¿Quién nos lo impide? Los pueblos más evolucionados de nuestra galaxia, organizados en la Confederación Intergaláctica. En el capítulo titulado, No estamos solos, de la primera parte de este libro, ya dimos una rápida pincelada sobre el asunto, cuando presentamos al Instructor Planetario. Dijimos entonces, e insistimos ahora, que la Tierra no es un planeta Confederado. ¿Por qué? Por su atraso y su forma de vida, inmerso en una existencia tridimensional, que corresponde a los pueblos y razas más atrasados, rudimentarios y destructivos.

         Ahora bien, tal situación no durará siempre. La existencia es continua, pues la evolución necesita de la continuidad, y a nuestro planeta, le va llegando la hora del cambio, mejoría y desarrollo; también a la raza que lo habita.

        Por lo mismo, nuestra protagonista y viajera, ha sido repetidamente convocada a reuniones que han tenido lugar en distintos mundos. Citaremos algunas de estas asambleas, para darnos cuenta del alcance de lo que tratamos.

         La Confederación Interplanetaria o Intergaláctica, se reunió, no hace demasiado tiempo, en un planeta de la constelación de Andrómeda, a fin de postular a la Tierra, como planeta Confederado.

        Allí estuvo Ximena. En dicha reunión, se debatió sobre la tecnología utilizada actualmente por la humanidad, verdadero freno y escollo, para su integración entre los mundos confederados. Pues ésta, lejos de ayudarnos, nos impide nuestro desarrollo evolutivo. Es decir, la ciencia actual, nos aleja del principal y verdadero conocimiento. La espiritualidad.

        Desdeñando el supremo valor de la espiritualidad, la raza mantiene una relación hostil con el entorno, en el que se suceden los desastres ecológicos, pues la humanidad, viviendo de espaldas y sin respetar a la naturaleza, la quebranta de continuo como Madre contenedora. Lo cual, es agredirnos a nosotros mismos, tirar piedras sobre nuestro propio tejado.

        Sin embargo, y a pesar de esto, el planeta posee, un ciclo de cambio, el mismo que está por llegar de manera inminente, y no se detendrá, por el hecho de que sus habitantes, estén o no preparados para recibirlo.

        Otra de estas reuniones, a la que asistió Ximena, tuvo lugar en Io, la luna de Júpiter, en nuestro sistema solar. Allí existe una base estelar de la Confederación. Se trató del mismo y apremiante asunto. Se aproxima el tiempo en que el planeta goce de la nueva vibración que le permitirá gozar de la cuarta dimensión, mientras, los que lo habitamos, en su mayoría siguen sin estar preparados para recibir una transformación de tal magnitud.

        Si tal información nos sorprende, lo que sigue, dejará paralizados a muchos, pues otra de estas reuniones de la Confederación de mundos evolucionados, tuvo lugar en Ganímedes, como Io, luna que orbita alrededor de Júpiter. Y ahora, lean con atención: en Ganímedes, hace siglos, muchos, que viven humanos. Fueron trasladados allí, evacuados de nuestro planeta, cuando sucedió el desastre atlante. Para sobrevivir tuvieron que adaptarse molecularmente y en su ADN, a fin de armonizar con las condiciones de la mencionada luna.

       Curiosamente, mientras humanos y no humanos, que existen y prosperan fuera de la Tierra, debaten el profundo cambio venidero por llegar en nuestro planeta, en él, la mayoría, se niega a lo evidente.

       Pronto nos ocuparemos con detenimiento, del advenimiento de la cuarta dimensión, y de lo que ello supondrá, para la vida humana en nuestro planeta.

       Ahora, para rematar la sorpresa, desvelamos algo. Cada sistema tiene, además de sol o soles, uno oculto que va gestándose.

       Nuestro sistema tendrá dos soles. Lo que hoy es el planeta gaseoso Júpiter, un día, será el segundo sol que dará luz a las áulicas y enigmáticas lunas que le rodean.

       En Sirio, nuestro vecino y más cercano sistema, hoy binario, cuenta con dos soles, y se gesta ya un tercero.

       En las pléyades, también se gozará de un octavo sol. Cuando un sistema cuenta con ocho soles, se dice que ha alcanzado la octava perfecta. Los que habitan sus mundos, habrán alcanzado un punto muy alto en la evolución, y comprenderán la Fuente de todo lo creado y existente. Serán, en su excelsa naturaleza, parte de lo divino e inmortal, como lo somos todos nosotros, pero con la diferencia, de que poseerán plena y absoluta conciencia de ello.

       Los viajes dimensionales ofrecen dos magnas enseñanzas. Una, la evolución no tiene fin, pues, como se dijo, la vida creada necesita de la continuidad. Dos, en los mundos sutiles y superiores, cada cual ocupa su lugar en función del amor y su desarrollo.

       La verdadera espiritualidad no conoce ni la anarquía, ni el oportunismo, ni tampoco la injusticia. Sencillamente, es territorio sagrado, donde se aprende a ser por Siempre Jamás.

 

3.- Reiki

       La verdadera espiritualidad, también ha de ser compartida, con hermanos y hermanas, con otras personas, que vibren en el mismo grado de luz y conocimiento, que ansíen el crecimiento y vivenciar el amor en fraternidad.

       Por ello, llegaron y siguen llegando personas conforme se avanza en el camino. Ximena no está sola. Además de sus hijas, de su  pareja, cuenta con hombres y mujeres que la asisten y, desde el respeto, la cuidan como un discípulo debe atender a su Maestro.

       Hombres y mujeres que se acercaron, que se relacionaron con Ximena, y decidieron seguir a su lado aprendiendo de su camino, compartiéndolo, con todo lo que ello significa y entraña.

       Hermanas y hermanos formando una fraternidad de luz. Unos llegaron como enfermos, y fueron sanados; otros, buscando la verdad que las religiones de este mundo no les daba. Algunos fueron dirigidos a ella por las benignas y evolucionadas entidades que la asisten.

       Pero, todas las personas que permanecen junto a Ximena, abrazaron el Reiki. Si hay una constante, un hilo conductor, un pilar donde se soporte la fraternidad de luz que en torno a ella se ha formado en el sur de Chile, es el Reiki.

        ¿Qué es Reiki?

       La palabra es japonesa. Rei, significa inteligencia de amor cósmica; ki, energía. Una traducción acertada del japonés al castellano, sería: energía de amor cósmica inteligente. 

       Para entender de qué hablamos, será necesario hacer un poco de historia.

       A finales de la centuria del diecinueve, el sacerdote católico japonés Mikao Usui redescubrió el Reiki. El doctor Usui era director de la universidad cristiana de Doshisha, en la ciudad de Kyoto. En ella predicaba e impartía sus clases. Un domingo, poco antes de la celebración de la misa, uno de los estudiantes le preguntó si él creía todo cuando estaba escrito en la Biblia, refiriéndose concretamente al hecho de que Jesús sanara a la gente con sólo imponerles las manos. A lo cual, el sacerdote contestó que sí. Pero el alumno, seguidamente, quiso saber si su profesor había presenciado alguna vez algo parecido. El doctor Usui tuvo que admitir que no. Y el estudiante, en un alarde de sinceridad, le dijo que para él resultaba imposible fundamentar su vida y trabajo en algo cuya veracidad no podía ser probada, añadiendo que para una persona joven, llena de interrogantes vitales, la fe no podía ser suficiente.

       Tal conversación llenó de zozobra al doctor Usui, hasta el punto que al día siguiente dimitió de su cargo, dispuesto a encontrar la verdad. Entendió que no debía seguir enseñando aquello de lo no podía estar seguro.

       Su búsqueda le condujo inicialmente a los Estados Unidos. En la ciudad de Chicago estudios lenguas antiguas, con el fin de acceder a las fuentes originales donde quedaban constancia de las curaciones efectuadas por Jesús. Sin embargo, pese a su concienzuda y paciente investigación, no halló nada que explicara los milagros de Jesús.

       Lo que sí encontró fueron indicios de que Buda había realizado milagros similares. Llevado por su intuición siguió esa pista y regresó a su país donde visitó numerosos templos budistas. Pero en ellos se dio de bruces con otro escollo. No existían traducciones japonesas de la mayoría de los textos que le interesaban, con lo cual, se vio obligado a estudiar chino y sáncrito.

       El tenaz empeño se vería finalmente recompensado, cuando en la biblioteca de un monasterio zen, halló manuscritos en los que un desconocido discípulo de Buda, relataba con detalles qué métodos, símbolos y fórmulas había empleado Gautama en sus curaciones, así como la forma de transmitir esas facultades a otras personas.

       Sin embargo, y aunque ya tenía lo que durante tanto tiempo había buscado, faltaba algo, lo más importante. Pues una cosa era el saber académico teórico, y otra distinta, la experimentación práctica de tal conocimiento. Mikao Usui sentía que todavía le quedaba por sanar a alguien imponiéndole las manos. Es decir, los manuscritos describían los métodos, pero en ellos no halló el poder que se necesitaba para que tal técnica pudiera realizarse.

       No estando dispuesto a renunciar, compartió su inquietud con el abad del monasterio. Éste le aconsejó que se marchara a un cercano monte sagrado, que allí practicase la meditación y el ayuno, confiando en que Dios le revelaría el secreto que con tanto afán perseguía. También se le advirtió del riesgo que al hacerlo correría, pues el abad temía que tal intento pudiera costarle la vida.

       Pero esto tampoco hizo desistir al doctor Usui. Asumió el riesgo. Se marchó al sagrado lugar decidido a meditar, ayunar y orar.

       En la cima del monte permaneció durante veinte días sin que nada ocurriera. El frío y el ayuno le habían debilitado, tanto que recordó la advertencia que se le hiciera, pues no tenía fuerzas para emprender el camino de regreso. Sin embargo, cerca ya de perder toda esperanza, sucedió que el día veintiuno de su retiro, un haz de luz clara descendió del cielo para inundarlo y llenarle de fuerza y vigor. Bañado por aquella luz, se sintió capaz, activo, despareció el cansancio acumulado durante tantos días de ayuno y meditación. Y lo más prodigioso, también, en una secuencia rápida, logró ver, envueltos en campos de energía brillante, los símbolos que había encontrado en el viejo texto sáncrito. Entonces comprendió, supo, llegó a él el conocimiento que durante años había buscado sin darse por vencido. Su acceso a la fuerza vital universal se había verificado.

       Tras la mística experiencia, el anciano sacerdote emprendió el descenso de la montaña sagrada. Tan feliz y distraído caminaba que tropezó y se lesionó un pie. Se le había abierto una herida que sangraba copiosamente, y no tuvo otra opción que probar sus recién adquiridas facultades. Así, colocó las manos encima de la herida, y, en efecto, la hemorragia se detuvo y cesó el dolor.

       Con gran esfuerzo, pero maravillado por lo conseguido y experimentado en su propio cuerpo, alcanzó la llanura. Hambriento, lo primero que hizo, fue entrar en una taberna y encargar abundante comida. La mujer joven que le sirvió lloraba. La torturaba un pertinaz dolor de muelas, tenía una mejilla hinchada. El sacerdote le pidió permiso para imponerle las manos en el lugar afectado: el dolor y la hinchazón disminuyeron.

       Mikao Usui regresó al monasterio del que había partido semanas atrás. Pero antes de llegar, unos monjes salieron a su encuentro para notificarle que el abad había enfermado, que se hallaba postrado en la cama aquejado de una fuerte artritis. Por tercera vez, Mikao Usui, imponiendo sus manos y convocando la energía de amor universal inteligente cuyas claves había descubierto en la montaña sagrada, alivió el dolor de un enfermo. No había duda, dominaba el Reiki, conocía el modo de vencer el dolor y la enfermedad imponiendo las manos, tal como hicieran Jesús y Buda cuando predicaron y realizaron señales y milagros.

       A partir de entonces, su vida cambió para siempre. Sanó a muchos, formó a otros impartiendo su conocimiento, dotando a sus discípulos de la capacidad de transmitir la fuerza vital interior universal.

       Tras la muerte del doctor Usui, acaecida a finales de 1920, el rango de gran Maestro fue asumido por el doctor Chujiro Hayashi, quien fundó una clínica en Tokio, donde la fuerza vital se aplicaba combinada con regímenes vegetarianos y únicamente para curar enfermedades graves. Muchos pacientes atormentados por el cáncer y dolencias catalogadas de incurables por la medicina convencional recobraron la salud. Lo cual hizo que numerosos miembros de las capas sociales más elevadas requirieran los servicios del doctor Chujiro Hayashi.

       El gran Maestro formó a muchos en Reiki, y estuvo al frente de todos ellos hasta poco antes de que comenzara la segunda guerra mundial. Chujiro Hayashi pertenecía a una noble familia japonesa. Sabía que no podría eludir sus responsabilidades patrióticas, pero, a la vez, no deseaba ser movilizado para tomar parte en la inevitable contienda que se avecinaba. Por lo mismo, reunió a los discípulos más adelantados, y, notificándoles su decisión de morir para evitar ir a la guerra, legó su testigo, para abandonar su cuerpo, empleando únicamente  la fuerza de su voluntad.

       Antes de morir, Sushiro Hayashi, designó a la señora Hawayo Takata como su sucesora en el cargo de Gran Maestro. Esta sufrida mujer, que durante mucho tiempo había sido afligida y atormentada por incontables dolencias y enfermedades, durante años había estado junto al Maestro aprendiendo Reiki, lo cual le sirvió para recuperar la salud y ayudar a muchas personas.

       La mujer había recibido valiosas recomendaciones de su Gran Maestro a objeto de preservar la tradición Reiki. Ambos habían conversado sobre la guerra que se avecinaba y las medidas que la sucesora de tan magnífica tradición debía adoptar para mantenerla viva.

       A ella, le debe el Reiki su expansión final, pues Hamayo Takata, impartió cursos por los Estados Unidos, también en Cánada y en América Latina. Consiguió formar a más de veinte Maestros y antes de su muerte entregó el testigo del Reiki a su nieta Phyllis Lei Furumoto y a la doctora Bárbara Webber-Ray. Las dos trabajarían juntas durante un año, aunque, finalmente, los caminos de ambas se separaron. Así, la primera, fundaría la organización denominada Reiki-Alliance; la segunda, la organización denominada A.I.R.A.

       Fue ya a comienzos de los años ochenta cuando el Reiki penetró en Europa a través de Bigitte Müller, y, desde entonces, no ha dejado de extenderse.

       Hoy por hoy, puede decirse que en todos los países europeos, también en los del Este, existen iniciados de Reiki y Maestros. Incluso en Moscú, hay un Centro de Reiki donde cada cierto tiempo dan clases algunos Maestros alemanes.

       Antes de terminar el repaso al redescubrimiento de la historia del Reiki, es conveniente recalcar, que no las dos ramas en las que se dividiera esta magnífica tradición sanadora, tras la muerte de Hawayo Takata, son respetuosas con la tradición. Sólo la que continuase la nieta de ésta, mantuvo viva la originaria llama, siendo reverentes en la iniciación de nuevos reikistas con el método que emplease Mikao Usui.

       De hecho, es bueno advertir a los interesados, que una mala iniciación en Reiki, podría acarrear serios problemas al iniciado, pues, éste, ha de convertirse en un canal de la energía de amor cósmica inteligente. Y comenzar mal o equivocadamente un camino tan especial, sería un lamentable error que conllevaría consecuencias tan desagradables como impredecibles.

       No son pocos los centros de Reiki donde, desdeñando la tradición y el consiguiente respeto a la misma, basan sus enseñanzas en una serie de técnicas y posiciones de manos que están muy lejos de abarcar la gran verdad de esta maravillosa realidad sanadora.

       No es sensato perder de vista que tal legado de sabiduría proviene de los antiguos Vedas y Nagas hindúes, arcaicos sabios que conocían lo que luego quedó perdido por un tiempo para la mayoría, pues, en honor a la verdad, siempre y de algún modo, la llama se mantuvo encendida. El trascendente conocimiento se legaba de Maestro a discípulo con absoluta devoción hacía la antigua tradición milenaria, que fue recogida en exclusivos textos escritos en sáncrito, como los que hallase el tenaz investigador Mikao Usui.

       Sin desvelar lo que ahora no es posible, sólo recordaremos los veintiún días de ayuno y oración del primer Gran Maestro japonés. Para rematar diciendo que toda iniciación en Reiki que no esté precedida de la debida y pertinente limpieza del futuro canal, es una mala iniciación o, sencillamente, un fraude.

       Precisamente por ello, el Maestro Ascendido Karuff, cuidó de que Ximena recibiera tal legado de un verdadero Maestro. Ella  fue iniciada por el Maestro Emilio Puebla, cuando éste tenía setenta años de edad, y había sumado treinta de celibato. Así lo prescribió el meticuloso y exigente Maestro Ascendido Karuff. Emilio Puebla fue iniciado en la India, y desde entonces, siempre mantuvo contacto con el país al que debía su conocimiento.

       Hoy por hoy, relacionarse con la hermana Ximena, pertenecer a su fraternidad de luz, supone haber abrazado el Reiki, por el Sistema Usui, que mantiene viva la milenaria tradición legada de los antiguos sabios hindúes.

       Hoy por hoy, podemos decir que el Reiki es la medicina más antigua, también la más eficaz y la venidera, pues, como iremos viendo a lo largo de este trabajo, se acerca un tiempo de reveladora transformación en el que la mentira de la medicina convencional será denunciada y superada.

       Hoy por hoy, hay que asegurar que quien se inicia debida y correctamente en Reiki, es una persona protegida por la energía de amor cósmica inteligente que utiliza su cuerpo para sanar. Pues el iniciado es el primero en recibir la bendición de esa energía, para lo cual, antes debe limpiarse y adecuar su vida a la labor emprendida, convirtiéndose en un canal de luz y amor para sus semejantes, en un receptáculo de salud para él y para los demás. Quien se inicia en Reiki está protegido, se le advierte de accidentes, peligros y acechanzas; pierde por completo el miedo a la muerte, y está en contacto permanente con evolucionadas entidades de planos sutiles que apoyarán sus esfuerzos sanadores.

       Quien se inicia en Reiki, siguiendo la tradición milenaria, respetándola y haciendo de ella una disciplina de vida, se convierte en un dechado de luz y amor fácilmente reconocible en su entorno. Por lo mismo, las personas, los hombres y mujeres, los hermanos y hermanas que rodean y asisten a la Maestra, todos, están iniciados en Reiki. Algunos, han alcanzado la Maestría; otros, caminan hacia ella día a día, apoyados de continuo por la fraternidad de la que forman parte. 

 

4.- Más allá de la vida física

       Servicio. Ésta es y será siempre la clave de aquellos que abrazan el camino espiritual. Se ayuda, se asiste, se consuela a quien lo necesita y lo pide. Ésta, y no otra, es la vida de la hermana Ximena, y el camino que día a día trata de inculcar a los que a su lado aprenden y crecen en la luz y en el amor.

       De tal modo, cuando los pacientes ya no pueden sanar, porque acuden demasiado tarde buscando curación, o porque les llegó el momento de abandonar este plano de la reproducción y la supervivencia, pasando por la muerte física, también entonces, se les asiste, consiguiendo para ellos una rápida transición, exenta de estancamientos y padecimientos.

       Es cierto que son muchas las personas que no creen en la vida después de la vida, pero esto, no impide que la misma exista, y tal creencia, desde luego, tiene los días contados, pues sólo se necesitará que llegue el final de la vida corporal para vivenciar el asunto de otro modo, del real y único existente: hay vida después de la vida, y, no todos los que fallecen, alcanzan la revisión de la luz con la naturalidad y prontitud que desearían.

       En realidad, que lo último se consiga, siempre dependerá de lo mismo, pues lo que impide realizar un tránsito satisfactorio obedece a los apegos, esquemas y miedos del individuo. Esto se asumirá con facilidad, si se entiende que cuando uno fallece se lleva consigo todo lo que es, piensa y cree. Nada se acaba, la vida nunca se extingue, sólo se transforma, se pasa de un latir a otro, pero se continua existiendo, y nadie deja de ser lo que era cuando muere.

       Es decir, si alguien fallece, pero su apego a las personas que quiso y seguirá queriendo es muy fuerte, su elevación como espíritu eterno, inmortal y divino, se verá afectado, se apegará a este plano, a las personas amadas, y le costará renunciar a la vida que abandonó, por más que ya no disponga de cuerpo físico para disfrutarla. Los apegos, en ocasiones, son materiales o simplemente terrenales. Y, también sucede, que los familiares o seres queridos, mostrando una pena excesiva por la marcha del fallecido, pueden retrasar la transición de quien se marcha, pues quien lo hace, no se irá tranquilo, mientras alguien amado sufra en exceso por su ida.

       En cuanto a los esquemas que nos impiden la elevación pueden ser variados. La religión y los postulados que nos inculcaron es el esquema limitante más frecuente. Pues, sea cual sea la religión que profesemos, en ella se nos enseña una serie de cosas sobre el más allá, que, luego, no encontraremos. Así, se nos dice que los muertos esperarán a resucitar para enfrentar un juicio en el día final, que algunos irán al infierno, y otros al cielo. En suma, se nos dice demasiadas cosas que tras el fallecimiento no hallamos, y eso nos desorienta y aflige, hasta el punto de estancarnos y detenernos.

       Por supuesto, también el miedo juega en contra de la evolución. El miedo es duda, y nadie que dude goza de un óptimo nivel de sabiduría. Se tiene miedo a ser castigado, se tiene miedo a lo desconocido, se siente miedo por lo que hicimos o por lo que no hicimos, por dónde iremos y por lo que sea que encontraremos. El miedo, produce dolor, niega la vida y su milagro, y estorbará a nuestra elevación, pues, para lograrla, se necesitará vibrar en el amor, en el amor a uno mismo, a los demás, al plan divino, a la evolución y a la luz.

       Apegos, esquemas y miedos. Estancamiento, dolor y padecer. Pero todo esto, cuando llega el momento de despedirse de esta vida y se es paciente de la hermana Ximena, se elude, porque ella, que tanto asiste a los que lo necesitan,  a su vez es asistida en todo momento por evolucionadas entidades.

       Cuando ya nada logra remediar la salida de plano. Cuando acaece el fallecimiento, se convoca a Santa Clara de Asís, ella, como Maestra Ascendida, se ocupa del tránsito de la entidad que se marcha. Santa Clara de Asís, es especialista en tal menester. Pues arriba, no sólo hay médicos para el cuerpo, también los hay para el espíritu, y actúan, cuando en el primero ya no cabe arreglo alguno, y son debidamente convocados.

       Y, ¿quién es y qué hace Santa Clara de Asís?

       La que hoy es Maestra Ascendida, vivió su última encarnación como mujer, en Asís, Italia, donde nació en el año 1193, en el seno de una acomodada familia. Su padre, Favarone Offeduccio, era un rico y poderoso caballero. Su madre, Ortolana, descendía de noble y feudal familia.

       Desde muy joven, Clara, aún cuando su ambiente familiar demandaba otra actitud, fue asidua a la oración, al recogimiento y al sacrificio, mostrando desagrado por los asuntos mundanos, y deseo de  abrazar la vida espiritual.

       Por lo mismo, se le había prohibido ver y hablar a los hermanos menores, como se les llamó a los seguidores de Francisco de Asís. Pero Clara se las arreglaba para ayudarlos, enviándoles provisiones por medio de una criada, admirada de que aquellos frailes, que habían renunciado a toda riqueza, además, dedicasen su tiempo y energías, comprometiendo la salud, cuidando a los leprosos, a los que todos rehuían por miedo al contagio.

       Lo que la familia temía, vino a ocurrir, en el año 1210. Clara tenía entonces dieciocho años. Acudió a la catedral de Asís durante la cuaresma, y allí oyó las palabras de Francisco, quien insistió en que para tener plena libertad de abrazar el camino de Jesús, era necesario librarse de las riquezas y los bienes materiales. Desde el púlpito, el fundador de la orden de los franciscanos, dijo: “este es el tiempo favorable... es el momento... ha llegado  el tiempo de dirigirme a Él que me habla al corazón desde hace tiempo... es el tiempo de optar, de escoger”.

       El sermón confirmó a Clara lo que venía sintiendo desde hacía tiempo en su interior. Meditando aquellas palabras comprendió cuál era su camino, dónde esperaba su felicidad. Sabía que encontraría una frontal oposición por parte de su rica y acomodada familia, era consciente de que no la entenderían, pero ella deseaba entregarse a Dios de forma absoluta, radical.

       Se fugó el 18 de Marzo de 1212, un Domingo de Ramos, comenzando la que sería su gran aventura vocacional. En la humilde Capilla de la Porciúncula se consagra al camino del servicio cristiano. Arrodillada ante Francisco de Asís, prometió renunciar a las riquezas y comodidades del mundo, para dedicar su vida a la oración, a la pobreza y a la penitencia. Se le cortó su hermosa y larga cabellera, se le colocó en la cabeza un sencillo manto, y fue enviada con unas religiosas. 

       Su padre, al saber de la fuga, montó en cólera, y salió en busca de su hija, dispuesto a devolverla al palacio al que había renunciado. Sin embargo, la firme convicción de Clara, a pesar de su corta edad, obliga finalmente al Caballero Offeduccio a dejarla donde ella había elegido.

       Con todo, Francisco de Asís, preocupado por su seguridad, dispone trasladarla a otro monasterio de Benedictinas situado en San Ángelo. Allí la sigue su hermana Inés, quien se convertiría en una de sus mayores colaboradoras, y también su prima Pacífica.

        Para ellas se reconstruye la capilla de San Damián donde se funda la Orden de las Clarisas. Aunque, en principio, se les conoció como Las Damas Pobres. Al frente de ellas, y porque así lo dispuso Francisco de Asís, quedó Clara. Desde que fue nombrada Madre de la Orden, se convirtió en ejemplo de la visión que transmitía, siempre atenta y dispuesta a las necesidades de cada una de sus hermanas, a las que atendió como a hijas.

        La Orden de las Clarisas Pobres guarda como un tesoro los testimonios de las mujeres que convivieron con Clara de Asís. Se sabe que a veces, cuando hacía mucho frío, se levantaba para abrigar a sus hermanas, y a las que eran más delicadas, les cedía su manta. Ayunaba sonriente, y si el sayal de alguna lucía más viejo, ella lo cambiaba entregando el suyo.

        Su vida entera fue una completa dádiva de amor al servicio de los demás. Jamás renunció a la humildad y al ejemplo. Lo que mandaba a sus hermanas, lo cumplía primero ella misma con toda perfección. Realizaba los trabajos más costosos. Buscaba como lavarle los pies a las que llegaban cansadas de mendigar el sustento diario. Lavaba a las enfermas y no había trabajo que ella despreciara.

        Para ella la Santa Pobreza era la reina de la casa. Rechazó toda posesión y renta, y su mayor anhelo fue alcanzar de los Papas el privilegio de la pobreza, lo que por fin le fue otorgado por el Papa Inocencio III.

        La vida de Clara de Asís fue una constante lucha por despegarse de todo aquello que la apartaba del Amor y lo que le limitara de tener como único y gran amor al Señor y el deseo por la salvación de las almas. Ella, al igual que Francisco de Asís, veía en la pobreza, ese deseo de imitación total a Jesús. No como una gran exigencia opresiva, sino como la manera de vida que el Señor les pedía y la mejor forma de proyectar al mundo la verdadera imagen de Cristo y Su Evangelio.

        Por ello, siempre fiel a las enseñanzas y ejemplos de su maestro Francisco, quiso Clara que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase. Y, aunque muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas, no los quiso aceptar. Al Sumo Pontífice que le ofrecía unas rentas para su convento, le escribió: "Santo padre: le suplico que me absuelva y me libere de todos mis pecados, pero no me absuelva ni me libre de la obligación que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo". A quienes le decían que había que pensar en el futuro, les respondía con las palabras de Jesús: "Mi Padre celestial que alimenta a las avecillas del campo, nos sabrá alimentar también a nosotros".

        Siempre vivió una vida austera y comía tan poco que sorprendía hasta a sus propias hermanas. No se explicaban cómo podía sostener su cuerpo. Durante el tiempo de cuaresma, pasaba días sin probar bocado y los demás días los pasaba a pan y agua. Por su gran severidad en los ayunos, sus hermanas, preocupadas por su salud, informaron a Francisco de Asís, quien intervino con el Obispo, ordenándole comer, cuando menos diariamente, un pedazo de pan que no fuese menos de una onza y media.

        Para la Madre fundadora de las Clarisas, la oración era la alegría, la vida; la fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo entero. La oración es el fin en la vida dedicada al Espíritu. Acostumbraba pasar varias horas de la noche en oración, abriendo su corazón al Señor y recogiendo en silencio las palabras de amor que de Él recibía. Sus hermanas dan testimonio de que, cuando Clara salía del oratorio, su semblante irradiaba felicidad, y sus palabras eran tan plenas y convincentes que movían y despertaban en ellas un ardiente celo y encendido amor por el Señor.

        También se guarda como un tesoro en el seno de la Orden, episodios milagrosos protagonizados por la primera Madre superiora. La Historia recuerda que en el año 1241, los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Entregados a la destrucción y al saqueo, el enemigo se acercó al convento que está en la falda de una loma. Fue entonces cuando Clara, que era muy devota al Santísimo Sacramento, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se enfrentó a los atacantes. Se cuenta que éstos experimentaron tanto terror que huyeron despavoridos.

        Del mismo modo, los anales de la Orden, recogen un bello testimonio. Sucedió que un día, sólo tenían un pan para que comieran cincuenta hermanas. Cundía el desánimo y la tristeza, pero la Madre superiora, bendijo la pieza de pan, e hizo que todas rezaran un Padre Nuestro. Luego partió el exiguo alimento, y envió la mitad a los hermanos menores, repartiendo el resto entre las hermanas. Aquel pan se multiplicó, dando para que todas comieran. La que hoy es Santa, dijo entonces: "Aquel que multiplica el pan en la Eucaristía, el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer de pan a sus esposas pobres?"

        No son los únicos relatos milagrosos que de Clara de Asís se conservan. Basten éstos, para acercarnos y entender la férrea fe de esta mujer ejemplar.

        El 10 de agosto del año 1253, a los 60 años de edad, y con 41 años de ejercicio ejemplar como religiosa, Clara de Asís abandonó la vida física, para recibir el premio de sus esfuerzos, formando parte de los que en la evolución celeste, tras aprender el amor y la entrega a los demás, en la evolución humana, ya no necesitan volver a utilizar el canal del nacimiento para regresar a este mundo de la reproducción y la supervivencia.

         Hoy, las religiosas Clarisas, suman unas 18.000 religiosas, repartidas entre 1.248 conventos.

         Ya sabemos quién fue la mujer que se convirtió en Maestra Ascendida. Veamos ahora lo que hace para ayudar a los que fallecen y necesitan orientación y guía para alcanzar la revisión en la luz.

         Santa Clara convence a las entidades que abandonan esta vida, para que entiendan que no son lo que creían ser, es decir, que son mucho más que el personaje que encarnaron. Cuando nacemos, necesitamos acumular una serie de experiencias que nos aportarán un aprendizaje concreto, el que necesitamos para evolucionar. Pero somos mucho más, somos espíritus amados, divinos, eternos e inmortales.

         Perder la perspectiva es fácil. Pero, hemos vivido vida tras vida tras vida, y regresaremos a este plano de la forma, hasta que en él, percibamos la grandeza que somos. Ella, que recibe a los que se marchan, les abre a esta gran verdad aumentando su entendimiento y haciéndoles vibrar en el amor. Pues los que fallecen deben hacerlo para acceder al quinto plano, llamado el del amor expresado. Allá se respira música y sonido, el amor te rodea y tiene lugar la revisión en la luz. En ella, la entidad, vivenciará todo lo que hizo en su última encarnación, y también tendrá pleno conocimiento de su recorrido existencial, es decir, sabrá todos los personajes que encarnó en otras existencias terrenales. Tal vez, lo mejor de la revisión en la luz, es que vemos objetiva y subjetivamente. Decimos que Dios está en todos y en todo, decimos que ahora vemos confusamente, pero que luego, veremos como Dios nos ve. Es esto. Cuando accedemos a la revisión de la luz, volvemos a vivenciar lo que acaeció en nuestra vida terrenal, y también conocemos lo que sintieron nuestros semejantes cuando nos relacionamos con ellos. Vemos, por tanto, objetiva y subjetivamente. Volvemos a sentir tal como lo hicimos, y conocemos lo que hicimos sentir a las personas con las que compartimos e interactuamos.

        Prepararnos para esto es lo que, desde la evolución celeste, hace Santa Clara de Asís, quien, acude, cuando la hermana Ximena la convoca, para conducir al espíritu que deja esta vida, hasta el quinto plano, haciéndolo de modo complaciente y vibrando permanentemente en el amor.

        La hermana Ximena asegura que Santa Clara es parca en palabras, concisa, concreta, amorosa, y muy efectiva realizando su labor.

        Servicio. Ésta y no otra será siempre la clave de aquellos que abrazan el camino espiritual. Se ayuda, se asiste, se consuela a quien lo necesita y lo pide. Ésta, y no otra, es la vida de la Maestra Ximena, y el camino que día a día trata de inculcar a los que a su lado aprenden y crecen en la luz y en el amor. 

 

5.- Recobrando la salud

       Seamos claros. Es necesario decir que la medicina convencional, es un gran engaño, un rotundo fraude y un espeluznante negocio. Lo es, desde el momento que los facultativos, más que especialistas de la salud, lo son de la enfermedad, de mantenerla y propagarla. Pues, a lo que llamamos sistema de salud, habría que llamarle más bien, sistema de enfermedad. Habrá que hacerlo, si tenemos en cuenta y no perdemos de vista, que la medicina actual sólo reconoce la existencia del cuerpo físico y no contempla en ningún momento ni el espíritu, ni la mente, ni las emociones, tratando únicamente el síntoma y no la causa del problema.

       De tal suerte, el injusto y equivocadamente llamado sistema sanitario, se complace en mantener al paciente en la más completa ignorancia y dependencia, invitándole de continuo a que consuma fármacos, que es donde está el gran y espeluznante negocio.

       Basada en la física materialista de Newton: tal efecto obedece a tal causa, y por tanto tal síntoma precede a tal o cual enfermedad, requiriendo tal o cual tratamiento, la medicina científica, que sólo reconoce lo que ve, toca o se mide, niega toda conexión entre las emociones, el pensamiento, la conciencia y el estado de salud del cuerpo físico. Tanto así que, cuando encuentra un problema parecido, se limita a llamar al padecimiento “enfermedad psicosomática”, y a enviar a casa al paciente, atiborrándole antes de pastillas para los nervios.

       Hablamos del gran negocio, basado en una evidente estrategia. Se trata de tener cada día más enfermos crónicos que se vean obligados a consumir un mayor número de productos paliativos. Por ello, sólo se trata los síntomas, se prescriben medicamentos para mermar o reducir el dolor, para bajar la fiebre o la inflamación, pero sólo en contadas ocasiones, fármacos que resuelvan el problema, como los antibióticos, que, claro está, aumentan su precio en comparación a otros.

       Lo peor es que la mayoría de la gente sigue pensando que el sistema sanitario está al servicio de la ciudadanía. Pero esto es completamente incierto. El actual sistema mal llamado sanitario, sólo está al servicio y a las órdenes de la industria farmacéutica, de las grandes multinacionales, que son las que organizan los congresos médicos, financiándolos, y estableciendo los distintos comités científicos de éstos, controlando así todas y cada una de las ponencias y presentaciones que se ofrecen en este tipo de eventos. También las industrias farmacéuticas multinacionales, son las que, con su dinero e influencia, determinan lo que deben estudiar y no estudiar los futuros profesionales de la medicina.

       Tenemos que darnos cuenta de que la medicina, es, hoy por hoy, antes que ninguna otra cosa, un negocio, y que está controlada, además de por las grandes industrias farmacéuticas, por los seguros, ya sean públicos o privados. Debemos entender que en cuanto un ciudadano tiene un seguro, pierde automáticamente el control sobre el tipo de medicina que se le ofrecerá en caso de necesitarla.

       No es precisamente la Ciencia, ni el afán de servicio, ni el altruismo o el amor desinteresado, los que controlan la actual medicina científica. Sólo la controla el dinero. Y los grandes capitalistas que hacen negocio con la enfermedad de las masas, lo único que desean es seguir ganando más dinero. ¿Cómo lo consiguen? Obvio, haciendo que las personas estén enfermas, pues los ciudadanos sanos no generan ingresos ni ganancias para ellos.

       Así, estamos hablando, de una auténtica mafia, de un sistema sanitario que, entre sus prioridades, la principal, es y seguirá siendo, crear enfermedades, y que mata y seguirá matando por dinero, para seguir generando los cuantiosos beneficios que a su vez sustentan el gran poder que poseen.

       Mientras los costes por salud se disparan y siguen subiendo en todos los países de nuestro sufrido planeta, la gente sigue enfermando y muriendo. Seguramente, porque la mafia que denunciamos, es cada día más poderosa. De hecho, los que desde dentro del sistema, tienen el valor de levantar la voz, posicionándose en contra de semejante y espeluznante drama, son silenciados, expulsados, condenados al más terrible ostracismo.

       Si surgen planteamientos y terapias alternativas, se califica de orates e irresponsables a los que las vindican y practican. No se duda en retirar licencias o en encarcelar a los que intentan abrir nuevos caminos. La ramificación de esta mafia bien organizada llega al poder político y controla los medios de comunicación social. Desde los últimos, se  vende de continuo el miedo a la enfermedad, el rechazo a la vejez, y se intimida con la amenaza de la muerte.

       Todo para que no prospere lo que se ha venido a denominar las “terapias suaves”, como se define a métodos de curación menos agresivos, que contemplan la enfermedad como algo que abarca mucho más que el mero cuerpo físico. Sin embargo, estas terapias suaves, son más baratas, eficaces y presentan para el paciente un cuadro menor de efectos secundarios.

       Y es que la medicina oficial, la medicina científica, no permite que existan otras formas de sanar que no sean serviles al sistema. Por ello se dan verdaderas “cazas de brujas” entre los propios profesionales, a los que se les enseña que no deben implicarse emocionalmente con los pacientes,  y a que se comporten, poco menos, que como “dioses” de la salud.

       Frente a todo esto, hallamos verdaderos oasis donde se trabaja desde el amor y el debido y cabal conocimiento en pro de que los pacientes recuperen la salud.

       Oasis, donde no residen, ni la supina ignorancia ni el anhelo descabellado de enriquecerse utilizando la enfermedad ajena. Por tanto, hablamos de amor y de conocimiento.

       La pirámide la componen siete niveles, siete cuerpos, siete concien­cias, siete campos de conciencia vital. Todo ello es el ser humano, siendo el cuerpo físico uno de esos siete cuerpos, una de esas conciencias. Enfocar la salud, el restablecimiento de la misma, desde la óptica de que sólo el cuerpo físico existe, es como pretender alcanzar el sol con el simple hecho de levantar las manos.

       Ya dijimos en el capítulo titulado Medicina General Etérica, que los Maestros Ascendidos no sanan ni operan en el cuerpo físico, lo hacen en el duplicado de éste, pero en planos superiores, pues arriba, es igual que abajo, y lo que se arregla y corrige en lo sutil, finalmente se impregna y restablece en la carne.

       Precisamente por ello, y porque la verdadera motivación es asistir desde el amor, y no ganar dinero engañando, la Medicina Etérica ha conseguido recuperar la salud de pacientes completamente desahuciados por la otra medicina, la de la enfermedad y el fraude.

       En el capítulo mencionado se detallaron algunos casos, veamos ahora otros, que, como botones de muestra, nos ayudarán a entender lo que decimos.

       En el año 1997, Antonia, una mujer de 27 años, acudió al hospital aquejada de diversas molestias. Se le diagnosticó un bocio con módulos, un problema que según le dijeron se debía a un mal funcionamiento de las tiroides. Ese mismo año fue operada. Pero la intervención salió mal. Debió durar unas dos horas, y estuvo en quirófano casi ocho.

        El mal hacer de la medicina científica llevó a la paciente a la unidad de cuidados intensivos, donde sufrió un paro respiratorio y donde hicieron ir a un sacerdote, pues ya nadie apostaba por su recuperación.

        A Antonia le habían extirpado la tiroides y la paratiroides, a duras penas, salió de la unidad de cuidados intensivos. Tras un mes de hospitalización, le dieron el alta en un pésimo estado. Apenas caminaba, se le caía el cabello, completamente descalcificada, se le prescribió un tratamiento tortuoso. Se le administraban sesenta inyecciones y debía tomar otras noventa pastillas de calcio diariamente. Sufría desmayos, dolores, apenas lograba moverse.

        Desesperada, acude a Ximena, en enero del año 1998. Es atendida por el Maestro Ascendido Sim-All-Karuff. A los pocos días remiten los dolores. A las pocas semanas, pasan los desmayos; paulatinamente, logra recuperar la movilidad.

        A Antonia, que ya tenía un hijo, la medicina científica le aseguró que no podría volver a ser madre. La falta de calcio en su organismo y la ausencia de condiciones hormonales lo impedían.

        Pero Antonia, tratada por la Medicina Etérica, fue restableciendo todo lo que se le había extirpado erróneamente en el quirófano. Costó esfuerzos y tiempo, pues el daño que se le hizo fue grande. Pero, en el año 2005, fue madre por segunda vez. Dio a luz a un niño sano que hoy, como otros, es el hijo del Maestro Karuff. Un niño muy especial de quien no hablaremos ahora, pero que con su vida evidencia lo insoslayable: la Medicina Etérica, no sólo es superior a la medicina científica, sino que prueba, con los resultados obtenidos, la enorme ignorancia de la última y el daño que, en más ocasiones de las que podríamos imaginar, crea en pacientes con pésimos diagnósticos y un proceder equivocado, parcial y precipitado.

        También tenemos el caso de Marcelo para atestiguarlo. Un chico de veintidós años que sufrió un terrible accidente de automóvil. Fue comenzando el nuevo milenio. Había perdido masa encefálica y sufrió un coma profundo. Cuando salió de éste, prácticamente vegetaba. No caminaba, no hablaba y necesitaba de continuos cuidados para sobrevivir.

        La familia, que nunca se resignó a dejar a su hijo en tan lamentable estado, tras desesperar renunciando a la medicina científica que negaba toda mejoría del paciente, llevó a Marcelo a la hermana Ximena. El joven llegó a la consulta en ambulancia, en una camilla. Llegó completamente desahuciado.

        Diez meses después, Marcelo caminaba, andaba, y recuperó su calidad de vida anterior. Una vez más, en los cuerpos superiores, en los cuerpos etéricos y sutiles, se actúo regenerando lo que para la medicina científica sería imposible.

        Casos. Hay tantos, todos tan espectaculares, completamente ciertos, datados, con nombres y apellidos. Esta el otro de Noemí. Una chica de sólo dieciséis años que haciendo gimnasia en el colegio repentinamente se desmayó. Sufrió una aneurisma cerebral y quedó en estado de coma.

        La llevaron a la unidad de cuidados intensivos. Prepararon a la familia para lo peor. Pero, una vez más, la familia no quiso resignarse, luchó, buscó, indagó, y encontró a Ximena. En esta ocasión, el paciente estaba en el Hospital Base de Puerto Montt. Costó, pero, por petición de la familia, Ximena visitó en el restringido lugar a Noemí. Cincuenta personas quedaron fuera orando por la enferma.

        Frente a su cama, junto al desvalido cuerpo físico de Noemí, Ximena la buscó en los mundos sutiles. La encontró aterrorizada. La chica estaba asustada, pensaba que había hecho algo malo, que se le estaba castigando. Sufría. Pero Ximena le habló, la tranquilizó. Con la ayuda del Maestro Ascendido Karuff, restableció su dañado organismo, le entregó el valor que Noemí necesitaba, la convenció para que regresara, le mostró cómo hacerlo enseñándole el camino de la vida.

        De repente, toda la maquinaria médica, comenzó a detectar la mejoría y el restablecimiento. Los monitores se encendieron anunciando que la salud había llegado donde antes no estaba.

        Los médicos entraron a la habitación, y lo único que se les ocurrió preguntar a Ximena fue qué era lo que se había atrevido a tocar...

        Hoy la niña, ya una mujer, es una persona normal, no le quedó secuela alguna de aquella experiencia, superando por completo aquel coma producido por la aneurisma cerebral.

        Casos, miles, datados, comprobables. Personas a las que la medicina científica desahució tirando la toalla. Algunas de ellas, atacadas por males ajenos a su propio organismo, como le ocurrió a Consuelo, una señora de cuarenta y cinco años, natural de Puerto Varas. A ella, alguien, quiso exterminarla utilizando la magia negra, que, por supuesto existe, porque así como existe la luz también lo hace la oscuridad.

        La mujer era incapaz de caminar, lloraba sin saber la razón, presentaba un rostro pálido, sin brillo. Hicieron falta cuatro personas para mantenerla en la cama, donde saltaba y levitaba para el espanto de los presentes.

        La hermana Ximena actuó con la ayuda de los Maestros. Recuperó la vida y la salud para aquella mujer que tan cruelmente fue atacada. Aprovechamos para decir aquí, que el daño, una vez rechazado, regresa a la persona que lo crea. Funciona así, quien se atreve a jugar con fuego debe saber que puede quemarse, aquel o aquella que es capaz de matar utilizando el poder de la magia negra, tiene derecho a saber que, si el mal que creó es rechazado, superado, eliminado, lo que hizo, en justicia, se le devolverá.

        En casos como este se demuestra que el discípulo de la luz tiene que estar preparado. En su máximo potencial espiritual. En casos como este, y en otros muchos, la medicina científica ni siquiera sabe por dónde comenzar, pues no se atreve a contemplar la trascendencia de la existencia humana, pues la misma, sencillamente, no es rentable para el gran y mezquino negocio que han creado y mantienen los que nunca se implican emocionalmente y actúan como dioses ante los sufridos pacientes.

        Casos. Tantos, podríamos dedicar este libro únicamente a dejar constancia de ellos, y nunca cabrían todos. El amor es la clave, la llave maestra que abre todas y cada una de las puertas de nuestra evolución.

        En un capítulo anterior se habló del Maestro Terrier de Liseux, de su historia terrible en su última encarnación, cuando, habiendo nacido sordo y mudo, además, le destruyeron sus ojos. La hermana Ximena, entre tantos y tantos casos, gusta recordar uno, en el que el Maestro Terrier de Liseux, devolvió la vista a una anciana desvalida, haciéndolo en un acto de amor. La mujer, gozó del don de la visión durante los últimos años de su vida.

         Quien se ha relacionado con Ximena Burgos Soto y su fraternidad de luz, está familiarizado con este tipo de casos. Quien está familiarizado con este tipo de casos, forzosamente, amplia su conciencia, su visión de la existencia y alcanza a comprender el poder del amor y de la luz.

         Recobrando la salud, eso es lo que estamos haciendo ahora desde estás líneas. Pero, para hacerlo, hay que mirar más allá del cuerpo físico. Recordemos, la pirámide la componen siete niveles, siete cuerpos, siete concien­cias, siete campos de conciencia vital. Todo ello es el ser humano. Desde luego, mucho más de lo que defiende la ignorante visión de la medicina científica.

 

6.- Laboratorio

        Volver la mirada a la naturaleza. Ser de nuevo acogidos por la Madre Tierra sostenedora. Crecer en ella, existir con ella, nutrirse de su latir en la armonía de sus estaciones. Amarla y respetarla para que nos regale el fruto de sus cosechas y la bendición de sus plantas y coloridas flores, donde también reside la salud y la ayuda necesaria contra la enfermedad.

        La Tierra, el sur de Chile, pleno en lluvias, feraz, profundo y severo en sus bosques tupidos de misterio. La Tierra en el sur de Chile es masculina, queda salpicada de volcanes adornados de nieves perpetuas, y, aunque es azotada por vientos que bajan de la codillera o llegan implacables del océano, ofrece árboles y plantas que, debidamente tratadas, se convierten en el sagrado emoliente dador de vida y alegría frente a la dolencia o el padecimiento de hombres y mujeres.

        Estos árboles y plantas regalan las flores del sur del mundo. Pero, antes de hablar de ellas, tendremos que hablar del largo camino que tuvo que recorrer Ximena para llegar a ellas. Lo haremos en este y en el siguiente capítulo, con calma, convocando la suavidad que merecen las flores.

        Ya se dijo, cuando someramente se enumeraron los viajes de Ximena, que estuvo en Inglaterra, y que en el país estudió Las Flores de Bach. Lo hizo, para abrazar el camino del doctor que, como ella misma, había comprendido que toda enfermedad se genera en su origen en las emociones, en el alma, y que la naturaleza, está dotada en la delicada manifestación de las flores, para curar tales dolencias.

        Ximena se ha convertido en una de las más respetadas especialistas de esta disciplina sanadora en su país, la cual ofrece a pacientes, con satisfactorios resultados.       

        Las Flores de Bach son una serie de esencias naturales utilizadas para tratar diversas situaciones emocionales, como miedos, soledad, desesperación, estrés, depresión y obsesiones. Fueron descubiertas por Edwar Bach, entre los años 1926 y 1934.

        El Dr. Bach era, además de médico y homeópata, un tenaz investigador. Experimentó con diversas flores silvestres nativas de la región de Gales, en Gran Bretaña, de donde era originario, hasta encontrar 38 remedios naturales, cada uno con propiedades curativas para distintos problemas emocionales. A estas 38 flores se les llaman Flores de Bach.

        Su teoría era que las enfermedades físicas tienen un origen emocional, y que si este tipo de conflictos emocionales subsisten por largo tiempo, la enfermedad del cuerpo termina manifestándose. Sin embargo, al restaurar el equilibrio emocional se resuelve la enfermedad física. Fue siguiendo tal idea como desarrolló su conocida y celebrada Terapia de las emociones.

        Hoy por hoy, después de más de 70 años de su utilización, las Flores de Bach han sido probadas como un magnífico sistema para tratar problemas físicos, mentales y emocionales de los seres vivos.

        Pero si en la región de Gales, en Gran Bretaña, existen flores, también pueden encontrarse en el sur de Chile. Y si Edwar Bach desarrolló su Terapia de las emociones con sus 38 esencias, Ximena Burgos Soto, ha desarrollado sus Flores del Sur del Mundo, con otras 53 flores autóctonas de su país.

        Seguramente, la mayoría de los lectores se estarán preguntando cómo es posible que con esencias extraídas de simples flores se pueda conseguir sanar a alguien de cualquier dolencia o enfermedad. La respuesta es bella, poética, en realidad, alquímica.

        Tengamos presente que la vida de la planta se concentra en sus flores, y que en la flor está la semilla que después vuelve a la tierra para regenerarse de nuevo. Así, cuando nos relacionamos con las flores y la preparación de los remedios, actuamos a través de los cuatro elementos fundamentales que regulan la armonía de nuestro planeta. Se cuenta con la tierra, que proporciona a la flor apoyo y sostén. También está el aire, que alimenta a la flor; y el fuego, que se expresa con fuerza, a través del sol, nutriendo y regenerando, siendo un elemento indispensable en la preparación de las esencias. Sin olvidar, por supuesto, el agua, que igualmente alimenta a la planta y es determinante para la vida del planeta.

        Así es como toda la naturaleza se expresa a través del vínculo con los cuatro elementos que se encuentran en la base de la vida misma y son, por lo tanto, imprescindibles en la elaboración de cada una de las esencias.

        Sin embargo hay más, bastante más. Por decirlo de algún modo, lo anterior es la base, lo siguiente son los cimientos de lo que se construye en estrecha cooperación con la evolución celeste.

        La hermana Ximena cultiva cada una de sus cincuenta y tres plantas, en el tiempo preciso, en la estación pertinente. Después las cosecha, comenzando un trabajo sutil en el que participa toda la fraternidad. A esta actividad, se le denomina Laboratorio, y se le dedica un día fijo todas las semanas. De la flor se extrae la esencia, la misma, tras el debido tiempo, se envasa, se etiqueta, y se almacena. Es la parte humana, y no toda. Pues, como dijimos, hay más.

       La hermana Ximena cuenta para este maravilloso menester, con la inestimable ayuda del Maestro Ascendido Aladino. De él sabemos que fue un gran alquimista, y que mantuvo un continuo y directo contacto con los reinos mineral y vegetal. El Maestro Ascendido Aladino se relaciona con los guías del mundo dévico, que son los grandes custodios del reino vegetal. Y esta evolucionada entidad, plasma las esencias, poniéndoles energía a cada uno de los elementos que las nutren.

        Precisamente por esto, extraer las esencias curativas de cada una de las flores es una labor tan delicada, pues trabajar con la naturaleza y los Devas, requiere de una actitud espiritual y de un estado armónico, pues, lo que se consigue, se realiza en un espacio sagrado.

        Tan delicada es esta labor, tan sutil, que si los hermanos o hermanas que envasan las esencias, están enfadados, agobiados por problemas personales, o no gozan de la calma y la armonía necesarias, las esencias se precipitan, se estropean, y todo el trabajo anterior de siembra, recolección y extracción, se pierde irremediablemente, pues, como decimos, cuando se realiza la actividad que en la fraternidad de la hermana Ximena, se denomina Laboratorio, se está trabajando en un espacio y también en un tiempo sagrados, por lo mismo, nadie que trasiega esencias, que las envasa, que las manipula, lleva un reloj en la muñeca, pues se entra en otro tiempo, uno distinto al humano, también el reloj de nuestro latir cotidiano, estropea precipitando las esencias.

        Una vez más, hombres y mujeres, y evolucionadas entidades, trabajan juntos buscando erradicar dolencias y eliminar enfermedades, pero la actitud de los hombres y mujeres que se prestan a realizar esta labor, ha de ser, como se ha dicho, espiritual, gozando de paz y armonía interior.

        Se han dado casos, tristes, en los que por negativas vibraciones, energías densas y poco apropiadas de personas que manipularon las esencias, éstas se precipitaron estropeándose. No se trata de envasar líquidos, se trata de contribuir a obtener el resultado de mucho amor depositado en flores muy especiales y sutiles seleccionadas con la ayuda de la evolución celeste.

        Y, ¿cuáles son estas flores y las enfermedades o dolencias que atajan y combaten?

        Enumerarlas ahora todas, teniendo en cuenta que son un total de cincuenta y tres, resultaría cansino y seguramente enfadoso. Pero veamos algunas de ellas, todas, como dijimos, autóctonas del sur del mundo, del sur de Chile.

        La esencia de flor de la Borraja, combate la pena, el abatimiento, la desilusión, ayuda a personas que no se sobreponen a la tristeza y a la depresión, que padecen falta de valor. Regula el ritmo cardíaco, la tiroides, el sistema óseo y circulatorio. También se prescribe para la menopausia y contra los mareos. Favorece la asimilación de magnesio, calcio, zinc y hierro.

        La del Calafate, es una esencia apropiada para superar el agotamiento emocional. Sirve a los viajeros, refugiados lejos de su patria terrenal. Ayuda a desarraigar vicios como drogas, alcohol o tabaco. Llena el vacío del alma y el corazón. Ideal para misioneros y enviados espirituales.

        La del Canelo estimula la conexión tierra-cielo, el origen chamánico y la relación con el gran espíritu Madre-Padre. Limpia el campo áurico y los chakras, oxigenando los receptores energéticos. Protege de malas influencias, tanto psíquicas como mentales, y se utiliza para aperturas y la limpieza de camino.

        La del Coicopihue protege la inocencia infantil. Ayuda a repararla cuando ha sido dañada o violada. Con ella se vuelve a creer en lo mágico y favorece la relación con los elementales de la naturaleza, hadas, gnomos y seres invisibles. Desarrolla la imaginación. También se aconseja para los que siembran y cuidan la tierra protegiéndola. Concede protección angelical y astral.

        La de Dafne sirve para mejorar la comunicación. Quinto Chakra. Dulcifica la voz antes de dar clases o conferencias. Mejora la audición y clarividencia, la visión intuitiva y la comunicación con el Sexto y Séptimo centros. Conecta con seres sutiles y guías espirituales potenciando las glándulas Pineal y Pituitaria.

        La de Diente de León se utiliza para combatir el estrés, la tensión muscular y mental, los calambres, la ansiedad, las contracturas y vómitos. También contra los tic nerviosos, para regular las digestiones, o calmar a las personas hiperactivas o impacientes, pues actúa como regulador energético.

        La de Fuinque refuerza la malla celular que cubre la piel, es ordenadora del sistema linfático, purgante y diurética. Limpia las zonas de desgaste como los pies y la columna. También puede cortar lazos genéticos de enfermedad o carencias, como el cáncer y la pobreza. Reubica el ADN de acuerdo al orden natural, iluminando desde lo alto.

        La de la Hortensia es apropiada para las personas que sufren abandono por los hábitos paternos o alcoholismo por exageración. Combate la falta de claridad en sí mismo, la exigencia consigo mismo, la falta de confianza por circunstancias pasadas, y la falta de fe por incertidumbre. También se prescribe a personas con miedos ocultos, temerosas y que no se atreven a asumir responsabilidades. La esencia aporta claridad y descongestionamiento mental, elimina sentimientos persecutorios, permite la integración del agobio y ayuda a que la vida cotidiana se enfrente con amor y dulzura. Por lo mismo, siendo un gran depurador y energizante, es muy recomendada en todo trabajo de desintoxicación.

        La del Lirio Azul desarrolla la creación artística. Haciendo que se tome contacto con el potencial creador, renovando la energía etérea tendente al renacimiento y a la regeneración. Sirve para los artistas, pues estimula el contacto con el Yo Superior y el subconsciente.

        La del Notro transmuta energías bajas del instinto, como odio, violencia o agresividad. Es el árbol venerado por los mapuches para abrir el octavo chakra. Concede elevación sublime y consciente, potencia el encuentro con la madre tierra y evolución mientras en ella se habita. 

       La del Pasiflora se utiliza contra la histeria, el insomnio, los dolores de cabeza motivados por los nervios. Equilibra la falta de sintonía con el nexo espiritual en la vida diaria, así como la conexión con lo cotidiano por el frenesí religioso. Se aplica con personas de corazón cerrado y endurecido a causa de sólidas convicciones, esfuerzos y sobrecargas de poder, que hacen del tiempo lo primordial de sus vidas.

       La del Retamo Amarillo es la esencia de la abundancia, con ella se considera las dificultades como oportunidades de crecimiento y evolución. Concede magia creadora y plasmadora. Frena el pesimismo y la negatividad, además limpia los riñones y los conductos urinarios, siendo utilizada para eliminar la cistitis.

       La de la Salvia purifica el plano energético, recuperando el ritmo interior y equilibrando los horarios. Aporta un efecto etérico purificante y armonizador. Neutraliza los sentimientos negativos, como la envidia y los celos, ordenando el espíritu y la personalidad. Se utiliza contra los mareos y en las mujeres cuando llega la menopausia.

       La de la Vinca se manifiesta como protector inmunológico y antivirus, reforzando el sistema defensivo astral. También ayuda a emprender nuevos proyectos. Mejora la memoria y la vivacidad mental. Fortalece el bazo ante todas las infecciones. Ayuda a dormir y a soñar.

       La esencia denominada Emergencia es un preparado alquímico y sagrado de siete flores que, unidas, provoca un bienestar y mejoría inmediata ante cualquier crisis de emergencia. Se utiliza para el buen morir, para calmar a los recién nacidos que lo necesiten, para combatir las crisis nerviosas, de pánico o traumas severos.

       Son sólo quince de las 53 esencias que se extraen en el laboratorio de la hermana Ximena y su fraternidad de luz. Son una escueta muestra del catálogo de Las Flores del Sur del Mundo. Son años de trabajo, de espera en las cosechas, de quehacer armónico y espiritual, de ayuda de hermanos y hermanas, de inestimable y magnífica guía celestial.

       Es un tesoro médico, absolutamente natural, pues todos los cultivos son orgánicos, sin agentes químicos, regados con agua pura. Es un proceso lento, amoroso, alquímico. Cuando una planta llega de fuera, se depura durante un año hasta que ésta se acostumbra a la tierra sagrada de Campo Victoria, donde se consiguen las apreciadas cosechas de flores.

       Quizá, veamos el verdadero alcance de lo que tratamos de explicar, compartiendo lo siguiente: cuando en el verano del año 2009 golpeó tan fuerte en el sur de Chile la pandemia de la Gripe A, “la porcina”, como se le llamó con terror entre la gente de la calle, hubo discípulos de la hermana Ximena que se vieron afectados. Entonces, la jerarquía de Maestros Ascendidos Médicos, trabajaron con ella para conseguir una esencia antiviral. La consiguieron, no tenemos permiso para difundir la exacta y proporcionada fórmula de la misma, sólo sus componentes. Los discípulos que enfermaron eludieron la muerte, con un compuesto que se realizó con tomillo, jengibre, capuchina, nalca y echinacea, el cual, reforzando el sistema inmunológico sanó a los que pertenecían a la fraternidad y contrajeron la temible enfermedad que tantas muertes causó en aquel año de funesto recuerdo en el sur de Chile.

       Volver la mirada a la naturaleza. Ser de nuevo acogidos por la Madre Tierra sostenedora. Crecer en ella, existir con ella, nutrirse de su latir en la armonía de sus estaciones. Amarla y respetarla para que nos regale el fruto de sus cosechas y la bendición de sus plantas y coloridas flores, donde también reside la salud y la ayuda necesaria contra la enfermedad.

 

7.- El legado de los ancestros

       Aunque Ximena Burgos Soto desciende, como indican sus apellidos, de una familia netamente española, es chilena, y, además de serlo, amante de las culturas indígenas de su país.

       Con los indios huilliches, cuyo término vendría a significar en castellano, la gente del sur, se relacionó desde muy corta edad, atraída por su forma de enfrentar la existencia.

       Recuerda que a la tierna edad de doce años, ya le gustaba dedicarles tiempo, siempre ansiosa de entender a ese pueblo cuyas raíces eran tan antiguas.

       Fruto del temprano contacto, comenzó a conducir un programa de radio, en Osorno, en la emisora “La voz de la Costa”, donde se ocupaba de retrasmitir los partidos de Chueca, un juego típico de los indígenas chilenos.

      En Chile, como en la mayoría de los países americanos, la cultura indígena está denostada, a los descendientes de los aborígenes, se les ve como algo superado, marginal, ajeno al mundo actual y moderno.

       Sin embargo, Ximena, siendo adolescente, cuando les dedicaba su tiempo, compartía con ellos y los hacía protagonista de sus ratos de radio, se sentía como en casa, cómoda, siempre atraída por ese mundo tan peculiar que pareciera querer desvelarle algún secreto, un camino que entonces intuía y aún no llegaba a comprender.

       Oyendo la voz interior, el deseo de saber más de los ancestros originarios del país, además de su experiencia en radio, también trabajó en la osornina Misión de San Juan, en un programa intercultural de integración con la comunidad indígena. Allí enseñaba danza clásica, a cambio, a ella se le entregaba un conocimiento ancestral.

        A la hora del almuerzo, la joven Ximena, gustaba ir a descansar al cementerio huilliche.

        Encontraba tanta paz, le resultaba tan distinto a todo lo que había visto antes, que cedía a su embrujo, dejando pasar largos minutos en el lugar sagrado.

        Los huilliches, dan sepultura a sus difuntos, construyéndoles una casa similar a la que ocuparon mientras vivieron.

        Aquella forma de enfocar la muerte, la despedida de la gente querida, siempre le causó fascinación atrayéndola poderosamente.

        Pero un día, cuando regresaba al internado donde impartía las clases, en el camino, la abordaron varias mujeres indias, para preguntarle por qué dormía con los ancestros, por qué pasaba tanto tiempo con ellos.

        Ximena les respondió con la verdad, diciendo que en el lugar hallaba una paz y una plenitud que la conquistaban.

        Fue entonces cuando las mujeres le comunicaron el deseo de los ancestros de que ella se integrase en la cultura del pueblo.

        Ella era huinca, blanca, pero, a pesar de ello, los ancestros la aceptaban, deseaban que conociera lo secretos del pueblo huilliche, lo cual, es ciertamente poco habitual, pues, son pocos blancos, los que acceden a tales misterios.

         Por fin entendió la sensación de sentirse en casa cuando compartía con los indígenas.

         Se le iba a preparar para ser Machi.

         Era blanca, pero dispondría del conocimiento de las Machis.

         ¿Qué es una Machi? Es la mujer enviada al pueblo por los ancestros. Es la encargada de valorar las virtudes y propiedades de las plantas y flores del entorno, es la mujer sagrada de un pueblo antiguo enraizado en la tierra, que vive de ella y con ella, que la respeta, la ama, y se siente parte de la Madre contenedora.

         Quedan muy pocas Machis. Apenas unas cuantas. Ximena lo es, aún siendo blanca.

         Por lo mismo se siente vinculada a la tierra, a sus plantas y flores, a su alquimia.

         Las mujeres del pueblo le preparaban brebajes que les producían fuertes conmociones internas, que regalaban visiones.

         En sus visiones, las plantas, los árboles, el mundo vegetal del sur de Chile se le revelaba vivo, comunicativo.

         Los árboles y plantas, sus flores, hablaban, para revelarle sus secretos, las propiedades curativas que poseían.

         El bosque cobraba vida, y ella hablaba con el bosque, lo entendía, palpaba su latido y el amor que desprendía queriendo ofrecer salud a hombres y mujeres.

          Machi.

          La secreta tradición.

          El Ñguillatun.

          La ceremonia sagrada que se realiza para agradecer a los ancestros y a la Madre tierra por sus bondades y sus cosechas, para pedir lluvia y fertilidad.

           Las plantas y los árboles le hablaron siendo muy joven.

           Tanto las unas como los otros, ofrecen su flores según las estaciones.

           Las voces, las visiones producidas por los fuertes brebajes que ingirió, se quedarían para siempre en su vida.

           Con el correr del tiempo, con el paso de los años, el conocimiento desvelado, le serviría para producir esencias con poder para sanar a hombres y mujeres aquejados de diversas enfermedades.

           La Machi, forma parte del trío de poder del pueblo huilliche.

           Está el Cacique, que funciona como lo haría un intendente.

           Está el Lonco, que es la cabeza visible del pueblo, que hace las veces de alcalde.

           Y está la Machi, la mujer sagrada que conoce la voz de la naturaleza y utiliza su conocimiento sanando a los que sufren, enviada y bendecida por los ancestros.

           Apenas quedan machis, apenas quedan chamanes.

           La raza se alejó hace tiempo de la naturaleza, la quebrantó expoliándola rompiendo y despreciando el contacto con lo sagrado.

          Pero se necesitan machis, y chamanes, para que la tierra recobre su equilibrio. Para que los hombres y mujeres que de ella se sustentan, sean bendecidos, sostenidos, mimados por la Madre contenedora. 

           Las Flores del Sur del Mundo, cincuenta y tres esencias sanadoras. En buena medida, el legado de los ancestros, un regalo de amor y salud de aquellos que habitaron una tierra generosa y espléndida, de donde hoy, sus descendientes, son poco menos que expulsados y marginados.Las Flores del Sur del Mundo, extraídas de unas plantas y unos árboles que hablaron con la Machi blanca, con la Machi huinca, con la hermana Ximena, para que el conocimiento sobreviviese y no se perdiera en el marasmo de la modernidad decadente.